Por Charles Byrne, Irlanda

Se ha dicho que el sufrimiento causado por una enfermedad mental es peor que el causado por una enfermedad física. La gente que sufre una severa depresión con frecuencia se ve a sí misma, a su medio ambiente y su futuro de una manera negativa y, a veces, desesperanzada. El desafío que tiene enfrente un doctor o un terapeuta es el de ayudar a que el paciente experimente la esperanza. Esto incluye la esperanza en que se recobrarán de ese trastorno depresivo, la cual se inicia con la comprensión de la importancia de su propia vida y esperanza en relación con su familia y su trabajo.
Yo trabajo como psiquiatra en un hospital situado al oeste de Irlanda. Los tipos de desórdenes que veo son los mismos que aquellos que ven los psiquiatras de todo el mundo. Sea en África, la China o en América, las enfermedades mentales son muy similares. Es un problema global que aflige a toda la humanidad. En algunos tipos de enfermedades mentales, una persona puede perder completamente el contacto con la realidad, como en los casos de la esquizofrenia o el trastorno bipolar. En la esquizofrenia, una persona puede sentir que está siendo perseguida y se vuelve paranoica. La terapia de apoyo, la medicina y la rehabilitación son necesarias para su recuperación y, contrariamente a los supuestos comunes, la mayoría de los trastornos pueden ser tratados con efectividad.
Entre los desafíos que enfrentan los profesionales de la salud mental está el de mantener el amor compasivo y el respeto por todos los pacientes que tratan e inspirarles esperanza. Esto puede ser muy desalentador, especialmente si uno está viendo a muchos pacientes cada día. Mi práctica budista y la filosofía humanística del budismo de Nichiren me han sido de tremenda ayuda. Yo comencé a practicar hace veintitrés años, después de que un doctor y compañero de trabajo me introdujera a este budismo. En esa época, yo no tenía una creencia religiosa ni una filosofía de vida, y mi vida misma había perdido su dirección. Después de abrazar la práctica, descubrí que, gradualmente, se incrementaba mi amor compasivo por mis pacientes. Me di cuenta de que con mi práctica budista, podía enfocar de una manera fresca y más vital cada día. También me ayudó a manejar el estrés y la presión de la jornada. Los miembros locales de la SGI me ayudaron y apoyaron, y la filosofía del budismo y los escritos de Nichiren fueron muy inspiradores y relevantes para mi vida diaria. La práctica me dio la valentía y determinación para rendir los muchos exámenes profesionales que requería para avanzar en mi ejercicio de la psiquiatría.
Al comienzo, yo estaba preocupado porque pensaba que podía existir alguna contradicción entre mi práctica budista y mi trabajo en la psiquiatría. Después, sin embargo, comprendí que en lo esencial mi profesión implica ayudar a la gente y, por lo tanto, es totalmente compatible con el budismo. A mis pacientes no les hablo acerca del budismo, pero su filosofía me ayuda en mi trabajo. A mis amigos de la profesión sí les comento sobre sus ideales humanísticos. La teoría budista ha ejercido una influencia en la manera en que realizo las terapias. Así, por ejemplo, aliento un enfoque de "empezar a partir de ahora" de los problemas, en lugar de ver en demasía retrospectivamente o de lamentar el pasado; estimulo también a una acción basada en el sentido común y la sabiduría y no en la emoción. Estos enfoques concuerdan asimismo con los principios de la Terapia Cognitiva del Comportamiento, desarrollada por el psiquiatra Aaron Beck. Adicionalmente, aliento a mis pacientes a adoptar un enfoque compasivo y tolerante a los problemas con sus familiares y otros, según sea el caso. También enfatizo siempre la importancia de la esperanza –que tanto ellos como su situación pueden mejorar. La terapia se encara desde el punto de vista del respeto por todas las personas.
Conforme más leía acerca del budismo, más honda era mi percepción de que representaba una profunda comprensión de la humanidad y de la psique humana, en un nivel diferente del que encontramos en la psiquiatría y la psicología académica. La depresión, la ansiedad y los problemas con la ira están bien descritos en la psiquiatría y son similares a los estados de infierno, animalidad e ira de la doctrina budista de los diez estados. Sin embargo, en esta ciencia, no hay nada que se corresponda con los otros siete estados de hambre, humanidad, éxtasis, aprendizaje, comprensión intuitiva, bodhisattva y Budeidad.
Asimismo, en la psiquiatría no existe un concepto similar al de los tres venenos. De acuerdo con el budismo, vivimos en un estado de ilusión con nuestras percepciones nubladas y distorsionadas por los venenos de la codicia, la furia y la estupidez. Mediante la práctica del budismo de Nichiren, el amor compasivo, la sabiduría, el coraje y una vigorosa fuerza vital –los antídotos para estos venenos— surgen de manera natural en nuestra vida. Los atributos de nuestra Budeidad innata afloran imperceptiblemente conforme progresa nuestra práctica. La esperanza, que tiene una importancia fundamental en el budismo, acompaña estos atributos. Esta esperanza deriva de la confianza en que podemos cambiar esencialmente para mejor (revolución humana) y contribuir con el mejoramiento de la sociedad y el mundo.
La depresión y la ansiedad son los trastornos psiquiátricos más comunes, y es enorme la cantidad de personas afectadas. Se estima que el 16 % de la población sufrirá de alguna depresión muy seria en algún momento de su vida. El porcentaje de quienes sufren de una ansiedad significativa es similar –incluye la ansiedad discapacitante prolongada y cortos episodios de ansiedad intensa conocidas como ataques de pánico. Esta última puede ser asociada con el temor a los espacios abiertos o cerrados. Algunas personas pueden llegar a confinarse en su casa a raíz de este temor.
