Presidente de la SGI :
Daisaku Ikeda
Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.
¿Quién soy yo? ¿Cuál es el sentido de la vida y de la muerte? El hombre ha descubierto el mundo de los átomos y los electrones, y sigue explorando los más lejanos confines del cosmos. Sin embargo, la vida misma, lo más cercano de todo, lo que debería ser lo más fácil de comprender, sigue siendo un misterio. Un hombre que enfrentó cara a cara el misterio de la vida y llegó a entender la totalidad de sus facetas, fue el fundador del budismo, Gautama, conocido como Buda, el Iluminado.
El Buda Gautama no dedicó su vida a explicar una comprensión teórica del enigma de la vida, sino más bien a enseñar a los hombres y a las mujeres cómo superar el sufrimiento y abrir un camino a la felicidad en medio de los retos de la vida.
Lamentablemente, sin embargo, este espíritu originario se oscureció y se perdió con el tiempo. El budismo suele verse hoy en día como una religión estática, que se resume en la imagen de un Buda meditativo o sentado. Pero una imagen que más se ajusta a la realidad es la de un Buda dinámico y andarín, que emprende acciones sin cesar para dirigir al pueblo a la felicidad y a la libertad espiritual.
Al examinar la vida del Buda Gautama, podemos redescubrir la esencia de su mensaje y palpar el alma del budismo que todavía late hoy. Fue el pionero de un camino de gran felicidad para la gente y fue agraciado con el don del arte del diálogo. La sabiduría y la compasión, que caracterizaron su vida, se ilustran en los siguientes y bien conocidos episodios.
Cuando una madre cuyo amado hijo había muerto imploró al Buda que lo resucitase, él le dijo que le podía idear un remedio si le traía una semilla de mostaza. Sin embargo, añadió, ésta tenía que provenir de un hogar en el que nunca hubiese habido una muerte. La madre emprendió una búsqueda desesperada, pero, claro, no encontró ningún hogar en el que no hubiesen perdido a alguien. Poco a poco, la desconsolada madre se dio cuenta de que no estaba sola en su dolor, que todos los hogares soportaban la misma carga de congoja y de pérdida. Así que decidió sobreponerse a su pena.
Otro incidente ilustra el espíritu esencial del budismo, donde la compasión y la acción concreta para mitigar el sufrimiento tienen prioridad sobre la teoría abstracta. A uno de los discípulos del Buda, le gustaba plantear cuestiones filosóficas, tales como: "¿El mundo es finito o infinito?", o "¿El espíritu y el cuerpo son uno o separados?". Tal vez sorprendentemente, Gautama no contestaba. El discípulo estaba descontento y amenazó con abandonar la orden budista.
Gautama replicó con el cuento de un hombre herido por una flecha envenenada que no permitía que nadie se la quitara. Primero quería saber quién había lanzado la flecha y de qué estaba hecha. Siguió haciendo preguntas sin permitir que nadie le prestara ayuda hasta que le respondieran a sus preguntas. Finalmente murió. El Buda utilizó esta parábola para demostrar el peligro de estar obsesionado con la especulación abstracta.
En la Soka Gakkai Internacional (SGI), nuestro movimiento internacional para promover la paz, la cultura y la educación, intentamos seguir esta tradición de poner en práctica en el mundo los principios budistas del amor compasivo y la sabiduría. La imagen popular del budismo como una religión enclaustrada, apartada de las realidades de la sociedad, es completamente errada. El mensaje de sabiduría del budismo debe siempre ser llevado a la sociedad de forma dinámica. En la India, éste es el espíritu de las contribuciones de la Bharat Soka Gakkai a la sociedad cuando realiza actividades de ayuda humanitaria en situaciones desastres, o cuando promueve la educación humanística y la cultura de paz.
El budismo no promete que alcanzaremos la felicidad en un momento o lugar indeterminado en el futuro. Es una enseñanza para crear felicidad en el lugar en el que estamos ahora mismo, nos muestra que el poder de llevar adelante la felicidad está en nuestra propia vida, nos enseña que podemos transformar cualquier entorno en una tierra plena de tesoros.
