Por Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai
8 de septiembre de 1957
Me gustaría compartir con ustedes lo que yo espero consideren la más importante de mis instrucciones para el futuro.
Como he venido diciendo desde hace mucho, la responsabilidad de la era por venir debe ser asumida por los jóvenes. Hoy quisiera afirmar, con total claridad, mis sentimientos y mi actitud con respecto a las pruebas de armas nucleares, un tema que toda la sociedad ha estado debatiendo acaloradamente en la actualidad. Espero que, como mis discípulos, hereden la declaración que estoy por hacer hoy y que, empleando el máximo de sus capacidades, propaguen su intención por todo el mundo.
Aunque en el mundo entero ha surgido un movimiento que está haciendo un llamado para la prohibición de las pruebas con armas atómicas o nucleares, es mi deseo adelantarme y atacar el problema en su raíz. Quiero dejar al descubierto –y arrancar– las garras que yacen escondidas en las profundidades mismas de este tipo de armamento. Deseo declarar que cualquier persona que se aventure al uso de armas nucleares, sea cual fuere su nacionalidad, o sea que su país haya resultado victorioso o derrotado, debe ser sentenciado a muerte sin excepción.
¿Por qué digo esto? Porque nosotros, los ciudadanos del mundo, tenemos un derecho inviolable a la vida. Cualquier persona que ponga en riesgo este derecho es un diablo encarnado, un demonio, un monstruo. Propongo que la humanidad aplique, en cada caso, la pena de muerte a cualquiera que sea responsable del uso de armas nucleares, aun cuando esa persona pertenezca al lado vencedor.
Incluso si un país llegara a conquistar el mundo mediante el uso de armas nucleares, los conquistadores deben ser vistos como demonios o diablos encarnados. Creo que diseminar esta idea por todo el globo, es la misión de cada miembro de la división juvenil en el Japón.