Presidente de la SGI

Presidente de la SGI : 
Daisaku Ikeda

Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.


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Un poder para resistir las corrientes de la historia


Era una mañana fría de diciembre de 1941 en las horas previas al amanecer, yo iba corriendo por las heladas calles de Tokio, repartiendo periódicos. Era mi manera de contribuir con las finanzas de la familia. Tenía 13 años de edad, mi padre estaba postrado en cama con reumatismo, y mis cuatro hermanos mayores habían sido enviados a la guerra.


Cuatro años habían transcurrido desde el inicio de la invasión japonesa a China. Muchas personas cuyos familiares se encontraban en el frente de batalla, esperaban ansiosos la llegada del diario matutino y de la información que éste les pudiese llevar sobre la guerra.


El sorpresivo ataque del Japón a Pearl Harbor era la noticia más resaltante de aquel día, y aparecía en grandes titulares diseñados para transmitir la "gloria" del evento. Jamás olvidaré la atmósfera de extraña agitación que envolvía la ciudad mientras yo iba distribuyendo los periódicos esa mañana.


Podría parecer que los eventos históricos como éste, que se tragan todo lo que encuentran a su paso --desde personas hasta sociedades enteras-- son impulsados por fuerzas enormes, imposibles de detener. Y esta sensación de impotencia parece estar intensificándose en nuestros tiempos, no sólo por el desarrollo en todo el mundo de nuevas tensiones, sino también por el resurgimiento de las anteriores. Pero la vida humana, estoy convencido, posee inherentemente el potencial para hacer resistencia, incluso a las más fieras corrientes de la historia.


Nosotros no somos simples títeres de las fuerzas de la historia; tampoco somos víctimas del pasado. Podemos darle forma y dirección a nuestro destino. La tarea más apremiante que tenemos hoy por delante es renovar la fe en la capacidad que las personas poseemos para crearnos un futuro, tanto individual como colectivamente.


Los miembros de mi generación vimos cómo la guerra dislocó y destruyó familias, amigos y hogares, así como las oportunidades que hubiéramos podido tener para estudiar y aprender. Compartimos una profunda repulsión hacia la crueldad y la estupidez de la guerra, y un intenso deseo de romper sus ciclos de violencia.


En nuestra juventud se nos forzó a aceptar lo más retorcido del imperativo militar, la noción de que la más elevada de las virtudes se halla en una entrega desinteresada al Estado. Pude ver a muchos de mis jóvenes amigos y condiscípulos presentarse como voluntarios ante las fuerzas armadas o hacerse miembros de las "brigadas de pioneros" en la China. En un momento dado también yo intenté presentarme ante la fuerza aérea, como voluntario, hasta que mi padre, quien estaba firmemente determinado a no permitirme ir a la guerra, me detuvo en seco.


El liderazgo que explota y sacrifica a los jóvenes en aras de sus propios objetivos, no es más que poder insustancial y demoníaco. El liderazgo genuino se halla en los esfuerzos incesantes por forjar a los jóvenes, por allanarles el camino que tienen por delante.


De igual modo, la educación puede conducir a las personas hacia fines positivos o negativos. Cuando la educación tiene como base una visión del mundo distorsionada en lo fundamental, los resultados son horrendos. Precisamente, el hecho de que una educación equivocada fue lo que dirigió a mi generación hacia la violencia y la guerra, es lo que me hace sentir profundamente comprometido con el desarrollo de un tipo de educación que guíe a la nueva generación hacia la paz y la coexistencia.


Siempre estarán conmigo las palabras que dijo mi hermano cuando volvió de la China, después de haber sido dado temporalmente de baja en el ejército: "Lo que está haciendo el Japón es horrible. ¡Cuánta arrogancia y prepotencia! Los chinos son seres humanos como nosotros. Lo que está sucediendo allá es un completo error".


