Fung Ling, Hong Kong
Cualquiera que haya viajado a Hong Kong y haya visto los muy apiñados y altos edificios que se elevan hacia el cielo, tendrá una sensación gráfica de algunos de los desafíos que involucra el planeamiento de la ciudad en este entorno densamente poblado. Hong Kong alberga a 7 millones de personas, pero debido a la geografía montañosa de sus islas, se ha construido sólo en el 24 por ciento de los 1.100 kilómetros cuadrados de su superficie.
La filosofía budista, que se basa en el respeto y el interés por toda forma de vida, concuerda íntimamente con el concepto del desarrollo sostenible. Me ofrece una poderosa perspectiva de la cual puedo extraer consideraciones para el desarrollo armónico de la ciudad o de una comunidad particular dentro de esta. El desarrollo sostenible involucra el balance de los intereses sociales, ambientales y económicos. Significa crear armonía e igualdad social, proteger el medio ambiente, y garantizar la prosperidad económica. El budismo en sí se refiere al balance de todos estos elementos de la vida, sea en un nivel personal, comunitario o global.
Los planificadores de ciudades deben cerciorarse de que se pueda disponer de tierras suficientes para el crecimiento comercial e industrial y que la economía de la ciudad pueda prosperar. El budismo, sin embargo, enseña que toda forma de vida y los fenómenos funcionan de acuerdo con un principio universal o ley de la vida y que la prosperidad humana resulta, fundamentalmente, del hecho de actuar en concordancia con este principio. En esencia, esto significa que no podemos construir la felicidad o prosperidad sobre la base de la destrucción o la desconsideración de la vida, incluyendo el medio ambiente natural, porque al final nosotros mismos sufriremos las consecuencias.
El budismo también enseña la importancia del diálogo para asegurar el entendimiento mutuo y la armonía social. En el contexto de mi trabajo esto significa buscar el aporte de ideas del público y cerciorarme de que sus opiniones sean escuchadas en el proceso de planeamiento.
Si bien no es fácil lograr un balance entre los intereses sociales, económicos y ambientales, veo que se están haciendo mayores esfuerzos.
Las negociaciones en torno a Sham Chung, una zona de manglares, bosques feng shui y raras especies de peces de río, son ejemplos de ello. A fines de la década de 1990, la acción emprendida por un urbanista para cambiar el área de uso agrícola en estado de abandono por áreas verdes atrajo el interés de grupos ecologistas. Un plan reglamentario de la ciudad anunciado en 2006 pretendía garantizar que la ecología natural se preservaría. Este establece procedimientos tanto para los grupos ambientalistas como para quienes representan a los intereses comerciales que permitan expresar sus objeciones contra la zonificación del uso de tierras y a fin de entablar un diálogo en las reuniones de la Junta de Planeamiento de la Ciudad. Las propuestas de rezonificación tienen que demostrar de manera convincente que cualquier urbanización no tendrá un impacto ambiental y ecológico adverso en el área.
De esta manera estamos intentando garantizar que las escasas tierras con posibilidades de urbanización que estén disponibles para el crecimiento de la ciudad puedan ser utilizadas de la manera más sabia y que beneficien a todos los interesados.
Mi práctica en la SGI me ha infundido el valor de respetar toda forma de vida. En mi trabajo me recuerda que tengo que esforzarme en brindar una forma de vida buena y saludable y que funcione para el pueblo de Hong Kong y evitar causarle daño al medio ambiente natural.
[Cortesía de SGI Quarterly de abril de 2007]