Presidente de la SGI

Presidente de la SGI : 
Daisaku Ikeda

Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.


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El doctor Jan Øberg, director de la Fundación Transnacional para la Paz y las Investigaciones sobre el Futuro


De la serie de ensayos "¡QUE HERMOSA ES LA VIDA!"


(Traducción del original en japonés publicado el 10 de noviembre de 2002 en el Seikyo Shimbun, diario de la Soka Gakkai)

"¡Vivimos en una época de locos; estamos todos locos!", decía una joven madre musulmana en Sarajevo.(1) En la ex Yugoslavia, se enterraron diez millones de minas terrestres. Algunas de ellas, diseñadas con el aspecto de huevos de chocolate o de helados. ¿Para qué? Para tentar a los niños y hacer que estos las recojan. Una pequeñita fue instantáneamente asesinada por una bomba oculta en un oso de peluche.


¿Quién pone estas bombas? ¿Quién las fabrica? ¿Quién gana dinero vendiéndolas? ¿Por qué no se puede ponerles fin? ¿Hay algo que podamos hacer nosotros?


Entrevista tras entrevista


De acuerdo con el investigador escandinavo en estudios para la paz, Jan Øberg, cofundador y director de la Fundación Transnacional para la Paz y las Investigaciones sobre el Futuro (TFF por sus siglas en inglés), lo importante no es dejar el área de conflicto, sino mantenerse bien cerca de la realidad y escuchar la voz de la gente común, para, luego, conseguir que esas voces sean difundidas en todo el mundo. Es la única manera de lograr la paz, asegura con firmeza.


El doctor Øberg y sus colegas realizaron exhaustivas investigaciones en la ex Yugoslavia arrasada por la guerra, donde la violencia comenzó a estallar en 1991. Cuando lo conocí, en diciembre de 1995, había estado más de veinte veces en dicho país, donde entrevistó a mil doscientos habitantes. Un investigador sobre la paz que no acude personalmente al escenario de la resolución de conflictos es como un médico que atiende a sus pacientes sin examinarlos.


Y esto no sólo es válido en las investigaciones sobre la paz. Lo mismo se aplica a quienes toman decisiones políticas. El doctor Øberg señala que en nuestra sociedad no se permite operar a alguien que no ha recibido una exhaustiva formación médica, pero, sin embargo, sin ninguna capacitación específica, los políticos, presidentes y diplomáticos hacen intervenciones "quirúrgicas" en las regiones conflictivas del mundo. No debería asombrarnos que el paciente llamado "Yugoslavia" haya muerto. La comunidad internacional, dice, hizo mucho para responder a la crisis de la ex Yugoslavia, pero, para el doctor Øberg, estas medidas fueron como las de un médico que, sin haber considerado la causa de la enfermedad de un paciente, amputa por error una pierna perfectamente sana.


Nichiren Daishonin compara los métodos para pacificar la sociedad con el arte de la medicina, y advierte severamente a los poderosos que el tratamiento inapropiado jamás logrará generar la paz. "Si uno trata la enfermedad de alguien sin conocer su causa", declaró, "sólo conseguirá agravarla más aún".(2) De la misma manera, el doctor Øberg propone una "medicina para los conflictos" y "médicos especializados en conflictos", que traten esta enfermedad de las sociedades. Es decir, "científicos" y "técnicos" que trabajen por la "salud" de la humanidad, por la paz y la reconciliación.


El primer paso es el diagnóstico adecuado. El doctor Øberg y su equipo hablaron con un amplio espectro de gente, desde jefes de Estado hasta refugiados. Dialogaron con madres que habían perdido a sus hijos en la guerra, con soldados, periodistas, granjeros, sacerdotes, maestros, funcionarios y comerciantes. Cuanto más escuchaban las voces del pueblo, más claro se veía que el mensaje transmitido al resto del mundo estaba completamente distorsionado.