Mi hermano perdió la vida después, en el campo de batalla, pero el amargo disgusto que expresó en esa oportunidad fue lo que, en 1968, me inspiró a hacer un llamado público por la normalización de las relaciones entre China y Japón, y a mis subsiguientes iniciativas para que nos relacionáramos con los pueblos de Corea y del resto de Asia.


Para que el Japón avance debemos hacer frente a las realidades de la historia, aprender y aplicar hacia el futuro las costosas lecciones que nos ha tocado vivir, y trabajar seriamente por construir la paz. No obstante, incluso hoy, más de 60 años después de que la Segunda Guerra Mundial llegara a su fin, hay personajes políticos que, con sus palabras arrogantes y sus actitudes insultantes, continúan ocasionando un daño incalculable a nuestros vecinos asiáticos. El Japón será una genuina nación de paz cuando los pueblos de la China, Corea y el resto del Asia, confíen plenamente en nosotros.


"La guerra es el precio que se paga por el fracaso de la diplomacia". Éstas son palabras de Arnold Toynbee, el historiador británico con quien una vez entablé un diálogo que luego fue publicado. Fue su respuesta a las famosas palabras con las que Clausewitz afirmó que la guerra no era más que diplomacia conducida mediante "otras vías".


La historia está llena de trágicos ejemplos de guerras que fueron el resultado de estancamientos en el ámbito diplomático. Sea en nuestras comunidades locales o en las relaciones internacionales, un hábil uso de nuestra capacidad comunicativa para negociar y resolver las diferencias, es la primera evidencia de sabiduría humana. No podemos permitir que nuestro país repita la destructiva estupidez de los errores diplomáticos que nos condujeron a la Segunda Guerra Mundial.


Por esta razón, las relaciones internacionales no deben limitarse a los planos político y económico. Resulta en extremo vital que haya intercambios educativos y culturales que realcen el entendimiento mutuo entre los ciudadanos comunes de los distintos países. Esto es lo que me ha llevado a trabajar por abrirles un camino a los jóvenes, mediante un diálogo que una a las personas en la dimensión de lo que tenemos en común: que todos somos seres humanos.


En 1980, en mi quinta visita a la China, tuve la oportunidad de visitar Guilin, una región de magnífica belleza natural. Mientras esperábamos por nuestra embarcación, se nos aproximaron dos señoritas que vendían medicinas. Yo les pregunté en broma: "¿Tienen ustedes alguna medicina que me haga más inteligente?". En seguida respondieron: "¡Discúlpenos, acabamos de venderla!". Esto provocó un estallido de risas.


Cualquiera sea el país en que uno esté, nada es más gratificante que este tipo de encuentros con los jóvenes. Pocas cosas ofrecen una mejor vitrina que nos hable de la cultura de una tierra y su futuro. Cuando personas de diferentes culturas aprenden con respeto las unas de las otras y experimentan la rica diversidad de la herencia espiritual de la humanidad, se establecen las bases para una solidaridad amistosa y una valoración mutua de amplia repercusión. Con el tiempo, la cálida luz de la humanidad que brilla en los corazones de quienes persisten en este tipo de "diplomacia popular" puede comenzar a fundir incluso las gélidas barreras del prestigio nacional y los intereses competitivos.


Como miembro de la generación que soportó, a escala global, la maldad absoluta de la guerra, me siento personalmente responsable de hacer todo lo que esté a mi alcance, y trabajar con mis contemporáneos y con los miembros de las nuevas generaciones, por eliminar el azote de la violencia y los enfrentamientos armados.


Haciendo esfuerzos cada vez mayores para promover el diálogo y el intercambio, debemos trabajar sin descanso para despertar en cada joven una sólida fe en el poder que todo individuo posee para transformar la historia y crear el futuro.


[El 11 de mayo de 2006, el periódico The Japan Times publicó un editorial del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda. Este editorial es una columna que aparece el segundo jueves de cada mes.]