Presidente de la SGI

Presidente de la SGI : 
Daisaku Ikeda

Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.


Presidente de la SGI :: Obras :: Ensayos

Extractos de la serie de ensayos, "Encuentros extraordinarios"


(Publicado el 23 de septiembre de 2001 en el Seikyo Shimbun)


Las lecciones del siglo XX


El siglo XX fue una centuria de guerra, que causó la muerte de cientos de millones de personas. ¿Qué aprendió la humanidad de toda esta tragedia? En el nuevo siglo, en el siglo XXI, debemos erigir como concepto central de la humanidad la idea de que la matanza no es una opción aceptable ni justificable en ninguna circunstancia.


Si no podemos difundir ampliamente e implantar en todos los pueblos el principio de que la violencia no es un medio aceptable para imponer las propias convicciones, la humanidad no habrá aprendido las lecciones del siglo XX. La verdadera guerra del siglo XXI no será el enfrentamiento entre civilizaciones ni entre religiones, sino la contienda entre violencia y no violencia, la lucha entre la barbarie y la civilización, en el sentido más esencial de la palabra.


La encrucijada del género humano


Hace más de cincuenta años, Gandhi denunció la violencia insidiosa que afectaba su época. Lo que nos diferencia de las bestias brutas, decía, es nuestra lucha constante en pos de la autosuperación moral. Declaró que la humanidad se hallaba en una encrucijada y que debía escoger entre la violencia --la ley de la selva-- y la no violencia, que es la ley de la humanidad.


A decir verdad, el mundo se encuentra ante una oportunidad sin precedentes. Tenemos la posibilidad de inaugurar una nueva página en la historia humana.


Precisamente, éste es el momento de formular la siguiente declaración:


Consideramos los recientes ataques terroristas en los Estados Unidos como un desafío a la ley de la humanidad. Por ese motivo, nos negamos a aceptar la ley de la selva, en la cual se basaron dichos ataques. Nos declaramos resueltos a encontrar una solución que, en lugar de recurrir a medios militares, implique el inicio de un diálogo amplio con el mundo árabe. En lugar de verter petróleo sobre las llamas del odio, elegimos apagar esas llamas con el caudal anchuroso del diálogo, que enriquecerá y beneficiará a toda la humanidad.


Esta terrible tragedia sucedió en el primer año del siglo XXI; nosotros la conmemoraremos convirtiendo el 2001 en el primer año de una nueva era de diálogo con el mundo árabe. Es nuestra mejor y nuestra única opción para asegurar que no vuelvan a repetirse tales horrores, y creemos que es la forma más apropiada de honrar la memoria de los que perdieron la vida en los ataques.


Esta declaración, puesta en práctica, con toda seguridad merecerá los elogios más encendidos de los futuros historiadores.


Cuando sucede un gran mal, luego sigue un gran bien. Pero el gran bien no se produce por sí solo. Siempre hace falta coraje, para que ese gran bien se haga realidad. Es hora de demostrar el coraje de la no violencia, la valentía de comprometerse con el diálogo, la bravura de escuchar lo que no nos gusta, el valor de controlar nuestro deseo de venganza y de seguir el dictado de la razón.


El régimen de derecho internacional


Tras la iniciativa de las Naciones Unidas, debería instrumentarse un sistema judicial internacional capaz de juzgar a los terroristas.


Si en el territorio de un país se produce un asesinato, el criminal es arrestado, juzgado, sentenciado y castigado de acuerdo con las leyes de dicho país. Y la parte damnificada no tiene permitido vengarse directamente sobre el ofensor. La matanza reivindicatoria es tratada como si fuese otro homicidio.


Así ha sido el imperio de la ley erigido laboriosamente por el género humano a lo largo de la historia. Es la forma en que los pueblos se comportan en un estado legalmente constituido. ¿Por qué motivo, cuando se trata de asuntos internacionales, sigue habiendo una aceptación tácita de la ley del talión y del "ojo por ojo"?


Se están haciendo gestiones para crear una Corte Penal Internacional (CPI) como tribunal permanente para juzgar aquellos crímenes que representan una grave falta contra la sociedad internacional, como el genocidio, los crímenes contra la humanidad, los delitos de agresión y crímenes de guerra, incluidos aquí los que se cometen en conflictos internos, etc..


La CPI tendrá jurisdicción criminal sobre los individuos, mientras que la actual Corte Internacional de Justicia (CIJ) seguirá siendo responsable de dirimir conflictos legales entre estados.


En las propuestas de paz que presento cada año, los 26 de enero, para celebrar el día de la SGI, ya expresé mi apoyo a esta Corte Penal Internacional. Una vez más, exhorto firmemente a que se cree esta instancia lo antes posible.


En 1998, se promulgó el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Para entrar en vigencia, es necesario que lo ratifiquen sesenta estados. En julio de 2001, Holanda fue el 37° país que ratificó el estatuto. Hasta el momento, ni el Japón ni los Estados Unidos lo han hecho aún.


[Desde julio de 2001, cinco países más suscribieron el tratado: Yugoslavia (el 6 de septiembre), Nigeria (el 27 de septiembre), Liechtenstein (el 2 de octubre), la República Centroafricana(el 3 de octubre) y el Reino Unido (el 4 de octubre).]

[Nota del Traductor: En julio de 2002 entró en vigor el Estatuto de Roma tras haber sido ratificado por los 60 países necesarios. La ratificación número 100 fue la mexicana, en octubre de 2005.]


La paz nace de la voluntad de escuchar


La violencia nace de un espíritu enfermo y herido: un espíritu quemado y lacerado por el fuego de la arrogancia; un espíritu cercenado y dividido por la frustración de la impotencia; un espíritu seco y resquebrajado por la sed devoradora de un sentido en la vida; un espíritu encogido y atrofiado por los sentimientos de inferioridad. La furia derivada de la humillación, de la dignidad lesionada y herida, irrumpe en forma de violencia. La cultura de la violencia que se solaza sometiendo y aplastando al otro por medio de la fuerza es diseminada por toda la sociedad, a menudo amplificada por los medios de comunicación.


El líder norteamericano de los derechos civiles, Martín Luther King (h), quien estudió la filosofía de Gandhi, dijo que el ser humano no puede poner en práctica la no violencia


Del corazón que ha sanado, que ha recuperado la paz, nace la humildad. De la humildad, nace la disposición a escuchar a los otros; de la voluntad de escuchar, nace el entendimiento mutuo, y del entendimiento mutuo surge una sociedad pacífica.


La no violencia es la forma suprema de la humildad, y es también la expresión más elevada del coraje. El primer ministro Nehru dijo que la esencia de las enseñanzas de Gandhi era la ausencia de temor. El Mahatma enseñó que las personas realmente fuertes no necesitaban recurrir a la venganza, y que los valientes eran los que podían comprometerse con el diálogo.