Budismo en acción

Todo en el mar

Peter Morris, Reino Unido

Nací en Birmingham, situada en la zona central de Inglaterra, un lugar tan alejado del mar como puede estarlo una ciudad en una pequeña isla. Sin embargo, y a pesar de este hecho, siempre me fascinó todo lo relacionado con el mar.


Cuando tenía 16 años, nos mudamos a la costa sudoeste de Inglaterra, y por primera vez tuve el mar en mi puerta. Ingresé al club de buceo. Dos de los miembros eran hermanos gemelos que habían sido aceptados para estudiar biología marina en una universidad de Gales del Norte. Recuerdo que pensé que, si había algo que más deseaba en el mundo era ir a una universidad de dicha región para estudiar esa misma carrera.



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Pero ese era un sueño imposible. Se necesitaban tres calificaciones de nivel "A" para ingresar a una universidad del Reino Unido, y yo había abandonado la escuela sin siquiera una calificación de nivel "O", que era la más baja. Mis profesores me consideraban un tonto. Al año siguiente, nos mudamos a Brighton, y tuve la buena fortuna de conseguir trabajo en el Acuario de Brighton. Allí conocí a un hombre que acababa de iniciar su propio negocio de importación de peces de arrecifes de coral al Reino Unido. Me ofreció un empleo y también me presentó al conductor de su camioneta, quien me habló sobre el budismo de Nichiren. Aunque yo pensaba que sonaba demasiado bueno para ser cierto, probé entonar "Nam-myoho-renge-kyo" y pronto obtuve la prueba de su eficacia.


Entonces, después de un año de recoger peces de coral en las Indias Occidentales, un trágico naufragio hizo que tuviera que comenzar todo de nuevo. Me mudé a Londres. El problema era que allí no había mar y, por 1972, tampoco había acuarios, de modo que pasé cinco años trabajando como salvavidas en una piscina; no era infeliz, pero tampoco me sentía realizado. Siguiendo el consejo de un amigo budista con más experiencia, comencé a orar para encontrar la "respuesta" para mi vida, y pronto comprendí que era trabajar con el mar. Ahora, el interrogante era de qué manera hacerlo.


Otro amigo me alentó a presentar mi solicitud para estudiar biología marina en Gales del Norte. Sentí que no tenía nada que perder, así que me inscribí y me sorprendí al saber que esta universidad tenía un año intermedio para personas que tenían dos calificativos del nivel "A", es decir, que les faltaba uno. Ellos nunca antes habían tenido a nadie que le faltaran los tres, ¡pero me aceptaron! En octubre de 1978, a los 26 años de edad, comencé mis estudios universitarios. Fue uno de los momentos de mayor orgullo en mi vida. Me gradué en biología y botánica marina en 1982.


Como era impulsivo por naturaleza, poco después, en una reunión budista, me levanté y manifesté mi decisión de trabajar como biólogo marino en Londres. Pero el problema era que allí no había mar, ni tampoco acuarios.


Me presenté a 50 puestos de trabajo y terminé en una cafetería, pero nunca abandoné mi sueño y me esforcé por convertirme en el mejor trabajador de cafetería del mundo. En marzo de 1985, vi un aviso de trabajo que decía: "Real Jardín Botánico de Kew [Londres] desea desarrollar una colección de plantas marinas vivas".


Doscientas personas solicitaron el puesto de biólogo marino para Kew, pero yo sabía que ese trabajo era para mí. Comencé a trabajar en junio de 1985. El curador interino me dijo: "Queremos una exposición de algas marinas vivas, no tenemos idea de qué manera hacerlo, y la mayoría de los expertos en estas plantas acuáticas dicen que no se puede realizar, de manera que comienza de una vez". Me dieron total libertad.



 El trabajo ideal



Diseñé un acuario que representaba importantes ambientes basados en plantas de mares templados y tropicales. Tenemos muestras de arrecifes coralinos, manglares, costas rocosas, bosques de algas marinas, charcas marinas, praderas submarinas de fanerógamas y de mar abierto. Son todas muy pequeñas pero exhiben las plantas y los animales que vivirían allí de manera natural. También poseemos una muestra de fitoplancton en tres dimensiones que presenta las plantas microscópicas del mar, que son increíblemente importantes porque proporcionan el 50 por ciento del oxígeno de la Tierra.


La muestra marina de Kew recibe a numerosos visitantes, quienes disfrutan de ella de muchas maneras y se asombran con las maravillas del mundo marino, y también recibe a escuelas que enseñan ecología costera, y a científicos que realizan trabajos de investigación.


Desde el comienzo, mi objetivo principal fue que la muestra marina llevara alegría y admiración a la vida de las personas. Según las encuestas que se realizan a los visitantes de Kew, parece que ha resultado así.


[Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición abril de 2006]

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