Recursos para el estudio
El budismo japonés y el Renacimiento Estadounidense
Por el fallecido doctor David L. Norton
Profesor de Filosofía de la Universidad de Delaware en Newark, EE.UU.
Mi objetivo al presentar este trabajo es examinar las profundas correlaciones que existen entre la filosofía del Renacimiento Estadounidense –según lo representan los escritos de Emerson y Thoreau– y las doctrinas del budismo japonés. Estas dos corrientes se encuentran mucho más cerca que en el caso de las formas de budismo indio, chino, o tibetano. La razón de esta cercanía yace en que el budismo japonés es inequívocamente apegado al respeto a la vida y en que, por otra parte, su preocupación humanista en cuanto a la calidad de la vida es de mucho mayor alcance, pues le atribuye al ser humano individual una parte activa en el mejoramiento de lo que existe. En el Japón, la escuela Nichiren es la que ha realizado mayores esfuerzos por democratizar la idea de la naturaleza de Buda, afirmando que cada ser humano puede manifestar la Budeidad.
El postulado central de la antropología filosófica de Emerson es que ser un "ser humano" es ser poseedor de un "genio", con lo cual se refería a "esa idea divina que cada uno de nosotros representa", y no a una cualidad excepcional que sólo algunos poseen. Al democratizar así este "genio", Emerson superó el abismo que separa a "los que tienen" de los que "no tienen". Al hacerlo colocó un puente sobre el abismo que se extiende entre quienes poseen verdadero interés en localizar su propio genio y los que no. Por lo tanto, visualiza la "felicidad" como "la búsqueda comprometida del esfuerzo que conduce a la plenitud del ser", y no "la búsqueda de un balance hedonista por lograr más placer que dolor".
En este orden de ideas acerca del "genio" entendido como una vocación o un llamado, Emerson introduce un concepto de "verdades personales" las cuales están conformadas por nuestras respuestas a las decisiones que hemos tomado en la vida. De este modo, estas verdades contienen un sentido de dirección. Denominaré "filosofías de vida" a las filosofías que dan prioridad a este tipo de verdad personal. En lugar de preguntar "¿Cuál es la verdad?" las filosofías de vida hacen la pregunta "¿De cuáles verdades seré responsable?" Y esta pregunta tiene como base otra pregunta: "¿De qué valores seré responsable?"
A pesar de provenir de entornos culturales tan diferentes, tanto el budismo japonés como Emerson –vocero del Renacimiento Estadounidense– ofrecen la misma respuesta a: de los valores que representan el logro de la manifestación de nuestras potencialidades innatas, las cuales son denominadas, respectivamente, "naturaleza de Buda" o "genio". Según Emerson, una vida que logra manifestar su genio concreta una doble satisfacción: la que se experimenta interiormente, es decir, la felicidad de lograr una vida de plenitud interna, y la de hacer que lo que es realmente valioso se haga manifiesto en el mundo. Daisaku Ikeda expresa esta misma idea cuando dice: "...la Soka Gakkai encuentra la idea y la filosofía religiosa de más alta nobleza en la vida de cada individuo, lo que resulta de esto se convierte en la base para una nueva y mejor sociedad".
La Soka Gakkai aboga por una "revolución humana" que, en el fondo, significa una transformación dentro de la persona –de una vida dirigida hacia lo externo a una vida dirigida hacia su interior. La premisa de este postulado es que cada persona posee dentro de sí, en forma innata, potencialidades para el valor que deben ser llevadas a la realidad. La admonición de Emerson a "confiar en uno mismo" es un llamado a esta misma revolución. Las revoluciones postuladas por Emerson y la Soka Gakkai tienen que ver con la concepción que tienen los individuos de sí mismos, están orientadas hacia la motivación interior y a que cada persona asuma las riendas de su vida. Tanto el budismo como Emerson y Thoreau alimentan este llamado con la certeza de que hay algo crucial por descubrir –nuestro verdadero yo– y que ese algo tiene que ver con potencialidades innatas que hasta ahora han estado dormidas debajo de las capas de la identidad que nos proporciona el mundo que nos rodea.
Emerson usa el término "supra-alma" para referirse a la máxima realidad de la cual el genio particular de cada persona es sólo un aspecto. Emerson es un panteísta que sostiene que la divinidad no sólo está, en su totalidad, dentro de todo lo que existe, sino también que es sólo allí donde se puede manifestar. De modo similar, en el budismo mahayana, el logro de la iluminación no es algo que nos llega de algo que existe fuera de nosotros, por el contrario, está en el compromiso de ayudar a los demás al logro de su propia iluminación. Según Nichiren, la máxima realidad es "Nam-myoho-renge-kyo". Tal como en el caso de la "supra-alma" de Emerson, "Nam-myoho-renge-kyo" no está confinada a la humanidad o al mundo orgánico, también impregna todo lo que existe. En resumen, tanto el budismo mahayana como la filosofía de Emerson evitan el dualismo de concebir la salvación de la vida humana en términos que son antagónicos a la vida o que abogan por una renuncia a ella. Son verdaderas filosofías de la vida.
Emerson reconoce que la vida es inherentemente creativa (y que cuando es destruida se prepara para una nueva creación). Según sus postulados, creación se entiende como una transformación de las posibilidades en realidades (no es creación de "algo" a partir de "nada"). De manera similar, Nam-myoho-renge-kyo es la ley universal o principio creativo de la vida, y todo ser humano tiene la responsabilidad de manifestar sus potencialidades como creador de valor. Estas potencialidades son la naturaleza de Buda, y cuando se logra su manifestación se logra la budeidad. La democratización de la naturaleza de Buda yace en que, según la enseñanza del Sutra del loto, esta naturaleza es atribuida a todos los seres humanos.
En otras palabras, estas dos filosofías son doctrinas teleológicas que sostienen que el resultado del máximo objetivo –o la máxima idea– de una entidad en desarrollo se halla dentro de sí misma desde el comienzo, pero en forma implícita. Las personas que aceptan la oportunidad de llevar vidas motivadas desde su propio interior, y vidas dirigidas por sí mismas, pasan a ser iniciadores, y no meros agentes reactivos. Dado a que están totalmente comprometidos con las vidas que llevan, producen más valor para el bienestar de los demás, experimentan mayor gratificación personal por lo que logran para sí mismos, y desarrollan la percepción en cuanto al inmenso valor de la vida de los demás.
[Esta es una versión condensada de la obra del doctor Norton, la cual apareció inicialmente en 1993, en una serie de siete entregas de la revista Soka Gakkai News –una publicación mensual predecesora de la revista SGI Quarterly.]