Sipho Ndabambi, Sudáfrica

A comienzos del decenio de 1990, el período en que se inició el camino hacia las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica, en 1994, se caracterizó por la incertidumbre y la inestabilidad. Mientras los partidos políticos negros "habilitados" y la minoría blanca del gobierno estaban discutiendo un proceso electoral, muchos sectores del país estaban en ruinas por la violencia entre los seguidores de las partes contendientes.
Fue en medio de este ambiente de turbulencia política que yo comencé a practicar el budismo de Nichiren en Johannesburgo, en 1992. En ese entonces, estaba trabajando como asistente de una galería de arte y era líder de una filial de un partido político en mi área.
A mí me intrigaba la filosofía budista y también me sentía impresionado por los miembros de la SGI, quienes estaban orando con seriedad por la paz y un proceso electoral sin problemas. Ellos me alentaron a orar con el espíritu de hacer posible lo imposible, y yo entoné con la convicción de que tendríamos paz y democracia en nuestro país.
Por 1993, todas las agrupaciones políticas se habían comprometido en un acuerdo nacional de paz, pero, en este terreno, la división y la lucha continuaban en medio de una atmósfera de temor y desconfianza. El acuerdo de paz promovía el establecimiento de comités de paz regionales, y en nuestra área mis colegas y yo tomamos la iniciativa.
Debido a la cantidad de partidos políticos que competían y a los trabajadores inmigrantes que había en nuestra área, ésta era considerada como un potencial sitio de conflictos violentos.
Aconsejado por el vicelíder de mi filial, comencé a visitar a los líderes de otros partidos políticos para ver si deseaban hablar. También nos acercamos a los líderes religiosos y a las organizaciones de paz y desarrollo -cualquiera que pudiese transmitir el mensaje de un deseo de paz mutuo que estaba comenzando a expresarse. Cuando me acercaba a las personas, no lo hacía sobre la base de mi afiliación política, sino como un miembro de la comunidad.
Mi práctica budista me dio mucha seguridad y también el ímpetu para tomar esta iniciativa. Súbitamente comencé a ver a las personas de otra manera, y me encontré yendo a las áreas adonde no había ido. Tenía confianza en que a través del diálogo podíamos resolver las cosas. La gente asimismo parecía responderme de manera diferente. En todas partes, me aceptaba aunque sabía que era líder de un partido.
Mucho de la violencia en mi país en ese entonces se manifestaba entre los seguidores del Congreso Nacional Africano, que tenía la mayor cantidad de partidarios, y los del Partido Libertario Inthaka. En muchas áreas donde la gente estaba temerosa e insegura respecto a cómo acercarse a los seguidores del Inthaka, este fue dejado de lado en las iniciativas de paz. En nuestra área, hablando con la gente, supimos a quién acercarnos y pudimos traer a sus líderes.
Recuerdo la tensión que reinaba cuando nos encontramos por primera vez. Nadie estaba seguro de lo que ocurriría. Pero cuando nos sentamos juntos, comprendimos que todos estábamos preocupados acerca de lo que iba a suceder. Mientras compartíamos un té y hablábamos, todos comenzamos a comprender que "estas son también personas comunes y corrientes".
Establecimos reuniones semanales donde las personas podían exponer sus quejas, y alguien las analizaría. En lugar de hablar acerca de nuestras organizaciones políticas y posiciones, tratábamos de hacerlo a nivel personal, como seres humanos y como personas que estaban preocupadas por todos los que vivían en su área. Nos llamábamos por los nombres de nuestros clanes, que trascendía las categorías políticas y étnicas, y esto ayudó a crear una sensación de hermandad.
Gracias a estos esfuerzos, hubo pocos incidentes de violencia, ninguno de los cuales causó muertes. En otras partes, la historia fue diferente. Se estima que más de 20.000 personas murieron debido a la violencia motivada por la política ese año. Las lecciones que aprendimos en esa oportunidad, ayudaron después a los activistas de otras áreas.
Mi práctica budista y la filosofía de diálogo de la SGI me ayudaron a desempeñar una parte en la construcción de la paz en mi comunidad. Hoy, 12 años después de las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica, siento que el principio de "confianza a través de la amistad" sigue siendo una potente herramienta para confrontar muchos de los desafíos de nuestra nueva nación.
[Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición de enero de 2007]