Un ejemplo era la mentira de que el conflicto en la ex Yugoslavia se debía al profundo odio de larga data entre los distintos grupos étnicos. Una joven con la que hablaron en Zagreb dijo:



Hasta hace unos pocos meses, casi no sabía cuáles de mis amigos eran serbios y cuáles, croatas. Pero ahora todo cambió. Hay empresas que hacen a sus empleados llenar formularios donde deben indicar su "nacionalidad". Durante el último censo, a los ciudadanos de Croacia se les pidió que mencionaran si eran croatas o si pertenecían a la minoría serbia o a otro grupo étnico. En situaciones como estas, recuerdo lo que escuché decir sobre la forma en que se trataba a los judíos en el "Tercer Reich" de Hitler.(3)


Antes de que estallara la violencia, los miembros de los distintos grupos convivían pacíficamente en una misma comunidad o lugar de trabajo, y los casamientos interétnicos eran algo muy común. Sin embargo, surgieron líderes políticos que incitaron el fervor nacionalista y deliberadamente exacerbaron la conciencia étnica, dividiendo a la población con criterios raciales.


Una niña de once años desenmascaró el ardid en Sarajevo:



Entre mis amigas y amigos, en nuestra familia, hay serbios, croatas y musulmanes. Es un grupo mixto y yo nunca me puse a mirar quién pertenecía a cuál etnia. Pero ahora la política se ha metido en el medio de todo. Les ha puesto una gran "C" mayúscula a los croatas, una "S" a los serbios, una "M" a los musulmanes, para separarlos. […] ¿Por qué la política viene a hacernos sufrir, a separarnos, cuando nosotros sabíamos perfectamente quién era bueno y quién era malo? Nosotros nos hacíamos amigos de los buenos, no de las malas personas. Y entre los buenos había musulmanes, serbios y croatas, y lo mismo sucedía con los malos. Es algo que no llego a entender. Ya sé que soy una "niña" y que la política es cosa de "grandes". Pero creo que los "niños" lo haríamos mejor. Al menos no habríamos elegido la guerra.(4)


Pero los adultos escogieron la guerra. Alik, un refugiado de trece años, recuerda:



Los soldados nos ordenaron abandonar nuestro hogar, y luego lo incendiaron. Después nos llevaron a un tren, y una vez allí, a todos los hombres los hicieron arrojarse al suelo. Entonces, escogieron entre el grupo a quiénes iban a matar. Se llevaron a mi tío y a un vecino, y los acribillaron a balazos con una ametralladora.(5)


Cuando se informa que los serbios mataron a alguien, todos los serbios son denunciados. Así se fabrica el odio étnico. Un periodista comentaba: "Las tensiones y los conflictos étnicos no surgen espontáneamente; son incitados, agravados y organizados hasta que adquieren la forma de un conflicto armado".(6)


Aunque a los representantes clave de cada uno de los distintos grupos étnicos en conflicto se los invita a participar en negociaciones de paz, no se invita a dialogar a los representantes de la inmensa mayoría ciudadana que anhela vivir armoniosamente, sin reparar en las diferencias de grupo o de raza. ¿Cómo podemos confiar en que las negociaciones triunfen, cuando sólo participan en ellas políticos partidarios del nacionalismo étnico?


El doctor Øberg me dijo que cuando uno recorre el escenario de los conflictos, no tiene ningún sentido tratar de comprender la realidad de la situación categorizándola como conflicto étnico o tratando de explicar sus causas desde esa perspectiva. Aunque hablaba con voz calma, sus palabras resonaban de furia contenida y de desprecio. De acuerdo con su análisis, el conflicto en la ex Yugoslavia no fue ni un conflicto étnico-religioso ni tampoco el resultado inevitable del ocaso comunista en la región. El doctor Øberg explicó que la disolución de la república socialista yugoslava, acaecida en condiciones económicas cada vez más débiles, fue explotada por las naciones más poderosas del mundo, que querían cerciorarse de que el orden mundial de la posguerra fría fuese reestructurado de una manera que les resultase favorable a sus propios intereses. Esto sólo amplificó la magnitud de la tragedia. Además, dijo, los líderes políticos locales se aprovecharon del nacionalismo para sus propios fines y exacerbaron el sentimiento de fanatismo fomentando choques entre grupos étnicos.


