Práctica budista
Experiencias
Creando mi vida
Jocelyne Beaupré, Québec, Canadá
Jocelyne Beaupré
En el budismo se dice que uno puede crear su propia vida. En sus escritos, Nichiren compara el corazón con un hábil pintor, y dice que debemos concebir nuestra vida tal como si fuésemos un pintor de talento que puede hacer que su visión cobre vida sobre el lienzo. Presento aquí la manera en que modelé mi vida a lo largo de los últimos años.
Antes de practicar el budismo de Nichiren, yo era una persona tímida, solitaria, con poca confianza en sí misma, temerosa de todo y, por lo tanto, incapaz de establecer relaciones cercanas con los demás. Me esforzaba poco, no tenía trabajo y, vivía de la seguridad social la mayor parte del tiempo en una pequeña sala.
En 1995, un amigo me introdujo al budismo de Nichiren y cuando tuve la oportunidad de encontrarme con la líder de la SGI de Canadá, le pregunté por qué, a pesar de mi formación nunca podía encontrar trabajo, y por qué no tenía amigos y por qué tenía la agobiante sensación de que, a los ojos de los demás, no existía.
Ella me respondió que para obtener mayor buena fortuna, debía entonar abundante daimoku y también cuidar de los demás e involucrarme activamente en las actividades de la SGI. Yo seguí su sugerencia y me comprometí en el comité de publicaciones de la SGI de Canadá, donde pude leer muchos de los escritos del presidente Ikeda y, gradualmente, comencé a abrirme a los demás, a levantar la cabeza.
Ms. Beaupré, in front of the SGI-Canada Québec
Community Centre
Mi práctica me dio coraje, confianza en mí misma y la capacidad para perseverar. Encontré un apartamento más grande y brillante y dos trabajos. Trabajando como profesional en la limpieza de casas para ancianos y personas enfermas, cosa que yo odiaba, también conseguí un empleo como secretaria recepcionista tres días a la semana. Una vez más pedí el consejo de una miembro experimentada de la SGI, admitiendo que si bien mi búsqueda por un mejor trabajo hasta el momento había sido infructuosa, soñaba con abandonar mis empleos actuales. Además le dije a ella que me sentía disgustada cuando, en mi trabajo, estaba frente a personas ancianas o enfermas que estaban quejándose constantemente.
¡La respuesta fue muy estricta! Me dijo que dependía de mí el cambiar mi percepción de la labor que realizaba, para ver que realmente estaba trabajando como un bodhisattva –alguien que se dedica a ayudar a otros. Me alentó a utilizar mi oración para incrementar mi propia energía y sabiduría, y ayudar efectivamente a esas personas. Ejercitando y desarrollando mi amor compasivo en mi trabajo podía crear un gran valor e incrementar mi propia fuerza vital y, luego, mi gratitud emanaría de manera natural. Me aconsejó que, antes que pensar en abandonar mi trabajo, me enfocara en hacerme una persona más fuerte.
Yo decidí cuidar de los demás y no permitir que mi trabajo me dominara. Para mi sorpresa, la actitud de los pacientes parecía mejorar, y las quejas se hicieron cada vez más esporádicas. Todavía detestaba mi trabajo, pero me esforzaba al máximo. Adopté la perspectiva de que si no me permitía ser derrotada por mis preocupaciones y problemas, estas me permitirían aprender. Me enfoqué en asegurar que todas las personas quedaran satisfechas. Poco a poco, vi que este trabajo me estaba posibilitando elevar mi autoestima. Vi mis capacidades. Comprendí que este era el trabajo ideal para que yo pudiera desarrollar mi humanidad y transformar mi ira. En el budismo, en tanto no seamos derrotados por nuestras preocupaciones y obstáculos, ellos se convierten en los medios que nos hacen posible profundizar nuestra fe y en la materia prima para la construcción de nuestra felicidad. Todas las mañanas oraba para tener la sabiduría y la valentía necesarias para cuidar a otros.
Continué por un año y medio, hasta que decidí no hacer más trabajos de limpieza. El trabajo de recepcionista de tiempo parcial no era suficiente para cubrir mis gastos, y luchaba para sentir más confianza que temor. Afortunadamente, ocurrió que un amigo de mi cuñado estaba necesitando una secretaria. Pude diseñar mi propia oficina y ahora trabajo sólo de 10 a 25 horas a la semana, recibiendo una paga completa. Estoy disfrutando en un empleo a tiempo parcial y conociendo a las personas que viajan conmigo en el mismo ómnibus. Tengo un jefe maravilloso que aprecia mis esfuerzos, y trabajo a mi propio ritmo, sin tensiones. Todos los días siento gratitud por esta nueva situación y por todas las personas que me alentaron a lo largo del camino.
[Adaptado de Women’s Victories – Canadian Women Practicing Nichiren’s Buddhism (Triunfos de las mujeres – Mujeres canadienses que practican el budismo de Nichiren), otoño de 2003, SGI de Canadá]