Conceptos budistas


Fe y razón


La fe –o creencia– y la razón, por lo general, son vistas dentro de una fundamental y mutua oposición. Muchas personas consideran cualquier clase de creencia, y la creencia religiosa en particular, como una suerte de parálisis de la facultad del razonamiento, una muleta intelectual. Este enfoque que coloca en aguda oposición a la fe y a la razón ha sido el sello del pensamiento moderno, pero en la actualidad está siendo reexaminado.

Filósofos del siglo XX, tales como Ludwig Wittgenstein y José Ortega y Gasset han señalado que cada uno vive, actúa y piensa dentro de un sistema de creencias profundamente inconsciente, sin el cual no podríamos ni pensar ni actuar. "Nuestras creencias ya están operando en lo más hondo de nuestra vida cuando comenzamos a pensar en algo", escribe Ortega y Gasset. La razón, desde este punto de vista, tiene como base lo que se cree. Si la creencia es la base de la vida, realmente no podemos elegir entre creer o no. Podemos escoger, sin embargo, en qué creer, cuál será el sustento de nuestra fe.

Dentro de la tradición budista, desde tiempos antiguos, la relación entre la fe y la razón ha sido tema de continuo examen. Aunque esta tradición ha sostenido siempre que la iluminación del Buda no puede ser captada o expresada en su totalidad por la razón o el lenguaje, el budismo ha sostenido consistentemente que la razón y el lenguaje deben ser altamente valorados.

Aunque la iluminación del Buda puede trascender el reino de la razón, no es irracional, ni se resiste al examen racional. La fe en las enseñanzas del Buda es, en realidad, la base de un modo de observación intelectual que considera no sólo las capacidades analíticas sino que también busca desarrollar la sabiduría intuitiva que se encuentra en el estrato espiritual más profundo del ser humano. El aprendizaje y los conocimientos pueden servir como portal para la sabiduría; pero es la sabiduría la que nos permite utilizar los conocimientos de la manera más humana y valiosa. La confusión entre conocimiento y sabiduría, evidentemente, es la raíz de las distorsiones de nuestra sociedad.

De la misma manera, Nichiren desarrolló y presentó sus enseñanzas de manera muy racional. Nichiren se destaca por su erudición y su disposición para el diálogo. Muchos de sus importantes escritos toman la forma de un debate dialéctico en el que se presentan las dudas, que luego son respondidas y resueltas.

Sraddha, prasada y adhimukti son tres términos sánscritos traducidos en el Sutra del loto como "fe" o "creencia". Sraddha, definido como la primera etapa de la práctica budista, significa "despertar la fe" y también "poseer curiosidad sobre algo". El término, así, incluye en su significado una mezcla de temor, reverencia y curiosidad que parece ser la raíz de todo sentimiento religioso.

Prasada expresa la idea de pureza y claridad. Se podría decir que, desde la perspectiva del budismo, el propósito apropiado de la fe es limpiar la mente, permitiendo así que brille nuestra sabiduría inherente.

Adhimukti significa literalmente intención, es decir, la orientación de la mente, la voluntad. Ésta es la actitud mental de profundizar la comprensión cultivando y puliendo la vida para perfeccionar el sublime estado de prasada. De esta manera, la fe purifica la razón, la fortalece y eleva, y es un motor de continuo mejoramiento personal. Daisaku Ikeda ha definido la fe como "una mente abierta, un corazón puro y un espíritu flexible".

Los términos citados pueden ser contrastados con bhakti, otro término sánscrito que significa fe. Bhakti, significaba en sus orígenes "convertirse en parte de", es una fe asociada con una práctica o entrega, y una unificación con una deidad trascendente. El término casi nunca se utiliza en los textos budistas.

La era moderna parece convencida de que el intelecto es una facultad independiente, que opera ajena a los sentimientos o las creencias. Pero cada vez resulta más evidente que muchas tendencias descansan en creencias altamente subjetivas o en juicios de valor. Tal es el caso de los esfuerzos por ejercer dominio tecnológico sobre la naturaleza.

Lo que se necesita ahora es una nueva vía para unificar la creencia y la razón, que abarque todos los aspectos del ser humano y la sociedad, incluyendo el discernimiento que ha alcanzado la ciencia moderna. Éste debe ser un intento por restaurar la totalidad de la sociedad humana, la cual se encuentra desgarrada por una razón artificialmente divorciada de las creencias, y por un fanatismo religioso irracional.

Esta síntesis debe surgir del diálogo basado en el respeto mutuo. Ambas partes deben aproximarse a este diálogo, no con el deseo de establecer el dominio de una sobre la otra, sino con el espíritu de aprender, de extraer vetas de verdad más profundas y más ricas. Esto será posible sólo si todos los participantes se mantienen firmemente enfocados en el objetivo de la felicidad humana. ¿Esta posición, aproximación o creencia particular eleva la condición humana, o la rebaja? Sólo sobre esta base, el diálogo entre la fe y la razón puede producir un valor verdadero y perdurable para la humanidad.


[ Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición de octubre de 2001 ]

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