Presidente de la SGI :
Daisaku Ikeda
Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.
Al contemplar ese vasto horizonte que es el devenir histórico de la humanidad, la vida de una persona puede parecer pequeña e insignificante. Sin embargo, si bien es cierto que los seres humanos somos arrastrados por el flujo inexorable de los tiempos, también lo es que somos nosotros quienes creamos la historia.
El clamor de una persona que se levanta valerosamente por la justicia tiene el poder de iluminar el corazón de miles de individuos y hasta de cambiar el rumbo de la historia universal. Coincido con Jules Michelet (1798-1853), escritor y cronista francés, quien aseguraba que los verdaderos héroes de la historia eran las personas comunes. Tal como lo demuestran los acontecimientos del pasado, es el pueblo el que escribe la historia, no, los caudillos militares ni los que tienen en sus manos el poder.
Entre las obras de Michelet, hay un relato sobre madame Legros, una sencilla mujer dueña de una pequeña mercería.
Cierto día, madame Legros encontró una carta en la calle. Al recogerla, comprobó que estaba escrita por un preso político que se hallaba encarcelado en la Bastilla, lugar adonde muchas personas eran confinadas arbitrariamente por orden del Rey. El autor de la misiva había estado en cautiverio por más de treinta años, y el mensaje parecía estar dirigido a alguien en quien el preso había depositado sus esperanzas de liberación.
Al leer la carta, madame Legros intuye que el desconocido es inocente y decide salvarlo. Aun desprovista de las conexiones sociales necesarias, va de puerta en puerta solicitando ayuda para liberar al prisionero. Sin embargo, sus acciones solo cosechan críticas, y hasta es acusada de ser la amante del prisionero. Con el tiempo, la mujer pierde su tienda, sufre la muerte de sus padres y debe enfrentar el acoso de las autoridades.
A pesar de todo, madame Legros no se deja perturbar, desanimar ni atemorizar; por lo contrario, continúa persiguiendo su objetivo con ardor inquebrantable. En una oportunidad, alguien concierta un encuentro entre la buena señora y una dama de honor de la familia real; pero, para acudir a la cita, madame Legros tiene que recorrer a pie la gran distancia que separa París de Versailles, en un día de frío glacial, con siete meses de embarazo a cuestas. Finalmente, su petición llega al Rey, pero este le hace saber que jamás otorgará la libertad al cautivo.
Aun así, madame Legros no se da por vencida. Decide seguir luchando, valiéndose de su fe en el poder del pueblo. Continúa acercándose a todos aquellos que le prestan oídos y, gradualmente, logra concitar la aprobación pública a su cometido.
Finalmente, madame Legros alcanza su momento de victoria cuando, en 1784, el Rey, incapaz ya de seguir negándose, ordena la liberación del prisionero. Por primera vez, la Bastilla, ese recinto invulnerable, abre sus puertas, rendida ante el clamor de justicia de una mujer.
Así, al examinar la historia, podemos retroceder a la época en que vivieron sus diversos protagonistas y se desarrollaron los hechos. Encontraremos ardientes revolucionarios y fieros detractores; veremos personas que, aun deseando una vida pacífica, fueron empujadas a situaciones caóticas; hallaremos también individuos llenos de grandeza, que se levantaron desde el más infausto sufrimiento, para hacer posible lo imposible.
A medida que vayamos observando y comprendiendo cómo se desenvuelve el drama de los hechos históricos, iremos obteniendo gradualmente la capacidad de encarar la vida desde una concepción más amplia; entonces, sabremos de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde debemos dirigirnos.
En definitiva, estudiar la historia es estudiar la humanidad. En cierto sentido, conocer el pasado es conocerse a uno mismo. Es algo similar al estudio de los patrones climáticos. Aunque no se puede pronosticar el tiempo con precisión, podemos prever el comportamiento del clima de acuerdo con las estadísticas y las probabilidades. Del mismo modo, aunque el corazón humano sea impredecible, al contemplar la historia, es posible reconocer tendencias propias en las acciones de los demás. Por lo tanto, la historia puede convertirse en un espejo, que nos ayuda a trazar nuestro futuro.
Sin embargo, no todo lo que se registra y llega a nuestros días es reflejo fiel de la realidad. Considero vital para esta época que, en lugar de llegar a conclusiones apresuradas sobre un aspecto de la realidad, tratemos de captar la verdad total de las cosas. Muchos de los conflictos y gran parte de la ira que imperan en el mundo actual tienen su origen en los juicios que hacemos a la ligera, basándonos en conocimientos parciales.
Por ejemplo, siempre se sostuvo que Cristóbal Colón (c. 1451-1506) había descubierto América. No obstante, muchos pueblos ya vivían en el continente, largo tiempo antes de que él llegara a las costas americanas. Se trató, pues, de un descubrimiento desde el punto de vista europeo, pero no lo fue para los nativos.
Trágicamente, los "conquistadores" del llamado "Nuevo Mundo" fueron individuos tan centrados en sí mismos que, incapaces de comprender la condición humana de los pueblos indígenas, cometieron terribles masacres y esclavizaron a los nativos para saciar la demanda de mano de obra.
El concepto de "descubrimiento" del continente americano por parte de Colón les otorgó legitimidad a acciones similares llevadas a cabo por otros individuos. Dentro de la palabra "descubrimiento" se oculta una visión egoísta de la historia, que justifica la subyugación de seres humanos al servicio de los intereses de otros seres humanos.
Una historia fundamentada en el "descubrimiento", que obvia la idea de "explotación", es la que enseña que Fernando de Magallanes (c. 1480-1521) fue un "explorador" y no, un "invasor". Es la que ignora, por ejemplo, la lucha del caudillo filipino Lapu-Lapu (c. 1490- c. 1560), que defendió valientemente su tierra.
Es ese concepto de "colonización" el que se esconde detrás de la cruel invasión perpetrada por el gobierno militarista del Japón en el continente asiático. Desde el período Meiji, cuyos inicios se remontan a (1868-1912), el Japón intentó convertirse en la "Europa de Asia". Como resultado, la nación nipona subyugó a otros pueblos asiáticos, como hicieron los europeos con los indígenas de América, después de la llegada de Colón.
Más allá de cuáles hayan sido los vergonzosos actos perpetrados, es importante, por el bien del Japón y del mundo, que la verdad sea registrada y transmitida fielmente. Solo entonces podremos evitar repetir los mismos trágicos errores.
Hasta ahora, la transmisión de la historia ha estado regida por los intereses de los poderosos y ha dependido en gran medida de la política y de los gobiernos. Debemos reescribirla de modo que se centre en la gente común, en la vida de personas valientes como madame Legros, para que refleje el punto de vista de toda la humanidad. Tal como dijo Michelet: "Desde la primera página hasta la última, la historia ha tenido un solo héroe: el pueblo".
Nota bibliográfica
MICHELET, Jules: History of the French Revolution (Historia de la Revolución Francesa), traducido al inglés por Charles Cocks, Chicago, University of Chicago Press, 1967, pág. xiii. Traducción indirecta.
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