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De la paz interior a la paz mundial: Una perspectiva budista

Por el doctor Yoichi Kawada
Director del Instituto de Filosofía Oriental

[Publicado en World Order for a New Millennium, de la editorial St. Martin Press, Nueva York, 1999]


Las llamas de la ilusión


El propósito de este capítulo es ofrecer una perspectiva budista sobre el tema de la paz. Quisiera tratar el tema de tres dimensiones de la paz, y las contribuciones que podría aportar una comprensión budista para su logro. Éstas son: la paz interior, la paz dentro de la comunidad del género humano, y la paz ecológica o la paz con la Tierra. Primero, tenemos que entender cuáles son las causas fundamentales de la ausencia o presencia de la paz.

En un sermón que pronunció Shakyamuni, fundador del budismo, transmitió su visión esencial sobre la naturaleza y la causa de los sufrimientos. En esa ocasión, él ascendió a la cima de una montaña junto con sus discípulos, recientemente convertidos. Mirando el panorama que tenía ante sí, Shakyamuni comenzó a exponer: "En verdad, este mundo está ardiendo con muchos y muy diversos fuegos. Hay fuegos de avaricia, fuegos de odio, fuegos de estupidez, fuegos de obsesiones y egoísmo, fuegos de decadencia, enfermedad y muerte, fuegos de penas, lamentaciones, sufrimiento y dolor".

Lo que estaba tratando de transmitir era su comprensión de que el mundo fenoménico que habitamos estaba envuelto en los "fuegos" de los sufrimientos que se originan en los impulsos ilusorios. Estos fuegos de la avaricia, el odio y la ignorancia, ardiendo violentamente en los corazones de las personas, representan la causa básica de los padecimientos de la existencia humana. Por consiguiente, Shakyamuni nos insta, primero y antes que nada, a lograr un claro entendimiento de las raíces del sufrimiento.

Aquí, el impulso ilusorio de la "avaricia" indica el descontrolado deseo y apego a las comodidades materiales, la riqueza, el poder o la fama. Los deseos de este tipo crecen y se multiplican sin cesar, y dado que su satisfacción no origina una felicidad verdadera y perdurable, una persona atrapada en sus garras está condenada a un interminable tormento y frustración.

El impulso ilusorio del "odio" describe emociones tales como el resentimiento, la ira y la envidia, que son provocadas cuando nuestros deseos egoístas no se realizan. A menos que sean controlados, éstos se intensifican llegando a tomar diversas formas de destrucción y violencia. Dicho en pocas palabras, el impulso ilusorio del odio es la violencia que surge de una visión egocéntrica de la vida.

El término "ignorancia" se refiere a un obstinado desconocimiento de la realidad, o de la verdadera naturaleza de la vida y el cosmos. De esta manera, éste es el impulso ilusorio que genera la discordia y la rebelión contra los principios que gobiernan el funcionamiento del cosmos. La sabiduría que ilumina y revela la verdadera naturaleza del cosmos es conocida como "iluminación", mientras que esa clase de ignorancia obstinada es conocida como "oscuridad fundamental" porque nubla y oscurece la luz con la que podemos ver las cosas en su verdadera naturaleza. De todos los impulsos ilusorios, el budismo considera que la ignorancia es el más fundamental.

El budismo ve estos impulsos –avaricia, odio e ignorancia– como venenos inherentes a la vida. Juntos, suelen mencionarse como los "tres venenos". Lo que Shakyamuni buscaba enseñarles a sus discípulos en aquel sermón es que las llamas de los tres venenos y de todos los impulsos ilusorios se originan en la vida interior de las personas y envuelven a las familias, los grupos étnicos, las naciones y finalmente a toda la humanidad.

Esto lo podemos apreciar en el mundo actual, donde el impacto de la avaricia descontrolada va más allá del nivel individual; crea desigualdades económicas entre los grupos raciales y étnicos, y entre los países, a escala global. La avaricia de las naciones industrializadas ha privado a los pueblos de los países en vías de desarrollo de las condiciones para poder satisfacer sus necesidades básicas. La avaricia de la raza humana, por otra parte, está socavando el derecho a la existencia que tienen otros seres vivientes.

Es común encontrar violencia dentro de las familias, en las escuelas y en las comunidades locales. Profundos odios que se remontan a distantes eventos históricos dan lugar a conflictos étnicos y raciales que no encuentran solución. En algunos casos, esos odios históricos están estrechamente vinculados con causas o identidades religiosas, y encuentran expresión en el terror y la matanza al azar.

