Presidente de la SGI :
Daisaku Ikeda
Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.
El día 10 de diciembre fue el "Día de los Derechos Humanos.
El más urgente de los problemas concernientes a los derechos humanos que enfrenta hoy nuestro planeta es, a mi parecer, la pobreza. La pobreza extrema amenaza el derecho que tienen las personas a la vida misma y hace imposible el goce de los derechos y libertades que son esenciales para que un individuo viva como le corresponde a un ser humano.
La realidad es que la pobreza extrema y sus consecuencias –no tener acceso a la nutrición, al agua potable y a la atención médica básica– cobran casi veinticuatro mil vidas al día. Durante la próxima hora, otras mil vidas se perderán.
Una dura comparación señala que este precio que estamos pagando sería equivalente a que cada treinta minutos se estrellara un avión con quinientos pasajeros, y a que tres de cada cuatro de esos "pasajeros" fallecidos fueran niños de cinco años o menos.
En septiembre del año 2000, los líderes del mundo se reunieron en las Naciones Unidas y allí adoptaron una serie de objetivos que posteriormente quedaron formalizados bajo el título de Metas de Desarrollo del Milenio (MDM). Entre los objetivos referenciales que deben cumplirse para el año 2015 se incluye una reducción a la mitad el número de personas que viven con menos de un dólar por día o que padecen hambre. No obstante, a pesar de las solemnes promesas que se hicieron en ese momento, el índice actual de progreso nos indica que estas metas no se lograrán.
Kemal Dervis, administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), advierte enérgicamente sobre el alto precio que habrá de pagarse si no se reduce la pobreza: "Esa sería una tragedia, sobre todo para los pobres del mundo, pero los países ricos no estarían inmunes a las consecuencias de este fracaso. En un mundo interdependiente, la prosperidad compartida y la seguridad de la colectividad, dependen de un modo crucial del triunfo de la guerra contra la pobreza".
A la sombra de quienes viven en la opulencia y el confort, consumiendo inmensas cantidades de recursos, un número incalculable de quienes pueblan el planeta vive atormentado por el hambre. Éste es un hecho que, en sí mismo, socava la dignidad del ser humano. Y es importante reconocer las reacciones en cadena de odio y violencia que se encienden en virtud de tan terrible desigualdad.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos habla muy claro sobre esta conexión en su Preámbulo: "(…) el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad".
La idea de la interdependencia es central a los postulados del budismo, el cual sostiene que todas las cosas llegan a existir en virtud de la mutua interacción de diversas causas y condiciones.
Nadie puede vivir completamente solo, ni puede país alguno, o sociedad alguna, existir en aislamiento. El budismo ilustra esto usando la analogía de dos bultos de caña. Si ambos se apoyan, se mantienen de pie, pero el derrumbamiento de uno los derrumbará a los dos.
Es crucial que tomemos verdadera conciencia de nosotros mismos como ciudadanos de la Tierra, conectados por vínculos que no se pueden disolver. Cuando reconocemos claramente esta realidad y nos afincamos en ella, nos sentimos impulsados a asumir una estricta responsabilidad por el modo en que vivimos.
Podría decirse, de hecho, que todo aquél cuya vida y dignidad sigue siendo amenazada por los problemas de pobreza que no han sido atacados, es víctima de "la violencia de la apatía" por parte de la comunidad internacional. El que no se tomen acciones a sabiendas del sufrimiento que esto ocasiona, sólo puede llamarse cobardía.
Es preciso recordar las palabras de Martin Luther King hijo: "Justicia demorada por largo tiempo es justicia denegada".
Hay esperanzas. Hay acciones que se pueden tomar. Muchas organizaciones no gubernamentales, entre otras instituciones, como también personas de buena voluntad, se han comprometido en la batalla contra la pobreza. Muhammad Yunus, Premio Nóbel de la Paz de este año, por ejemplo, ha sido una abanderado de los microcréditos, es decir, de pequeños préstamos que se hacen para respaldar las iniciativas comunitarias. Este tipo de esfuerzo ha dado pie a que un gran número de personas logre salir de la pobreza. Representan importantes nuevos modelos para la acción.
Pero hay una realidad que se mantiene inalterada, y es que las sociedades que habitan las regiones más pobres de la Tierra se encuentran tan agotadas, que los peldaños iniciales de lo que podría conducirlas al desarrollo, seguirán lejos de su alcance sin la asistencia de la comunidad internacional. La solución a este problema demanda la acción creativa y cuidadosamente estudiada de las agencias gubernamentales que movilizan los recursos a escalas a las que sólo ellos tienen acceso, en asociación con agencias de la ONU, gobiernos locales y organizaciones no-gubernamentales.
Según el PNUD, el costo de la eliminación de la pobreza mundial estaría por debajo del uno por ciento del ingreso global. En contraste, los gastos militares del mundo entero alcanzan ahora a un millón de millones de dólares estadounidenses. Si se reajusta este tipo de grotesco desequilibrio, empezaremos a satisfacer lo que la familia humana verdaderamente requiere para su seguridad.
La ayuda a los países pobres no es algo se deba emprender como un acto de piedad. Estamos hablando de mujeres y hombres, jóvenes o ancianos, cuya dignidad se ve afectada en sus esfuerzos por vivir en medio de circunstancias inimaginablemente difíciles. Y el hecho en sí de que estas personas se vean obligadas a vivir inmersas en el miedo y la inseguridad, es una violación a sus derechos humanos fundamentales.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios".
El segundo secretario general de la ONU, Dag Hammarskjold, lo expuso de esta manera: "Podría decirse que ‘la liberación del miedo’ resume la totalidad de la filosofía de los derechos humanos".
Los procesos de globalización económica han hecho más profundos los inseparables vínculos que unen nuestra vida diaria con el resto del mundo. Esta profundización nos obliga a que revisemos nuestras acciones cotidianas dentro de un contexto más amplio, y también nos proporciona mayores posibilidades para hacerlo. ¿En qué medida nuestras acciones influyen e impactan las vidas de las personas que habitan en países lejanos al nuestro? ¿No habrá algo que pudiéramos aprender del modo en que viven los demás? Pensando de esta manera, llegamos a percatarnos de que es mucho lo que podemos hacer, como individuos, para resolver la crisis de la pobreza.
La historia de la humanidad ha estado por mucho tiempo a la espera del momento en que una nueva esperanza y una nueva creatividad surjan de entre los más sojuzgados y oprimidos del planeta. Cuando las personas que han experimentado los mayores abusos desarrollen su propia capacidad, y ocupen el lugar que les corresponde en el corazón de la sociedad internacional, cuando su bienestar se convierta en el foco de nuevas ideas y nuevos pensamientos, nuestro mundo se verá enriquecido enormemente, no sólo en lo material, sino también en lo espiritual.
[El 14 de diciembre de 2006, el periódico The Japan Times publicó un editorial del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda. Este editorial es una columna que aparece el segundo jueves de cada mes.]
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