Conceptos budistas


La eternidad de la vida


Como filosofía, el budismo siempre ha recalcado la importancia de confrontar abiertamente la realidad de la muerte. La muerte, al igual que la enfermedad y el envejecimiento, se define en el budismo como uno de los sufrimientos fundamentales que todas las personas deben encarar.

Debido a este énfasis, el budismo se asocia en ocasiones con una perspectiva pesimista de la vida. Pero, realmente, es todo lo contrario. Ya que la muerte es inevitable, cualquier intento de ignorar o evitar este tan básico "hecho de la vida", nos condena a un modo de vida superficial. Una clara conciencia de la naturaleza de la muerte y su comprensión correcta pueden permitirnos vivir con fortaleza, sin miedo, con claridad en nuestros propósitos y con alegría.

El budismo considera el universo como una inmensa entidad viviente en la cual los ciclos de vida y muerte individuales se repiten sin cesar. Nosotros experimentamos estos ciclos todos los días, en los millones de células que componen nuestros cuerpos, y que mueren y se renuevan por medio de la sustitución metabólica. La muerte es, por consiguiente, una parte necesaria del proceso de la vida ya que hace posible la renovación y el crecimiento. Al morir, retornamos al vasto océano de la vida, tal como la cresta de una ola que muere poco a poco volviendo a la totalidad del mar. Por medio de la muerte, los elementos físicos de nuestros cuerpos, así como la fuerza vital fundamental que sustenta nuestra existencia, son reintegrados y "reciclados" en el universo. Lo ideal sería que la muerte pueda ser experimentada como un período de descanso, como un sueño revitalizador posterior a los esfuerzos y dificultades del día.

El budismo afirma que existe una continuidad que persiste en todos los ciclos de vida y muerte; que nuestras vidas son, en este sentido, eternas. Nichiren escribió: "Cuando examinamos la naturaleza de la vida con desde la perfecta iluminación, vemos que no hay comienzo que señale el nacimiento y, por lo tanto, no hay final que signifique la muerte".

En el siglo V de la era actual, el gran filósofo indio Vasubandhu, desarrolló la "doctrina de las nueve conciencias", la cual proporciona una comprensión detallada del funcionamiento eterno de la vida. En este sistema, los primeros cinco estratos de la conciencia corresponden a los sentidos de la percepción. El sexto estrato de la conciencia involucra la capacidad de raciocinio y la habilidad de interpretar la información suministrada por los sentidos.

El séptimo estrato de la conciencia se conoce como la conciencia "mano". Este estrato corresponde al subconsciente que se describe en la psicología moderna y es donde reside un profundo sentido de nuestro ego.

En una capa más profunda, se encuentra la octava conciencia, o "alaya". Este estrato de la conciencia contiene la energía potencial, tanto positiva como negativa, creada por nuestros pensamientos, palabras y acciones. Esta energía potencial, se conoce como "karma".

Una vez más, contrario a ciertas suposiciones, el budismo no considera el karma como algo fijo e inalterable. Nuestra energía kármica, descrita en los textos budistas como el "caudal de pasión" de la conciencia alaya, interactúa con los otros estratos de conciencia. Es en este más profundo nivel que los seres humanos ejercen influencia sobre unos y otros, sobre su medio ambiente y sobre toda vida.

La continuidad de la vida se mantiene en este nivel de la conciencia (alaya), a través de los ciclos del nacimiento y la muerte. Cuando morimos, la energía potencial que representa la "hoja del balance kármico" de todas nuestras acciones –creativas y destructivas, altruistas y egoístas– continúa fluyendo en la conciencia alaya. El karma es lo que da forma a las circunstancias en las que la energía potencial de nuestras vidas se llega a manifestar nuevamente, al nacer como un nuevo individuo.

Finalmente, está el noveno nivel de conciencia. Éste es el origen mismo de la vida cósmica, la cual abarca y sustenta, incluso, la función de la conciencia alaya. El propósito de la práctica budista es estimular y despertar esta conciencia fundamentalmente pura, la conciencia "amala", o sabiduría, la cual tiene el poder de transformar el flujo de energía negativa más profundamente asentado en los estratos más superficiales de la conciencia.

Las cuestiones de la vida y de la muerte son fundamentales pues son –precisamente– las que moldean y dan base a todas nuestras creencias. De tal manera que, una comprensión de la naturaleza de la muerte –y de la eternidad de la vida– puede abrir nuevos horizontes para toda la humanidad y liberar fuentes de sabiduría y compasión aún sin explotar.


[ Cortesía de la revista SGI Quarterly, edición de octubre de 1998 ]

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