Budismo en acción

Mi segundo hogar

Tieng Kha, Francia

Tuve una infancia feliz. Yo vivía en una gran casa en Phnom Penh rodeado de una numerosa familia. Cuando estalló la guerra en 1970, yo tenía 10 años.


Frente al creciente peligro, mis padres decidieron enviar a dos de nosotros a Francia, donde vivían un tío y una tía abuela. Eligieron a mi hermana mayor y a uno de mis hermanos. Justo antes de su partida, se decidió que yo iría en lugar de mi hermana, debido a que su salud era demasiado frágil.


Un mes después de nuestra llegada a Francia, en 1975, los Khmer Rojos tomaron el poder en Camboya. El país cayó en el horror y se mantuvo completamente aislado del mundo exterior por varios años. Este fue un golpe terrible para nosotros, debido a que la separación del lado de nuestros padres se hacía interminable.


Durante un año vivimos en París con mi tío. Mientras estudiábamos francés en clases nocturnas, debíamos trabajar para sobrevivir, pero esto era ilegal debido a nuestra edad.


Una asociación francés-camboyana colocó a mi hermano en una familia, por lo cual pudo continuar sus estudios. En cuanto a mí, después de tres años de estudios y aprendizaje en el campo de la electricidad, obtuve mi diploma profesional y la oportunidad de trabajar. Pero mi tío sentía que yo tenía la capacidad para estudiar más, y gracias a su aliento continué haciéndolo.


En los viajes que realizaba a diario hacia mi lugar de trabajo, noté a una sonriente joven asiática. Descubrí que ella era una camboyana expatriada como yo, y que practicaba el budismo de Nichiren. Ella me invitó a una reunión de la SGI donde me sorprendió ver a europeos hablando de budismo. Después, me sentí rebosante de alegría y esperanza, como si me hubiesen liberado de un peso que había estado presionándome desde que me había separado de mis padres.



Noticias por fin


Mi nueva amiga me dijo un día que había recibido noticias de su familia en Camboya y que ellos todavía estaban vivos. Me alentó a invocar para encontrar a mi familia. En febrero de 1980, cinco meses después de comenzar a practicar, recibí una carta de mi madre con noticias de que ella y mis demás hermanos y hermanas estaban en un campo para refugiados en Tailandia. Sentí una alegría increíble, pero también me enteré de que mi padre estaba perdido y de que mi hermana, la que debió venir a Francia, había muerto, así como el menor de mis hermanos.


Continué practicando el budismo y, a pesar de las dificultades, muchos sueños "imposibles" se hicieron realidad -pude volver a reunirme con mi familia en Francia, y encontramos un apartamento para vivir juntos-. Conseguí empleo en una empresa productora de televisión y, mientras tanto, seguí estudiando hasta obtener la maestría. Ahora trabajo como ingeniero audiovisual supervisando la grabación de los debates políticos en la Asamblea Nacional de Francia.


Pero no se trata de milagros, sino que, a través de mi práctica, he obtenido la energía, el coraje y la perseverancia necesarios para superar todas las dificultades que enfrenté.


Siempre busco la manera de ayudar a mi país. Visité Camboya en 1997 y me encontré con un amigo camboyano que hacía poco regresó desde Francia y que ha establecido un centro para huérfanos. Allí, les enseña la antigua tradición de los títeres de sombra. A mi retorno a Francia, decidí hacer algo para ayudarlos.


En 2000, dispusimos una gira del espectáculo de títeres de sombra en Francia. El público, conformado por franceses y camboyanos, quedó embelesado, y este año los niños realizarán otra gira.


En 2002, se inauguró un centro de la SGI en Phnom Penh. Tuve la posibilidad de asistir a la inauguración y pude ver la "Exposición de Arte Infantil del Mundo" de la SGI, realizada en conjunto con la Unesco, y pude también recibir a 4.000 niños camboyanos que llegaron para crear sus propias pinturas. Siento que mi vida florece cada vez que hago algo por los niños de este país de Asia.


Hoy me siento muy orgulloso de haber experimentado lo que significa ser inmigrante en Francia. Aprendí mucho acerca de la cultura europea y he elegido sus mejores aspectos para complementarlos con mis propias raíces asiáticas. He creado mi propia personalidad sin ser dominado por una cultura o la otra, y realmente siento que soy un ciudadano del mundo.


[Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición octubre de 2003]

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