Asha Gupta, India

Todavía me resulta difícil hablar acerca de esa mañana de 1971, cuando el psicólogo me dijo que mi hijo de cuatro años era mentalmente discapacitado. Desolada por el diagnóstico, caí en una profunda depresión. Estaba hecha añicos. Sentía que la vida había terminado para todos nosotros. No había felicidad, no había esperanzas, y todo estaba al revés. En lugar de cuidar de mi hijo, era yo la que necesitaba cuidados, y me llevó dos años de medicación y de apoyo por parte de mi esposo y de mi familia para comprender que la vida tenía que continuar.
Entonces, comenzó la larga búsqueda de una escuela para Nikesh. Me llevó meses encontrar el primer jardín de infantes que lo aceptara y luego una escuela integrada que tuviera un pequeño rincón para estos niños. Pero yo sabía que mi hijo necesitaba algo más especializado. Nikesh parecía estar perdiendo interés, y yo sentía que, si pudiese estar en la escuela con él, habría una diferencia y además podría ayudar a los otros niños. De manera que trabajé como voluntaria para ayudarlo en su escuela. Basada en mis propios antecedentes psicológicos, también me matriculé en un curso de educación especial. Esto me dio nuevas ideas y percepciones y, lo más importante, la motivación para comenzar algo por mí misma.
En julio de 1983, di el paso decisivo. Cuando se reabrieron las escuelas después de las vacaciones de verano, mi escuelita se inauguró en el estudio de nuestra casa, en Nueva Delhi, con apenas un profesor y dos alumnos -Nikesh, quien entonces tenía 11 años, y su amigo Shailander-. Dos meses después, se matricularon más niños. Todos ellos son muy especiales y cada uno de los que se inscribía implicaba otro desafío, y yo hacía esto más como madre que como profesora, para satisfacer las necesidades de mi hijo y de los demás niños como él. Pronto, la cantidad de alumnos se incrementó hasta llegar a 13, y era obvio que, si la escuela iba a crecer, necesitaría más espacio y fondos. Pero como yo no tenía contactos, ni mucha experiencia, ni recursos, no sabía por dónde comenzar.
Justo cuando me sentía angustiada por el futuro, un forastero me invitó a una reunión de la Bharat Soka Gakkai (SGI de la India). El año 1983 fue muy especial para mi vida. Inauguré mi escuela y abracé la fe en el budismo de Nichiren. Y a partir de allí, fue como si los poderes místicos se hubiesen reunido ante mí y me dijeran: "Asha, pídenos lo que quieras". Hasta entonces, yo sólo contaba con el apoyo de los padres. Después, siempre había alguien que me guiara, que me orientara, que me ayudara. En el transcurso del mes siguiente, la escuela quedó formalmente registrada. El valor del terreno se había reducido al 10 por ciento del costo original, y se acercaron a mí personas totalmente extrañas con ofertas de ayuda.
En la actualidad, el Instituto Navjyoti tiene 60 estudiantes. Hasta los 18 años, los alumnos siguen un programa de educación especial, a través del cual se capacitan en tejidos, sastrería y otras habilidades. Sus productos se comercializan, y los ingresos se comparten entre los estudiantes. Por muy pequeñas que puedan ser las cantidades, esto les da significado a sus vidas y esperanza a sus padres. Y, a los 30 años, cuando salen, se hacen todos los esfuerzos para encontrarles un puesto de trabajo. Nikesh, por ejemplo, trabaja como entrenador asistente en la escuela, mientras que Sugandha, de 22 años, está enseñando bordado en un proyecto educativo rural.

Mi práctica budista me ha ayudado a crecer y avanzar superando todos estos desafíos. De ser una simple ama de casa que apenas podía manejar su familia, ahora encabezo una organización. Me siento más joven y más creativa; y no existe ninguna situación que no pueda enfrentar, por más negativa que pueda parecer, ni ningún desafío que no pueda superar.
Ahora sueño con cuidar de estos niños durante toda mi vida, porque, como padres, nos preocupamos constantemente por lo que les suceda a nuestros hijos después. Por supuesto que será una lucha, pero es una lucha que estoy esperando enfrentar.
[Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición julio de 2003]