La ignorancia obstinada acerca de la verdadera naturaleza de la existencia, significa un estado de rebelión contra los principios básicos de la vida y el cosmos, y una negación de ellos. Como tal, distorsiona todos los aspectos de la existencia, desde los estilos de vida hasta los valores familiares, éticos y nacionales. En otras palabras, esta clase de ignorancia obstinada se puede encontrar en todos los sistemas de valores, formas de vida, y enfoques sobre la naturaleza que colocan al individuo en un incontrolable conflicto con los principios mismos que apoyan su propia existencia, principios que, fundamentalmente, gobiernan el funcionamiento del universo viviente.

Al compartir su iluminada comprensión con los demás, Shakyamuni buscaba ayudar a las personas a minimizar los efectos destructivos de estos impulsos ilusorios y, en realidad, a transformarlos por un impulso hacia la felicidad.


Un corazón tranquilo


En la India, el equivalente de "paz" es "shanti", lo cual se refiere a un estado de tranquilidad interior. También alude a la iluminada condición que alcanzó Shakyamuni, a veces denominada "nirvana". Con respecto al estado de paz interior, un texto budista lo describe como sigue: "La tranquilidad mental proviene de haber trascendido exitosamente la avaricia, el odio y la ignorancia". Como lo aclara este pasaje, el enfoque budista de la paz comienza con el acto fundamental de superar estos impulsos ilusorios o venenos interiores. La condición de vida que resulta de haber puesto bajo control estos impulsos, sin embargo, no es una paz interior estática y privada. Es, más bien, ilimitadamente dinámica, expansiva y evolutiva en su naturaleza.

El budista japonés del siglo XIII, Nichiren, expresó esto con la siguiente imagen: "Quemando la leña de los deseos mundanos, contemplamos la llama de la sabiduría iluminada". O sea que, mediante la práctica espiritual, la energía inherente a nuestros deseos mundanos puede ser transformada en su totalidad por la "llama" esclarecedora de la sabiduría de Buda. De este modo, los tres venenos pueden ser subyugados de modo que ya no produzcan confusión y trastorno; ellos ya no pueden conducirnos a actuar de una manera estrafalaria y destructiva.

En el estado de tranquilidad, la luz de la sabiduría iluminada brilla esplendorosamente, libre y sin ser obstaculizada por las nubes de los impulsos ilusorios. Si uno estudia las enseñanzas del Buda, desde las primeras escrituras hasta la tradición mahayana posterior, puede ver que la esencia de la iluminación de Shakyamuni fue su despertar a la "ley del origen dependiente". Este concepto ha sido expresado de diversas maneras y fue desarrollado en gran profundidad y detalle por el budismo mahayana; su esencia es la interdependencia de todos los seres vivientes y, en verdad, de todos los fenómenos. El origen dependiente nos enseña que todas las cosas ocurren y existen sólo a través de su interrelación con todos los demás fenómenos y que esta estructura de relaciones es de un alcance infinito tanto en el tiempo como en el espacio. Aquí está la base para el principio de la coexistencia de apoyo mutuo de todos los seres, que es tan importante para el pensamiento budista.

Cada ser humano existe dentro del contexto de las interrelaciones que incluyen a otros seres humanos, a todos los seres vivientes y al mundo natural. En otras palabras, la red interdependiente de la vida apoya a cada persona. Al despertar a este principio el individuo puede expandir su instintivo amor hacia sí mismo, y llegar a un amor altruista hacia los demás, logrando, de este modo, alimentar el espíritu de tolerancia y empatía por otras personas.

La doctrina del origen dependiente también brinda una base teórica para la paz. En términos de la acción concreta, se manifiesta como la práctica de la misericordia. En el budismo, la misericordia indica la práctica ética de mantener siempre un compromiso pleno de empatía hacia el resto de las personas. Significa compartir su dolor y su infelicidad, esforzarse a su lado para superar los impulsos ilusorios que son la causa principal del sufrimiento, y transformarlos en felicidad, beneficio y alegría.

La ignorancia es considerada fundamental entre estos impulsos ilusorios precisamente porque ciega a las personas a la realidad del origen dependiente, la inevitable y abarcadora interrelación dentro de la que vivimos. Esta ignorancia da lugar a la avaricia que conduce a las personas a buscar la realización de sus deseos aun a costa del sufrimiento de los demás. También conduce a la clase de ira descontrolada que busca la destrucción de una situación en la que los deseos se ven frustrados. Es por esta razón que el impulso ilusorio de la ignorancia es considerado como equivalente a un egocentrismo fundamental. Es un egocentrismo ciego y finalmente autodestructivo porque corta violentamente las hebras de la red de la vida que apoya nuestra propia existencia.

El estado mental de aquel que se esfuerza incesantemente por trascender este egocentrismo fundamental es un estado de paz interior y tranquilidad. El corazón de una persona así se ilumina con la sabiduría del origen dependiente, y rebosa del espíritu del amor compasivo.


