
El 3 de abril, una delegación de la Federación Nacional de Jóvenes de la China (ACYF, por sus siglas en inglés), encabezada por Zhang Xuejun, vicepresidente de la Comisión de Trabajo por los Niños, visitó la ciudad de Hiroshima, que este año conmemora el 60º aniversario del bombardeo atómico (6 de agosto de 1945). Los delegados de la ACYF y los representantes japoneses de la División de Jóvenes de la Soka Gakkai ofrecieron flores al monumento dedicado a las víctimas de la bomba atómica, en el Parque Memorial de la Paz de Hiroshima. Luego, la delegación visitó el Centro de la Paz de la Soka Gakkai de Hiroshima y se reunió con los representantes de la División de Jóvenes de la Soka Gakkai de Hiroshima, Nagasaki y Okinawa. Los jóvenes de la Soka Gakkai leyeron informes sobre las actividades por la paz realizadas en sus respectivas áreas. El vicesecretario general de la Federación de Jóvenes de la Provincia de Jiangsu, Liu Canming, afirmó que la historia sirve como lección para la sabiduría humana y dijo que, si los participantes reflexionan correctamente sobre la historia, podrán fortalecer los intercambios y los lazos entre China y Japón y contribuir a la paz del mundo. El señor Zhang enfatizó la importancia de que cada persona emprenda acciones como miembro del "pueblo global" y expresó su deseo de construir un camino de paz mediante los intercambios basado en el diálogo y en la educación justa. El presidente del Comité de Jóvenes de la Soka Gakkai por la Paz, Kimiaki Kawai, expresó su decisión de continuar desarrollando intercambios de corazón a corazón entre los jóvenes en bien de una amistad duradera entre China y Japón.

Los habitantes de Hiroshima y Nagasaki no podrán jamás olvidar los horrores de las bombas atómicas. El pueblo de Okinawa recordará por siempre la Batalla de Okinawa y los despiadados disparos de la "Tormenta de hierro" en las espaldas de víctimas inocentes. Del mismo modo, es lógico que el pueblo chino no pueda jamás olvidar las atroces crueldades perpetradas por el Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra mundial. Los jóvenes chinos y japoneses lograron afirmar, en forma mutua, que mirar hacia el futuro no significa eludir la verdad, sino aprender de nuestro doloroso pasado para poder crear juntos la paz genuina.