Sam Greene, Estados Unidos

Practico el budismo con mi familia en Los Ángeles. Crecí en una casa grande, donde vivíamos una buena vida. Siempre fui fanática de los deportes, y comencé a tomar con seriedad el fútbol cuando tenía alrededor de 11 años.
Por esa época, mis padres se habían divorciado, y yo vivía en una casa mucho más pequeña. Mi mamá tenía que trabajar tiempo completo y la vida parecía muy difícil.
El fútbol fue una gran salida para mí. Los padres de mis amigos a menudo nos llevaban a los partidos mientras mi mamá trabajaba. Sin embargo, experimenté muchas situaciones que, en ese entonces, me parecían injustas. Algunas de las chicas de mi equipo de fútbol siempre tenían las zapatillas más modernas y caras, e incluso dos de ellas tenían un pequeño campo de juego en el patio de su casa. Para mi madre, conseguir todos los meses el dinero para los gastos de los torneos y las inscripciones era una verdadera lucha.
Mi madre no podía asistir a muchos de mis partidos porque trabajaba tiempo completo. Por esa época, mi vida se tornó realmente sombría cuando mi padre fue arrestado por un fraude tributario y enviado a prisión. Yo me enfurecí y me sentí muy confundida.
El entrenador de nuestro equipo, George, comenzó a entrenarme en forma privada -al igual que yo, su padre había ido a prisión cuando él estaba en la escuela secundaria-. Deposité toda mi fe en este preparador, y entonces lo despidieron. Yo me sentía desolada, pero seguí invocando para buscar una solución.
Mi mamá y yo encontramos un nuevo equipo a una hora y media de nuestro pueblo. Con la ayuda de muchos miembros de la SGI de nuestra comunidad que me llevaban voluntariamente hasta allí cuando mi mamá estaba trabajando, empecé a convertirme en una valiosa integrante del equipo.
El simple hecho de estar en este equipo ya parecía un milagro. Yo tenía por delante un arduo trabajo. Después de dejar en desventaja a mi equipo por una tarjeta roja, y sin poder jugar dos partidos cruciales de la liga, comprendí que necesitaba controlar mi ira. Mi madre me alentó contándome anécdotas acerca de Roberto Baggio, el gran jugador de fútbol italiano que es miembro de la SGI. Ella citó al presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, y a Nichiren para elevar mi autoestima y mi confianza.
Empecé a invocar daimoku antes de jugar los partidos y comencé a marcar una diferencia en mi equipo. Cuando entonaba antes de jugar, me sentía más confiada. Sé que me he esforzado al máximo y que nada me ha detenido para lograrlo. Siento que comprendo mejor a la gente y las situaciones, y que el humor del árbitro, las demás jugadoras o mi entrenador no me afecta ni me distrae.

Nuestro gran desafío fue el Campeonato Nacional. Mi equipo era desconocido, y yo sentía con frecuencia que era la desamparada del grupo, pero después de un arduo trabajo y, con el espíritu de nunca darme por vencida, ganamos el Campeonato Nacional en Florida en 2004. Aunque mi madre no pudo ir, todos los días se levantaba a las seis de la mañana para invocar a la misma hora que yo. Mi equipo también ganó el premio del Juego Limpio, y cada una de nosotras recibió una placa de reconocimiento especial del estado de California. Todas las integrantes de mi equipo saben que yo invoco y ahora incluso me alientan a hacerlo antes de patear un penal o de jugar un partido importante.
Hace poco, mi padre fue liberado de la cárcel y llegó a ver los partidos en los que yo jugué. Asimismo, pudo ayudar económicamente a mi madre. Esto generó un gran impacto en mi confianza y en mi técnica de juego.
El fútbol me ha enseñado el espíritu de equipo, a escuchar a los demás y a aceptar las diferencias. Me ha enseñado que nunca debo dejar de creer en mí. Tengo 16 años y me siento afortunada por tener una pasión, que siempre es una buena manera de no meterme en problemas, de viajar y de conocer nuevos lugares. Recientemente, me sorprendió que me nombraran Jugadora del Año de la Liga Ocean de fútbol femenino de California. Espero ingresar a una buena universidad, para un día jugar por mi país y convertirme en una profesora que contribuya con el mundo.
[Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición julio de 2006]