Conceptos budistas


Unión budista (itai doshin)


El budismo pone un gran énfasis en los lazos humanos que dan forma al contexto en el que se practican y se transmiten las enseñanzas (la Ley o el dharma). Esta red de conexión puede ser comparada con los hilos del tejido de una tela, donde la urdimbre vertical corresponde a los lazos entre el mentor y el discípulo, y la trama horizontal a las relaciones de apoyo mutuo entre los creyentes.

Aunque a las enseñanzas mismas se les concede el más alto valor y el propio Nichiren con frecuencia instaba a sus seguidores a "confiar en la Ley y no en la persona", sus escritos también están llenos de referencias a la importancia de desarrollar y mantener una unidad armoniosa. Como lo escribió en una de sus cartas, "Todos los discípulos y seguidores laicos de Nichiren deben entonar Nam-myoho-renge-kyo con el espíritu de ser distintas personas con un mismo propósito, trascendiendo todas las diferencias que pueda haber entre ellos, hasta llegar a ser inseparables como los peces y el agua en que nadan". Esta carta fue escrita en un momento en el que la pequeña comunidad de practicantes del budismo de Nichiren estaba afrontando una severa persecución de las autoridades feudales. Nichiren los alentó a no perder la esperanza a pesar de ser pocos en número, escribiendo, "Cuando en el pueblo predomina la unión de muchas personas distintas con un mismo propósito, estas podrán lograr todas sus metas; en cambio, cuando son iguales en apariencia pero albergan distintos pensamientos, no serán capaces de obtener nada digno".

La expresión que utiliza Nichiren, "muchos cuerpos, un solo propósito", consta de cuatro ideogramas chinos que también podrían ser traducidos como "diferentes en cuerpo, pero con el mismo espíritu". Lo crucial aquí es que el tipo de unidad que se busca no es de una uniformidad mecánica, impuesta o forzada desde afuera. Por el contrario, es un tipo de unidad que tiene en su esencia el respeto por las cualidades diversas y únicas de cada persona ("muchos cuerpos"). Esa unidad surge, para citar al presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, cuando los individuos "se atesoran unos a otros como personas únicas e irreemplazables, y tratan de extraer lo mejor de la otra".

En contraste, añade él, "'muchos en cuerpo, pero muchos en propósito' es una situación de total desunión, mientras que 'uno en cuerpo y uno en mente' es una unidad en la que se es controlado por el pensamiento del grupo, se ignora la individualidad, y el resultado termina siendo el totalitarismo. Ninguna de estas dos situaciones les permite a las personas manifestar sus propias capacidades".

La frase "uno en mente" no significa adoptar un conjunto de valores o formas de pensar estandarizadas y uniformes. Por el contrario, señala un compromiso compartido, pero profundamente personal, hacia un amplio objetivo o ideal. Ofrece un modelo de la solidaridad entre personas que se esfuerzan por un cambio positivo en el mundo. Cada persona tiene una misión única que sólo ella puede cumplir, una contribución especial que hacer. Un espíritu de colaboración respetuoso y espontáneo hacia un ideal común crea el medio ambiente en el cual las cualidades y talentos peculiares de cada persona pueden realizarse plenamente.

A comienzos de la década de 1940, cuando el Japón estaba bajo el influjo del totalitarismo fascista, el presidente fundador de la Soka Gakkai criticó el dogma oficial prevaleciente de "un yo abnegado por el bien público" que se utilizaba para justificar el sacrificio incuestionable en apoyo a los esfuerzos de la guerra. "La negación del yo", escribió él, "es una mentira. El verdadero camino está en buscar la felicidad tanto para uno mismo como para los demás". Él declaró que la organización se dedicaría a capacitar a las personas para que desarrollaran sus capacidades únicas mientras contribuían con el florecimiento de la sociedad humana.

Makiguchi también señaló la ironía de que las personas malvadas en realidad encuentran relativamente fácil desarrollar la solidaridad –unidas por un interés compartido en la ganancia material o política. Las personas de buena voluntad, siendo espiritualmente más autosuficientes, escribió él, tienden a subestimar la importancia de la unidad. La historia está llena de trágicos ejemplos en los que cuando las personas de buena voluntad no han trabajado unidas, le han cedido terreno a las fuerzas del odio y la destrucción. También es evidente que sólo una amplia unión de personas comprometidas con un futuro más humano nos permitirá enfrentar los desafíos del nuevo siglo. El ideal budista de "muchos cuerpos, un solo propósito" ofrece una perspectiva de la unidad de la diversidad; la unidad de individuos autónomos comprometidos con el esfuerzo de transformarse a sí mismos, preocupados por los demás, y con fe en las posibilidades de un futuro mejor.


[ Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición de enero de 2005 ]

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