Las "cinco impurezas"


La contribución esencial del budismo al tema de la paz se encuentra en la lucha contra los impulsos ilusorios que, enraizados en las profundidades de la vida interior de la persona, causan tanto sufrimiento y destrucción en la sociedad humana en general. En el Sutra del loto de Shakyamuni, los efectos destructivos originados por los impulsos ilusorios son descritos como "impurezas", y clasificados en cinco etapas, desde la más interior y más personal hasta la que contamina toda una época o era. Estas son: las impurezas del deseo, del pensamiento (o de las ideas), de los seres vivos, de la duración de la vida y de la época.

T'ien-t'ai, un filósofo budista activo en la China en el siglo VI, describió las cinco impurezas de la siguiente manera: "Las más fundamentales de estas cinco son las impurezas del pensamiento y del deseo, que resultan en las impurezas del pueblo y de la vida. Estas, a su vez, dan lugar a la impureza de la época". La "impureza del deseo" señala impulsos ilusorios tales como los tres venenos en sí. La "impureza del pensamiento" se refiere a un apego excesivo e irracional a ideas o ideologías específicas. De acuerdo con T'ien-t'ai, las impurezas del pensamiento y del deseo son las más fundamentales y, a través de su impacto en las personas, originan el caos y los trastornos en las familias, las naciones y los estados. Transmitidas de una generación a otra, estas impurezas ocasionan la "impureza de la vida", infundiendo el odio y la violencia históricos entre diferentes pueblos, grupos étnicos y naciones. Estas impurezas, finalmente, afectan a todas las personas que viven en esa era, y tienen como resultado la "impureza de la época".

La civilización moderna exhibe cada vez más los aspectos de lo que el budismo llama la "impureza de la época". Las señales de esto incluyen el materialismo galopante, la implacable dominación y explotación de la naturaleza y el consumismo desenfrenado. Después de la Guerra Fría, nuestro mundo ha venido teniendo muchos brotes de conflictos que emanan del apego a las ideologías, es decir, de la impureza del pensamiento. No obstante, las clases de conflictos que van empeorando están enraizadas en las pasiones irracionales. Tal es el caso del nacionalismo extremo, que el budismo clasificaría como una "impureza del deseo". Se considera que éstas están más profundamente enraizadas en la vida de las personas y, por consiguiente, son aún más difíciles de controlar.

En un mundo en el que los impulsos ilusorios lanzan la cortina de sus efectos negativos en la forma de las cinco impurezas antes descritas, los budistas tienen, creo yo, una misión particular para contribuir con la realización de la paz en todos los planos. En otras palabras, no debemos contentarnos con nuestra paz mental interior, tenemos que ampliar nuestros horizontes y extender nuestros esfuerzos para incluir la abolición de la guerra, es decir, no sólo la paz de la comunidad humana global, sino también la paz con el mundo natural, a través de un desarrollo verdaderamente sostenible, y una coexistencia armoniosa con el ecosistema global.


El camino del bodhisattva en el mundo moderno


Quisiera ahora ampliar respecto a cómo la práctica del bodhisattva, la acción misericordiosa basada en la comprensión budista de la vida, puede contribuir con la realización de la paz en sus tres dimensiones (paz interior, comunitaria y ecológica).

Primero, consideremos la paz interior, o la tranquilidad espiritual y mental. En el budismo, un bodhisattva es quien lleva a cabo acciones altruistas y busca contribuir con la sociedad humana manifestando plenamente las cualidades de la sabiduría y la misericordia. Un bodhisattva se esfuerza primero por transformar su propia vida; el escenario de este esfuerzo está en las realidades de la existencia humana y en el apoyo sostenido para aliviar los sufrimientos de las personas. De esta manera, el bodhisattva se esmera por generar felicidad tanto para sí mismo como para los demás.

La práctica del bodhisattva ha sido expresada en términos contemporáneos como "revolución humana". El estado interior de quien lucha por la realización de la misma puede ser considerado un estado de tranquilidad espiritual; la paz interior expuesta en el budismo es una condición dinámica rebosante de sabiduría y misericordia.

La Soka Gakkai Internacional (SGI), una organización budista laica, existe para ayudar a las personas en la práctica del amor compasivo en la vida cotidiana, le brinda un entorno de cooperación, sustento espiritual y apoyo. De esta manera, la SGI busca llevar la práctica del bodhisattva al mundo contemporáneo.

Entre las muy diversas actividades que realiza la SGI, las más fundamentales de todas son las reuniones de diálogo que se llevan a cabo dentro de las comunidades locales. En la sociedad actual, donde el egoísmo desmedido ha provocado profundos trastornos en el corazón humano, y donde la humanidad está perdiendo de vista el arte de la coexistencia con la naturaleza, estos pequeños cónclaves de personas de todas las edades, razas, intereses y antecedentes ofrecen un foro para un intercambio rico y refrescante. En un mundo afectado por la "desertificación social", estas reuniones son un oasis para el ser humano.