El Buda explicó que, en definitiva, lo que causa el sufrimiento es la ignorancia de la naturaleza verdadera y prodigiosa de nuestras vidas. Los sutras contienen imágenes impresionantes que ilustran este esplendor. Lo principal del Sutra del loto, el cual es reverenciado y practicado por los miembros de la SGI y considerado por muchos como el núcleo de las enseñanzas budistas, es la aparición de una magnífica Torre del Tesoro. Esta torre es tan grande como la tierra y está decorada con relucientes joyas. Éste es el símbolo de la vida cósmica que yace en nuestro interior, el vasto poder y la dignidad inherentes a cada vida humana. Las enseñanzas del Buda Gautama se centraban en cómo capacitar a cada persona para despertar y manifestar ese tremendo potencial. El Sutra del loto es, en definitiva, una enseñanza orientada a fortalecer al individuo. Nos despierta al hecho de que un cambio en el corazón de una persona puede transformarlo todo.
Algunos dicen que hoy prevalece en el mundo un sentimiento de impotencia. Las decisiones sobre política, economía o medio ambiente, parecen ser tomadas en alguna parte que está más allá de nuestro alcance. Pero el budismo enseña que el poder del espíritu humano es imposible de medir, que cada individuo está dotado con la posibilidad de transformar hasta las más difíciles circunstancias, crear valor a partir de ellas y darles un significado muy superior.
Cuando se le preguntó por qué la Soka Gakkai ha prosperado en el Japón, un comentarista escribió: "[Su] mayor logro descansa en que libera el poder de los individuos (...) y en que plena sus vidas de renovada energía (...) No se puede estimular una independencia verdadera en las personas sólo con acciones de ayuda humanitaria o con donaciones de dinero, sino ayudándolas a que adquieran confianza en sí mismas, y eso es precisamente lo que Soka Gakkai ha hecho".
"Revolución humana" es el término que yo utilizo para describir este proceso que lleva a las personas a tomar conciencia de su propia dignidad y su potencial oculto. Esta revolución humana implica abrirse paso a través del propio "yo inferior" impulsado por las necesidades y los deseos mezquinos y egoístas. Significa regresar a nuestro "yo superior", el yo que es tan vasto como el cosmos mismo. Por enorme que pueda parecer, la revolución humana no es nada extraordinario ni divorciado de la vida cotidiana. Tomemos, por ejemplo, un hombre que sólo piensa en sí mismo, en su familia y sus amigos. Luego, un día, rompe un poco con estas estrechas fronteras, y se sale del camino para ayudar a un extraño que sufre. Ése es el comienzo de la revolución humana.
El omnipresente, oceánico, amor compasivo del Buda Gautama es el modelo perfecto. Su mensaje fue que las acciones del amor compasivo son el objetivo fundamental de la vida humana, y que al trabajar para cumplir esa misión podemos disfrutar una vida con un verdadero significado. Su filosofía no sólo tiene el poder de transformar nuestro pensamiento, también conduce a la esperanza y a la acción práctica, y libera una poderosa energía vital. Al traducir esto a la práctica, se inicia nuestro drama personal de auto-reforma. Y esa reforma del individuo provoca reformas en todos los ámbitos. Es el primer giro del timón en el proceso de hacer una humanidad fuerte y sabia.
Los problemas que confronta la humanidad en los inicios del siglo XXI resultan muy desalentadores por su profundidad y su complejidad. Aunque pueda ser difícil ver cómo empezar, nunca tenemos que entregarnos al cinismo o a la parálisis. Cada uno de nosotros tiene que empezar a actuar en la dirección que nos parezca correcta. Inspirados por las acciones dinámicas del fundador del budismo, podemos abrir una senda hacia la paz y la esperanza en el nuevo milenio.
[Tomado de Life Positive Plus (Octubre-Diciembre 2003), una revista budista publicada en la India]
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