Estudio sobre la SGI

Una odisea personal a través de la SGI: Italia

Por Howard Hunter


"Todos los caminos conducen a Roma". No podía hacer otra cosa que pensar en este conocido refrán al concluir mis visitas a los centros de la SGI, de la India, el Reino Unido, México e Italia. Había llegado a sentir una gran estima por las excelentes comunidades de la SGI en Nueva Delhi, Bombay, Bangalore, Londres, Ciudad de México, Turín y Florencia, y por los miembros de Latina, Siena y Bhubaneswar. Fue en mi destino final de Italia, Roma, donde encontré la expresión más pura de la mutifacética realidad de la actual SGI fuera del Japón.

¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que, en Roma, experimenté todos los aspectos positivos de los demás grupos de la SGI que visité en Italia: una vibrante comunidad de personas talentosas, un propósito muy bien definido, un marcado liderazgo de ciudadanos italianos y miembros generosos, comprometidos y responsables. Sin embargo, antes de hablar de Roma, permítanme expresar unas palabras sobre Turín y Florencia.

Mis visitas por Italia comenzaron en la región de Piamonte, al norte del país, en la hermosa ciudad de Turín, donde los líderes de la SGI prepararon diferentes reuniones para miembros y no miembros; asistió a uno de esos encuentros un renombrado católico romano experto en las nuevas religiones de Italia. El profesor Massimo Intravigne me dio la bienvenida en su hogar y en su biblioteca especializada en religiones contemporáneas de todo el mundo. El profesor me informó que su investigación sobre la Soka Gakkai Internacional de Italia lo llevó a la conclusión de que era una organización sumamente compenetrada en la corriente principal de la sociedad italiana. Él ve a la SGI de Italia como una organización que convoca a un sector representativo del país y que puede trabajar eficazmente dentro de esta cultura para presentar y difundir su mensaje.

Me pareció especialmente importante saber, a través del profesor Intravigne, que había 50.000 budistas en Italia, 17.000 de los cuales son miembros de la SGI. También me pareció un verdadero testimonio de la fuerza que posee esa organización que un intelectual opinara que la SGI tiene una excelente oportunidad de contribuir significativamente con la corriente principal de la vida y el pensamiento italiano.

Una tarde, los miembros de la SGI, de Turín, mostraron un vídeo sobre un reciente festival cultural que resaltaba el talento de los integrantes de la SGI de esa área. Todo el programa, presentado ante espectadores de pie, fue preparado gracias a los esfuerzos voluntarios de los miembros. No solo el público estaba entusiasmado; a los miembros también les pareció una experiencia muy alentadora. El festival fue un buen ejemplo de la manera en que la SGI alienta la expresión artística. En la música, el canto, la danza, los actos dramáticos y cómicos, el escenario, el diseño del decorado, así como en muchas otras formas, los miembros expresaban una alegría inconfundible. Varios de ellos me dijeron que la participación en esos eventos era una parte significativa y magnífica de ser integrante de la SGI. Estos festivales también atraen la atención hacia la SGI en las comunidades donde se realizan.

Mi impresión de Turín fue tan positiva que no podía imaginar algo igual en ninguna otra parte. Pero estaba equivocado. En Florencia, nuevamente, escuché respuestas de miembros que revelaban, de manera similar, la dedicación que compartían hacia la religión, la filosofía y las actividades sociales de la SGI. Hablé con miembros de un amplio espectro de la sociedad italiana, quienes, en forma individual y en grupos, contaron acerca de la manera en que su participación en la SGI contribuye con su bienestar. En entrevistas que en ocasiones fueron intensamente conmovedoras, aprendí cómo la SGI les había brindado a muchos miembros métodos prácticos para enfrentar las dificultades de la vida de manera positiva y fructífera.

Un miembro de una distinguida familia florentina describió los cambios que se operaron en la relación con su padre después de varios años de práctica. Él contó de qué manera, cuando su padre estaba enfrentando una seria enfermedad y posteriormente, otra terminal, las enseñanzas del budismo que practica la SGI lo llevaron a él y a su padre a compartir sus ideas acerca de la vida y de su relación que culminaron en un profundo sentimiento de aceptación y reconciliación. El recuerdo de la profundidad del testimonio de este miembro quedará conmigo por siempre. Otro miembro de una parte completamente diferente de la sociedad florentina comentó con sencillez sobre sus problemas con el abuso de sustancias y cómo pudo superar su adicción mediante la práctica de la filosofía de la SGI y su participación en esa comunidad, donde recibe un gran apoyo. Muchos otros hablaron sobre el importante lugar que ocupa la SGI de Florencia en sus vidas. Algo muy valioso y significativo para sus actividades es su sede central, situada en una villa que ha sido bellamente restaurada por los miembros de la SGI.

Mientras me encontraba en Florencia, tuve el privilegio de conocer a dos miembros del cuerpo docente de la Universidad de Florencia, expertos en el estudio de grupos sociales en Italia. Uno de ellos se había familiarizado con la SGI hacía varios años y todavía estaba muy interesado en la organización como tema de investigación académica. Aunque era reservado para expresar sus opiniones, él señaló que tenía cierta dificultad para identificar los aspectos específicamente religiosos de la SGI. Parecía equiparar las actividades religiosas con las prácticas más fervientes y contemplativas con las que estaba familiarizado, y no con el activismo y el compromiso práctico que él consideraba eran los rasgos característicos de la SGI. Difícilmente uno podría marcharse de la SGI, de Florencia y de la cercana Siena, sin sentirse asombrado por la gran cantidad de estudiantes que hay entre los miembros de la SGI. Ellos no solo proporcionan energía y vitalidad a la organización, sino que también brindan una razón para creer que la SGI está construyendo una sólida base para el futuro.

