El budismo enseña que todas las formas de vida están interrelacionadas. Por medio del concepto del "origen dependiente" se explica que no existe nada aislado, independiente de otra vida. El término japonés para el origen dependiente es engi, literalmente "originarse en relación". En otras palabras, todos los seres y fenómenos existen o tienen lugar sólo debido a su interconexión. Todo en el mundo llega a existir como respuesta a causas y condiciones. Nada puede existir en absoluta independencia de otras cosas o surgir por su propia cuenta.
Shakyamuni utilizaba la imagen de dos manojos de juncos apoyados entre sí, para explicar el origen dependiente. Él describía que los dos manojos podían permanecer en pie en tanto se apoyaran el uno contra el otro. Del mismo modo, "porque esto existe, existe eso, y porque eso existe, existe aquello". Si se quita uno de los dos manojos, el otro cae.
Concretamente, el budismo enseña que nuestras vidas están en constante desarrollo, en forma dinámica, en una interacción cooperativa entre las causas internas, dentro de nosotros, como son la personalidad, las experiencias o las perspectivas, entre otras, y las condiciones o relaciones que existen a nuestro alrededor. Cada existencia individual contribuye a crear el medio ambiente que sustenta a todas las demás existencias. Todas las cosas se apoyan entre sí y forman un cosmos viviente, un todo individual que tiene vida.
Cuando nos damos cuenta de la extensa cantidad de interconexiones que nos vinculan con todas las otras vidas, nos percatamos de que nuestra existencia sólo cobra significado a través de nuestra interacción y relación con los demás. Al involucrarnos con los demás, nuestra identidad madura, evoluciona y se enriquece. Es entonces cuando comprendemos que es imposible construir nuestra propia felicidad sobre la infelicidad de otras personas. También, podemos ver que nuestras acciones edificantes repercuten en el mundo a nuestro alrededor. Y como escribió Nichiren: "Si enciendes una lámpara para alumbrar a otro, también estará iluminando su propio camino".
Existe una interconexión íntima y recíproca en la red de la naturaleza, en las relaciones entre la humanidad y su medio ambiente, el individuo y la sociedad, padres e hijos, marido y mujer.
Si, como individuos, somos capaces de adoptar el criterio de "porque esto existe, existe aquello" o, dicho en otras palabras, "debido a esa persona, yo puedo desarrollarme", entonces no tenemos necesidad de experimentar jamás conflictos sin sentido en las relaciones humanas. En el caso de una joven casada, por ejemplo, su actual existencia está vinculada a su esposo y a su suegra, cualquiera sea el tipo de personas que puedan ser. Alguien que llega a entender esto, puede dar un vuelco a todas las cosas, positivas o negativas, impulsando su crecimiento personal.
El budismo enseña que nosotros "escogemos" la familia y las circunstancias en las que nacemos, con objeto de aprender, crecer, y poder cumplir con nuestro irreemplazable papel y nuestra respectiva misión en la vida.
En un plano más profundo, estamos conectados y relacionados no sólo con los que se encuentran físicamente cercanos a nosotros, sino con todos los seres vivientes. Si logramos entender esto, los sentimientos de soledad y aislamiento que tanto sufrimiento nos causan, comienzan a desvanecerse al tiempo que nos damos cuenta de que somos parte de un todo dinámico interconectado recíprocamente.
Daisaku Ikeda ha escrito que una comprensión de la interconexión de la vida en su conjunto, puede dirigirnos hacia un mundo más pacífico:
"Todos somos seres humanos, quienes a través de un místico lazo, hemos nacido para compartir el mismo intervalo limitado de vida en este planeta, un pequeño oasis verde en el vasto universo. ¿Por qué reñir y sacrificarnos unos a otros? Si todos pudiéramos conservar en la mente la imagen de los vastos cielos, creo que se marcharía hacia la solución de los conflictos y disputas. Si nuestros ojos se fijan en la eternidad, caemos en la cuenta de que los conflictos de nuestros pequeños egos son, en realidad, tristes e insignificantes".
[ Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición de julio de 1999 ]