Conceptos budistas


La oración en el budismo


La oración es un aspecto medular de la práctica del budismo de Nichiren. Los miembros de la SGI narran a menudo experiencias acerca de "ofrecer una oración seria", o estar "orando desde el fondo del corazón". Ellos suelen decir también que sus oraciones han sido "contestadas". ¿Qué significan tales afirmaciones?

Según el Diccionario de la Real Academia Española, "orar" (del latín orare) significa "hacer oración a Dios, vocal o mentalmente (…) Rogar, pedir, suplicar", mientras que "oración" significa "súplica, deprecación, ruego que se hace a Dios o a los santos (…) Elevación de la mente a Dios para alabarlo o pedirle mercedes". ¿En qué forma la noción budista concuerda con esta definición y en qué difiere de ella?

La oración parece ser una actividad humana universal. Existe evidencia que sugiere que los humanos se han dedicado a alguna forma de "oración" desde los días más tempranos de nuestra especie. En cuanto los humanos tomaron conciencia de su relativa impotencia ante las fuerzas de la naturaleza, la precariedad de su existencia y su propia mortalidad, sin duda comenzaron a dar expresividad a sus intensos sentimientos de ruego, alabanza o muestras de gratitud.

El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, ha escrito que la religión se desarrolló a partir de la oración, y que el sentimiento y el acto de orar anteceden a las formas que las diferentes tradiciones religiosas han dado subsecuentemente a esta conducta humana primordial. Asimismo, la oración budista puede concebirse como una expresión de estos mismos sentimientos de anhelo, compromiso y agradecimiento. Sin embargo, se caracteriza por el hecho de que el budismo ubica lo divino dentro de la vida del individuo practicante. El propósito de la oración budista es despertar las aptitudes innatas de fortaleza, valor y sabiduría que llevamos dentro, en lugar de implorar a fuerzas externas.

Como en muchas otras prácticas espirituales de oriente, en el budismo también se enfatiza una forma específica de oración. Para los practicantes del budismo de Nichiren, la oración consiste en la recitación de algunas partes del Sutra del loto y la invocación repetida de la frase Nam-myoho-renge-kyo, el nombre de la Ley Mística que yace dentro de toda vida, y que Nichiren extrajo del título del Sutra del loto. El hecho de que el canto o invocación sea entonado en voz alta se debe a que la oración en el budismo de Nichiren no es meramente una meditación volcada hacia el interior, sino más bien, una acción para manifestar las cualidades internas, llevándolas a la realidad del mundo.

Los miembros de SGI dirigen su oración al Gohonzon u objeto de devoción. Éste es un mandala, una representación simbólica del estado ideal de budeidad, o iluminación, en que todas las tendencias e impulsos de la vida –desde los más bajos hasta los más nobles– funcionan en armonía y se canalizan hacia la felicidad y la creatividad. El Gohonzon no es un "ídolo" o un "dios" a quien se deba implorar o con quien haya que congraciarse; es un medio para la reflexión y un catalizador para la transformación interior.

A los miembros de SGI se les exhorta a que sus oraciones sean específicas, concretas y enfocadas en los problemas que confrontan en la vida real, así como en sus aspiraciones y preocupaciones. El budismo de Nichiren enfatiza la inseparabilidad de "los deseos mundanos" [o impulsos humanos] y la iluminación. Nichiren estableció que al hacer arder la "leña" de nuestros deseos –mediante la acción de la oración– podemos extraer la flama de una energía renovada y la luz de nuestra sabiduría interior. La oración budista es el proceso mediante el cual nuestros sufrimientos e intensos deseos son transformados en amor compasivo y sabiduría. Este proceso implica inevitablemente una reflexión personal e incluso, en ocasiones, la confrontación dolorosa con tendencias destructivas que tenemos profundamente arraigadas en nuestro interior. Nichiren dijo: "A menos que perciba la verdadera naturaleza de su vida, practicar las enseñanzas budistas no lo aliviará de los sufrimientos del nacimiento y la muerte".

También se exhorta a los miembros de la SGI a que consideren la oración como parte integral de las acciones y el comportamiento en la vida diaria. La oración genuina es la que va acompañada de acción y logra afectar nuestra vida. Para tener éxito en la vida necesitamos determinación y oración, esfuerzo e ingenio.

Fundamentalmente, la oración es el proceso de hacer que surja el estado supremo de vida al que nos referimos como "naturaleza de buda". La naturaleza de buda es el potencial que poseen por igual todas las personas, es la fuerza de vida fundamental y compasiva inherente al cosmos. La oración es el proceso de reintegrar la vida individual (el yo inferior, con todos sus impulsos y deseos) al ritmo del cosmos viviente (el yo superior). Al hacer esto, liberamos el manantial originario de nuestra vida, desde donde estamos dotados de conocimiento de nosotros mismos, sabiduría, vitalidad y perseverancia. Como en la filosofía budista no existe separación entre el mundo interno de los seres humanos y su medio ambiente, los cambios que ocurren en nuestra vida interior se reflejan en nuestras circunstancias externas. La experiencia de tener "contestadas" nuestras oraciones es el resultado manifiesto de este proceso.

Daisaku Ikeda ha escrito que el epítome de la oración es de hecho, una promesa de contribuir a la felicidad de los demás y al desarrollo de la sociedad humana.

Es esta promesa, y el compromiso para actuar en consecuencia, lo que armoniza nuestras vidas con la extensa vida del universo, y pone de manifiesto nuestro "ego" más noble y elevado.


[ Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición de abril de 2001 ]

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