Luego viajé a Roma, donde terminé mi visita a la SGI de Italia con un broche de oro. Allí, también, tuve la oportunidad de realizar entrevistas a gran cantidad de personas y grupos. Las reuniones con los pioneros de la SGI, de Roma, me hicieron recordar que, en un corto período de 30 años, la enseñanza y la práctica de la SGI se habían desarrollado a partir de dos personas, un japonés muy competente que llegó a Roma sin conexiones y una doctora que es sumamente admirada por los miembros locales. Juntas, estas dedicadas personas crearon la organización de la SGI en Roma y siguen siendo figuras muy importantes allí.

En Roma, tuve una experiencia que no había vivido en ninguna otra parte durante mis visitas. Antes de comenzar mis viajes por Italia, me preguntaron si deseaba reunirme con un grupo de miembros homosexuales que se había formado hacía poco dentro de la organización. Yo respondí que, por supuesto, me haría feliz hacerlo, de modo que consideré un privilegio poder dialogar con esas personas acerca de sus preocupaciones personales más profundas. Cuando me reuní con los integrantes de ese grupo, de inmediato supe que varios de ellos habían experimentado el rechazo, el alejamiento y una profunda duda sobre sí mismos. Naturalmente, no todos estos miembros han experimentado ese sentimiento de desesperación, pero todos ellos habían sufrido de una manera u otra. De modo unánime, aseveraron que fue gracias a la SGI y a su enseñanza de autoaceptación, autocomprensión y de la dignidad única de cada persona que pudieron ver su vida desde una óptica más positiva. Ellos pudieron poner en perspectiva la preocupación por su sexualidad y evitar inquietarse por ella. Fue verdaderamente conmovedor escuchar esos testimonios. También fue alentador oír a los miembros en general manifestando su fuerte apoyo a este grupo.

En Roma, los líderes me prepararon una reunión con intelectuales académicos que están familiarizados con las nuevas religiones en Italia, especialmente la SGI. Al igual que el profesor Intravigne, estos intelectuales consideran a la SGI como parte integral del orden social italiano. Sus valores son compatibles con el énfasis humanístico que se encuentra en las enseñanzas de importantes instituciones sociales de Italia. Un aspecto característico del budismo que practica la SGI es su énfasis en buscar la fuente de capacidad en la vida y las acciones dentro del aspecto divino que reside en uno, en el yo. A través de mis visitas a varios países, fue muy interesante para mí plantearles a los miembros esta pregunta acerca de la fuente de capacidad de la vida. En casi todos los casos, la respuesta fue la misma: "la fuente de mi capacidad reside en la naturaleza de Buda que se encuentra dentro de mí mismo".

Una de las características de los jóvenes a los que entrevisté en Roma fue la frecuencia con que expresaron una perturbadora sensación de alienación. Algunos se sentían alejados de las tradicionales instituciones religiosas que, con frecuencia, no los satisfacían, pues veían discrepancias entre los ideales y las prácticas reales de estas instituciones y sus líderes. Algunos se mantenían alejados debido al sistema político que, sentían, era corrupto y no respondía a las necesidades humanas. Si bien tales expresiones difícilmente pueden ser consideradas exclusivas de la juventud italiana, la frecuencia con que expresaron ese alejamiento fue notable. Esto se relacionaba, en especial, con las actitudes que tenían hacia sus padres, a los que frecuentemente describían como demasiado autoritarios y carentes de una sensibilidad y comprensión hacia sus problemas. Asimismo, en ninguna otra parte de mis visitas a la India, Inglaterra y México escuché tantas referencias a los problemas que los jóvenes estaban teniendo en el área de las relaciones personales y de pareja. Los jóvenes parecían haber abandonado los antiguos patrones de conducta y las normas de decoro, y como consecuencia, la falta de valores claramente establecidos y aceptados dejaba a muchos de estos jóvenes confundidos y perplejos.

Mis visitas a la SGI de Italia confirmaron la impresión que había obtenido a través de mis viajes a otros países: que la SGI tiene una gran cantidad de miembros estudiantes; que los líderes y miembros de la SGI pertenecen a la sociedad local, aunque los pioneros y líderes japoneses son respetados y apreciados; que los grupos de la SGI tienen una marcada apertura y compromiso dentro de sus respectivas sociedades; y que hay libertad de movimiento tanto dentro como fuera de las organizaciones de la SGI. Existe un diálogo progresivo en las comunidades de la SGI acerca de la forma más apropiada que debe adoptar la organización y los métodos más eficaces para presentar la filosofía y práctica de la SGI. Mi visita a Italia fue un punto culminante para esta serie inicial de visitas a la SGI a nivel global. No siento más que admiración por los miembros de la SGI a quienes he conocido, y tengo la convicción de que la SGI es un movimiento religioso con un brillante futuro en el ámbito internacional.

El doctor Howard Hunter es presidente emérito del Departamento de Religión de la Universidad de Tufts, en los Estados Unidos. Ha escrito ampliamente sobre el rol social de las creencias religiosas. Este artículo fue publicado en la revista SGI Quarterly.

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