Marco Della Fonte, Florencia, Italia

Antes de comenzar a practicar el budismo, en 1983, fui arrestado en dos oportunidades por la policía italiana porque pertenecía a un grupo comunista revolucionario clandestino, que eligió adoptar la lucha armada y la violencia como único camino para transformar la sociedad. Yo quería cambiar Italia y pensaba que una guerra revolucionaria sería una solución rápida para los problemas sociales.
Ese grupo estaba vinculado con otras organizaciones similares en Europa, tales como el IRA y la ETA. Aunque yo era muy joven, había abrazado completamente los ideales y valores del grupo, y me había convertido en una persona violenta y peligrosa.
Después de nuestro arresto, sentí una gran sensación de vacío, debido a la pérdida de tan importante pero terrible ideal. Entonces, un amigo me habló sobre el budismo de Nichiren y, después de seis meses de dudas, comencé a invocar, secretamente al comienzo, para no alarmar a mis padres.
Inmediatamente me sentí mucho más feliz y comencé a descubrir mi misericordia y humanismo. Pero les tenía miedo a otras personas y quería estar solo.
Después de un año, me nombraron responsable de un grupo local de la SGI de Italia. Este grupo solo tenía seis personas, pero debido a mi timidez y a mi falta de experiencia, me resultó muy difícil alentarlos en su práctica. Al mismo tiempo, mi vida personal se había estancado. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida, qué trabajo deseaba tener. Estaba muy inquieto por mi futuro.
En dos reuniones consecutivas de nuestro grupo, no llegó nadie, y comprendí que mi vida era muy pequeña -ni siquiera podía lograr convocar a unas pocas personas-. A partir de allí me di cuenta de que, para cambiar mi destino, tenía que hacer algo por los demás.
Traté de hablarle sinceramente acerca del budismo a una de mis amigas. Pocos días después, ella decidió asistir a la reunión de nuestro grupo y trajo a ocho personas. Imagínense, ¡esta persona tímida frente a ocho personas, todas escuchando atentamente lo que yo tenía para decirles!
Sin embargo, todas ellas comenzaron a practicar el budismo y vieron los resultados, y en el transcurso del año mi grupo contaba con 65 personas. Finalmente, me puse el objetivo de concretar 100 personas.
Un aspecto importante del budismo es la noción de abrir nuestra vida a los demás. Gracias a esa dedicación hacia las otras personas, mi propia vida comenzó a resplandecer y a definirse con mayor claridad. Entonces, comprendí exactamente lo que quería hacer: Decidí convertirme en director de cine y dar esperanza, sentido y significado a los demás a través de mis películas. Después de todo, la fe en el budismo significa hacer posible lo imposible.
Luego de esforzarme en varios trabajos, noté que, mientras más florecía mi práctica budista, más oportunidades surgían para hacer realidad mi sueño.
Pronto comencé a trabajar en películas en Milán. Después de estar en una compañía productora de comerciales, empecé a dirigir vídeos musicales. Dirigí vídeos para más de 70 bandas italianas y extranjeras y, en 1996, gané un premio de MTV. También obtuve premios en los festivales de Venecia y Florencia. En 2001, un comercial que dirigí fue seleccionado para el Festival de Comerciales de Cannes. De manera que ahora, finalmente, puedo crear mi propia película, y estoy trabajando en dos de esos proyectos en Londres.
Hoy comprendo que vivir como budista y decir "soy budista" son dos cosas muy diferentes. Tengo el firme deseo de hacer algo por los demás. Sin esta "acción" yo soy infeliz, y el propósito de mi vida se aleja y se hace confusa.
Ayudar a los demás también es la única manera de cambiar de una "ideología de guerra" a una era de paz. Ahora la gente quiere escuchar acerca de la paz y el humanismo, pero los medios de comunicación apoyan la cultura de la violencia. Y no quiero seguir con eso. Hablo con las personas todos los días y las aliento a tener esperanza. Quiero demostrar que es posible que todos sean felices y concreten sus sueños, así como alcanzar mi gran sueño: tener mi propia familia.
En la SGI, siento que he descubierto la "verdadera" revolución, una revolución que comienza conmigo, al ver primero mi propia vida y al convertirme luego en un protagonista que contribuye con el cambio del mundo.
[Cotesía de la revista SGI Quarterly, edición enero de 2002]