Chai Koh Pong, Malasia

Trabajé como ingeniero civil y director empresarial antes de comenzar mi propio negocio como promotor inmobiliario en 1985. Mi sueño era llegar a ser verdaderamente importante y rico en los negocios, como algunos empresarios a quienes tomé como modelos a seguir.
Pasaba cada minuto de mi vida consiguiendo más negocios y tratando de maximizar los beneficios. Era un mundo de mucha presión, egoísmo y codicia en el que siempre se intentaba ganar. Explotar al máximo a los demás era una práctica común, una aparente necesidad. Esa era mi idea de asegurar la felicidad en la vida.
Entonces, cuando la economía colapsó, algunos de mis modelos a seguir cayeron en serios problemas financieros y algunos incluso terminaron en la cárcel. Esto hizo añicos lo que yo pensaba sobre la seguridad y me dio una sensación de vacío. Sentí la necesidad de reflexionar sobre el rumbo de mi vida y los valores que había adoptado.
Comencé a leer sobre filosofía cuando, en 1986, un antiguo compañero de clases me habló sobre el budismo de Nichiren. Parecía que las enseñanzas de Nichiren coincidían con lo que yo había aprendido de los libros y cursos de motivación. Empecé a practicar y a entonar "Nam-myoho-renge-kyo".
Los cambios comenzaron a suceder gradualmente, empezando por mi idea sobre la felicidad. En lugar de buscar satisfacción en las ganancias materiales o en las victorias unilaterales, llegué a experimentar una sensación de felicidad más profunda que provenía de mi interior, una felicidad alimentada por el altruismo, un sólido estado mental que se alegra por el solo hecho de estar vivo.
He visto que el budismo de Nichiren es mucho más profundo que el trabajo de auto motivación que he hecho. Uno puede aprender o mejorar cualquier habilidad, como hablar en público, pero la práctica de una filosofía religiosa correcta crea una transformación positiva en la esencia de la vida, y hace surgir un potencial inimaginable. La verdadera capacidad de comunicación, por ejemplo, es más que respetar y escuchar con sinceridad al orador. Se encuentra en el espíritu de misericordia y en la capacidad de abrir el corazón.
Estos cambios me permitieron ser una persona más humilde y accesible. Comencé a tratar a mis asociados y a mi personal con mayor respeto, gratitud y preocupación sincera. Antes de practicar el budismo, solía evaluar la "importancia" de una persona solo sobre la base del "provecho" que podría obtener de ella, pero a través de mi compromiso en las actividades de la Soka Gakkai de Malasia, ahora puedo apreciar el rol de cada persona y su contribución al éxito de una empresa.
En lugar de sacarles el mayor provecho a los demás, prefiero un trato más justo. Ahora mis opiniones y decisiones se basan en mi preocupación por la satisfacción de los demás. De esta manera, pude ganarme la confianza de mis colegas y socios. Mis empleados están deseosos de esforzarse con esmero y trabajar tiempo extra para mí. Los contratistas que trabajan con mi empresa se esfuerzan por elevar su estándar de trabajo, y los compradores muestran su satisfacción con nuevas compras.
El mejoramiento de las relaciones con el personal, los socios y contratistas significa menos tiempo desperdiciado en el manejo de conflictos. El resultado es una mayor productividad y rapidez en la conclusión de proyectos, lo que se traduce en menos desperdicio y más rentabilidad.
Al saber con seguridad que el dinero en cuantía no siempre es sinónimo de mayor felicidad, me he vuelto menos calculador. No me preocupa ganar menos dinero o trabajar horas extras y asignar más recursos en la construcción de mejores casas.
La sabiduría que obtuve con mi práctica budista también ha cambiado la manera en que manejo el dinero. Considero que una buena liquidez es clave para mantener la empresa fuerte. Me he vuelto más selectivo y cauteloso en la adquisición de proyectos. Soy menos codicioso y no propongo grandes proyectos que requieren de elevados préstamos y que ponen a mi empresa en un riesgo innecesario. Es por eso que mi compañía puede avanzar a paso firme a pesar de la recesión o de los conflictos económicos.
Creo que cuando más empresarios adopten una filosofía positiva y mantengan los valores correctos, el mundo de los negocios se convertirá en un lugar más justo para todos, y la distribución de la riqueza será más equitativa. Con menos desperdicio de tiempo y de recursos, y con una mayor productividad, es posible rebajar el costo de los bienes, lo cual permite a muchas más personas disfrutar de una vida mejor.
[Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición octubre de 2006]