Los miembros de la SGI siguen las enseñanzas de Nichiren, un monje budista japonés que vivió en el siglo XIII. Estas enseñanzas ofrecen un camino para que todas las personas extraigan, desde el interior de sus propias vidas, su sabiduría iluminada y su estado de budeidad, sean cuales fueren las circunstancias particulares de cada individuo. Todos los seres humanos tienen el poder de triunfar sobre los desafíos que se les presenten, apreciar sus vidas y ejercer una influencia positiva dentro de su comunidad, la sociedad y el mundo.
Nichiren nació en Japón en 1222, en una época de descontento social generalizado y de desastres naturales. La gente común, en especial, sufría enormemente. Nichiren se preguntaba por qué las enseñanzas budistas habían perdido su poder para hacer que las personas llevaran vidas felices, con pleno dominio de sus capacidades. Durante su juventud, siendo ya sacerdote, se dedicó a buscar una respuesta al sufrimiento y al caos que le rodeaban. Su intenso estudio de los sutras budistas lo convenció de que el Sutra del loto contenía la esencia de la iluminación del Buda; que allí estaba la clave para transformar el sufrimiento humano y hacer que la sociedad floreciera.

Árbol de 1.000 años en el
templo Seicho-ji donde el joven
Nichiren estudió el budismo.
El Sutra del loto sostiene que toda persona, sin distinción de género, capacidad o condición social, posee las cualidades del Buda de manera inherente y, por consiguiente, es digna de máximo respeto.
Fundamentado en sus estudios del Sutra, Nichiren estableció la invocación (recitación) de Nam-myoho-renge-kyo como la práctica universal que le permite al ser humano manifestar su budeidad inherente y lograr la fortaleza y la sabiduría para desafiarse a vencer cualquier adversidad. Nichiren vio el Sutra del loto como el vehículo para que las personas desarrollaran sus capacidades inherentes. Recalcó que todo ser humano podía lograr la iluminación y disfrutar de la felicidad en vida.
Nichiren criticó las escuelas budistas establecidas que eran patrocinadas por el Estado y que, mientras se limitaban a servir a los intereses del poder, incitaban a las masas a resistir pasivamente el sufrimiento. Hizo un llamado a las autoridades feudales a accionar, insistiendo en que los líderes asumieran la responsabilidad del sufrimiento de la población y actuaran para remediarlo. La postura de Nichiren de que el Estado existe para el bienestar del pueblo, era muy revolucionaria para su época.
Las reconvenciones de Nichiren le provocaron persecuciones que con frecuencia fueron violentas, no sólo por parte del gobierno militar, sino también de las escuelas budistas establecidas. Nichiren se rehusó hasta el final a renunciar a sus principios para apaciguar a las autoridades.
El legado de Nichiren yace en su incesante lucha por la felicidad del ser humano, y en su deseo por llevar a cabo una transformación en la sociedad orientada hacia el respeto a la dignidad y al potencial de cada individuo.