Después de todo, son sólo los individuos los que pueden esforzarse por concretar las grandes metas de la paz mundial y la prosperidad de la sociedad humana. Como organización, la SGI se ha centrado con consistencia en las personas y en el movimiento por la revolución humana a través de la práctica del bodhisattva. Como budistas, procuramos establecer una condición de paz interior en la vida cotidiana y, al mismo tiempo, nos esforzamos por contribuir con la realización de la paz del mundo que nos rodea. Nuestro objetivo es que uno desarrolle al máximo sus extraordinarias cualidades.

En segundo término, con respecto a la dimensión de la paz social, o la paz dentro del género humano, las actividades culturales y educativas de la SGI apoyan diversas medidas políticas y económicas que están siendo propuestas en varios foros, con miras a su implementación. Estas incluyen la abolición de las armas nucleares y la reducción de la desigualdad económica. Como parte de los continuos esfuerzos de la SGI para promover la educación pública respecto a estos y otros temas, hemos realizado exposiciones internacionales que han sido visitadas por millones de ciudadanos de todo el mundo. De manera similar, nuestros esfuerzos por brindar un apoyo humanitario concreto a los refugiados y a los desplazados del mundo son de larga data.

Con respecto a las cuestiones de la seguridad y el desarrollo, el budismo sostiene el principio de la no violencia y exige un cambio fundamental en nuestra forma de vida. En el ámbito individual, esto significa una transformación de un modo de vida dominado por el apego a los deseos materiales, a uno centrado en valores espirituales y existenciales. Al mismo tiempo, también se refiere a un modo de vida misericordioso, en el que se está preparado para hacer los esfuerzos que se requieran con miras a asegurar que los ciudadanos de los países en vías de desarrollo puedan satisfacer sus necesidades básicas. Con respecto a los derechos humanos, reconocemos la existencia, en todas las personas, de la más elevada condición de vida –la Budeidad– y, por lo tanto, insistimos en que todos los miembros de la familia humana, sin distinción, pueden manifestar ese estado de ilimitada sabiduría y misericordia. La contribución peculiar del budismo a la solución de los conflictos, sobre la base de la cultura, está relacionada con la enseñanza del "origen dependiente" citado antes, y con la empatía y la tolerancia que derivan de esa cosmología.

Como se mencionó antes, la ley del origen dependiente describe la idea de que todas las cosas y fenómenos son interdependientes y todos manifiestan el principio ordenador del cosmos, cada uno en su peculiar manera. Dado que el budismo considera que los impulsos ilusorios son los que impiden que las personas vean claramente esta realidad, sentimos que la humanidad será mejor servida cuando la tradición religiosa se comprometa en su lucha característica contra los tres venenos del odio, la avaricia y la ignorancia, en tanto coopera hacia la solución de temas globales. Así es como ve el budismo los conceptos claves del pluralismo cultural y la tolerancia religiosa.

Llegando a la tercera dimensión, "la paz con el ecosistema", la perspectiva budista siempre ha enfatizado la necesidad de la coexistencia creativa con la naturaleza. La misericordia de Shakyamuni no se limitaba a la humanidad, se extendía a todas las cosas vivientes. La base filosófica para el desarrollo sostenible se puede encontrar en esta clase de simbiosis creativa con el resto del mundo natural. Esa perspectiva filosófica apoya un estilo de vida verdaderamente en armonía con el ecosistema. La SGI ha apoyado proyectos de forestación en el Amazonas y otros lugares. Las organizaciones locales de la SGI ha participado en gran variedad de actividades para proteger el medio ambiente.

En la solución de los desafíos globales que confronta la humanidad, se deben buscar medidas políticas, económicas y científicas, además de la transformación de la conciencia humana. Debemos establecer un estilo de vida de conservación de la energía, el reciclaje de los recursos y la búsqueda de valores espirituales. Nuestra meta superior debe ser cultivar una conciencia compartida de lo que sin excepción tenemos en común –que todos somos seres humanos– y una postura solidaria con el organismo viviente que es la Tierra. Conforme avanzamos hacia esa conciencia, debemos desarrollar la sabiduría para dirigirnos apropiadamente hacia los fines benéficos de las ciencias de la vida, incluyendo el floreciente campo de la ingeniería genética. En esto, siento que la perspectiva de las tradiciones religiosas y éticas del mundo pueden y deben contribuir con importantes aportes.

Un enfoque budista con respecto a la paz, creo yo, ofrece un importante terreno común con otras tradiciones. La causa de una paz verdaderamente global y duradera se puede profundizar más efectivamente expandiendo incesantemente los círculos de amistad y entendimiento a través del diálogo, el intercambio y la cooperación.

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