Budismo en acción

La lucha contra el karma

Tania Ferreira, Brasil

Comencé a practicar judo hace 18 años, cuando tenía 13 años. Había probado otros deportes, como el baloncesto y la gimnasia, pero no tenía un buen desempeño.


En 2000, me eligieron para representar al Brasil en las Olimpíadas de Sydney, donde terminé novena. Al año siguiente, en 2001, obtuve el séptimo puesto en el Campeonato Mundial de Judo de Munich.


Por esa época, conocí la lucha olímpica por medio de un amigo y decidí aceptar el reto. Aunque es diferente del judo, rápidamente alcancé un nivel de destreza que me permitió ganar el campeonato del Brasil en tres oportunidades.


Junto con este éxito, llegó la presión de las federaciones nacionales de ambos deportes para que eligiera entre el judo y la lucha. Los agotadores entrenamientos por sobresalir en ambos me habían provocado una lesión grave en una rodilla y otra en mis hombros. Mis esperanzas de competir en las Olimpíadas de Atenas de 2004 -donde se presentaría la lucha olímpica por primera vez- quedaron truncadas repentinamente y yo quedé deshecha.


Fue en esos momentos cuando empecé a practicar el budismo de Nichiren por recomendación de un amigo. Uno de los efectos de comenzar a practicar el budismo fue que pude tomar más conciencia sobre las tendencias negativas de mi vida y la manera en que estas saboteaban mi felicidad. Aunque sé que soy muy franca en mi comunicación con otras personas, ha habido ocasiones en que no podía entender por qué estaba atravesando momentos difíciles en mis relaciones con los demás. Nunca he tenido miedo de hablar en representación de los atletas, por ejemplo, con el fin de asegurar mejores condiciones para nosotros. Pero la tensión que esto creaba con mis entrenadores y otros delegados a menudo me dejaba una sensación de abatimiento y confusión.



Dominar la mente


Algo que me pareció sumamente fortalecedor en el budismo es la idea de que, basados en el principio de causa y efecto, somos los responsables, en última instancia, de cualquier circunstancia que estemos atravesando. Comprender esto me ha hecho mucho más consciente de mi actitud. Percibí que la causa fundamental de mi frustración se hallaba en la falta de sabiduría respecto de la manera en que enfocaba esas situaciones.


La idea de la responsabilidad personal también ayudó a darme una visión positiva para afrontar la desilusión de perder mi lugar en el equipo olímpico. Comprendo que tengo que vencer las circunstancias en las que me encuentro en este momento, y que puedo transformar cualquier derrota en la causa para vencer en el futuro. Esto ha fortalecido mi confianza.


La idea budista de ser "maestros de la propia mente en lugar de dejar que la mente lo domine a uno" se ha convertido en un principio que he comenzado a esforzarme por poner en práctica en mi vida diaria -en los deportes, así como en mis relaciones y en mi vida familiar-. Este cambio también se refleja en la actitud que manifiesto con quienes me rodean. Me he transformado en una persona que goza de la confianza de sus compañeros de equipo y de sus entrenadores, quienes ahora se acercan con frecuencia y buscan mi opinión o consejo. Al mismo tiempo, tengo un mayor sentido de responsabilidad hacia los demás y deseo utilizar mi experiencia para ayudar a los atletas más jóvenes.


El sentido de trabajar junto a los demás, el apoyo mutuo y la responsabilidad son valores que he aprendido dentro de mi grupo local de la SGI en Río, donde, en compañía de otras jóvenes, nos reunimos y dialogamos acerca de cómo podemos mejorar.


Si bien mi práctica budista fortalece mi convicción de que puedo triunfar, aun cuando no lo logre, ahora soy capaz de ver más claramente las causas de mi derrota y lo que necesito mejorar.


El budismo habla acerca del jubiloso sentido de misión que experimentan los bodhisattvas -seres que asumen la responsabilidad de mejorar la sociedad y lograr el bienestar de los demás-. Ahora tengo una mayor conciencia sobre mi propia misión como "bodhisattva del deporte", alguien que puede contribuir positivamente en el mundo deportivo.


[Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición julio de 2006]

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