Mindy Milam, Nueva Orleans, EE.UU.
Sé que nacer como humano significa que a veces debemos sufrir, pero nada podría haberme preparado para ver mi vida, tal como la conozco, arrasada repentina y literalmente tras el paso del huracán Katrina en Nueva Orleans en octubre de 2005. Mi socia y yo perdimos nuestra casa y casi todas nuestras pertenencias, el auto de ella, una propiedad arrendada y mi negocio.
Este ha sido el pesar más profundo de toda mi existencia. Me resulta imposible describir en palabras lo que sentí al ver nuestra casa sumergida durante varias semanas bajo cinco pies de agua de mar, de aguas servidas, aceite de motor y otras toxinas; fue terrible lo que sentí al analizar el valor de las pertenencias acumuladas durante toda mi existencia ahora cubiertas de cieno; al tener que ponerlas en la acera de mi casa como basura, y luego observar cómo un montacargas las colocaba en la parte trasera de un gran camión para ser destruidas.

El budismo habla acerca del concepto de "transformar veneno en medicina". Cuando la tormenta y la inundación se calmaron, decidí que esta experiencia sería mi oportunidad para hacer justamente eso.
Encontré, en Los escritos Nichiren Daishonin, un pasaje que dice: "El oro no puede ser quemado por el fuego, ni corroído o arrastrado por las aguas, pero el hierro es vulnerable a ambos. El sabio es como el oro, el necio es como el hierro [...] El sutra dice: ‘[...] La buena fortuna que obtiene de esa manera [...] no puede ser quemada por el fuego o arrastrada por las aguas'". Coloqué en mi altar budista este pasaje y un aliento que habíamos recibido del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, respecto del huracán, y los leía con mucha frecuencia.
El esfuerzo por llegar a ser una persona de "oro" ha sido una lucha diaria. En los últimos dos meses, hemos vivido en cuatro lugares, y estamos esperando el remolque que nos prestará el gobierno para colocarlo en nuestro patio delantero y que será nuestro hogar mientras emprendemos el proceso de reconstrucción.
Cuando predominan los aspectos negativos de mi vida y me hundo en el mundo de la desesperación y la desesperanza, me recuerdo a mí misma que el estado de Budeidad -el aspecto positivo e impertérrito de nuestra vida- todavía existe dentro de mí e invoco para manifestarlo. A veces, se da una lucha segundo a segundo entre la parte de mí que quiere darse por vencida, porque la vida es tan difícil en este momento, y esa otra parte que no se deja detener ni derrotar.
Me siento alentada por lo que Nichiren escribió acerca de la felicidad: "Sufra lo que tenga que sufrir, goce lo que tenga que gozar. Considere el sufrimiento y la alegría como hechos de la vida y continúe entonando Nam-myoho-renge-kyo, pase lo que pase". Esa fortaleza, dice él, hará posible que experimentemos "la alegría ilimitada que proviene de la Ley".

El budismo que practico asegura que mi sufrimiento llegará a ser una oportunidad para que mi vida sea mejor aún de lo que fue antes de esta catástrofe, si es que tengo el deseo de ser perseverante en mis esfuerzos.
A través de esta experiencia, he entonado para que mi fuerza vital y mi sabiduría me permitan sacar lo mejor de esta situación, centrada en la mejor manera de utilizar mis capacidades y mi experiencia como trabajadora social clínica licenciada, para ayudar a las personas que están reconstruyendo la ciudad. Actualmente, trabajo por contrato para brindar asesoramiento sobre el manejo del estrés y apoyo al personal de la Agencia Federal de Administración de Emergencias. También estoy reconstruyendo mi propia práctica privada en asesoramiento.
Tengo convicción en la esperanza. Creo en mi potencial ilimitado y estoy decidida a continuar utilizando esta práctica para ayudar a restablecer mi vida, la vida de quienes me rodean y toda mi comunidad. Recuerdo el ejemplo de quienes se han mantenido fuertes aun en medio de las circunstancias más difíciles y más exigentes, y tengo la confianza de que puedo lograr cosas en mi vida en medio de todo este sufrimiento y esta destrucción. Siento una profunda gratitud hacia todas aquellas personas que me han apoyado de diversas maneras. Quiero ser, para los demás, un ejemplo de persona que jamás se rinde. ¡Nunca me daré por vencida!
[Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición enero de 2006]