El peligro de simplificar excesivamente las cosas


La ex Yugoslavia ha sido descrita como un país con siete fronteras, seis repúblicas, cinco grupos étnicos, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un único nombre. De acuerdo con el doctor Øberg, cuando se habla del "conflicto en la ex Yugoslavia" en realidad se está haciendo referencia al menos a treinta conflictos diferentes. Las causas y las historias de estas disputas son extremadamente complejas y se interrelacionan de manera intrincada unas con otras.


No obstante, los medios de comunicación y los responsables de tomar las decisiones políticas han mostrado una marcada tendencia a la simplificación excesiva. Y el peligro más grande de esta actitud es a mirar el problema sólo en blanco y negro, sin reconocer sus matices, desde una óptica maniqueísta. En consecuencia, la comunidad internacional, que debería actuar como mediadora justa e imparcial, terminó reduciendo la guerra civil en la ex Yugoslavia en una lucha entre buenos y malos.


Casi sin excepción, a los serbios se los rotuló de "malvados", mientras que a los demás grupos se los victimizó. Esta fue la imagen y la historia que se hizo circular por el mundo. Y una vez que la versión quedó establecida, toda información que no coincidía con ella era desechada, y todo aquello que fortalecía la historia era reproducido y transmitido por todo el mundo. Aunque se perpetraron masacres en todos los bandos, sólo se informaban masivamente las que cometían los serbios. Como observó un investigador: "Los medios de comunicación realmente no están interesados en la verdad. Lo único que quieren es confirmar sus ideas preconcebidas. Por eso no examinan los hechos que no se ajustan a sus creencias. Es algo temible".(7)


Tampoco fue accidental. Se sabe que, a decir verdad, una firma de relaciones públicas contratada por uno de los grupos que combatían a los serbios desempeñó un papel decisivo a la hora de difundir esta imagen distorsionada de Serbia.(8) Lo cierto es que este país, marginado por la comunidad internacional, sintió que tenía a todo el mundo en contra. Naturalmente, en este marco fue imposible arribar a negociaciones de paz objetivas y fructíferas, de modo que la lucha continuó.


No se puede mediar imparcialmente, dice el doctor Øberg, cuando uno critica fuertemente a uno de los bandos. No puede haber paz cuando se atenta contra los derechos de una de las partes.


La excesiva simplificación del conflicto, al manchar y condenar a una de las partes, fácilmente abrió el camino para la intervención militar con la cual "castigar" a los malos. En síntesis, se estigmatizó a uno de los sectores, precisamente para justificar el uso de la fuerza militar.


Hace más de setenta años, el diplomático británico lord Arthur Ponsonby (1871-1946) describió en su libro Falsehood in Wartime (La falsedad en tiempos de guerra) los eternos argumentos de propaganda política que hacen circular los líderes de la guerra. La historiadora belga Anne Morelli recientemente hizo un aporte valioso al reformular las ideas de Ponsonby sobre la propaganda beligerante en diez principios:



  1. Nosotros no queremos ir a la guerra.
  2. La otra parte es la única responsable de que haya guerra.
  3. El enemigo es la corporificación del demonio.
  4. Lo que defendemos es una causa noble, y no un conjunto de intereses particulares.
  5. El enemigo comete atrocidades a sabiendas; si nosotros cometemos errores, es involuntariamente.
  6. El enemigo usa armas no autorizadas.
  7. Las bajas nuestras son muy pocas; las bajas del enemigo son cuantiosas.
  8. Los artistas e intelectuales apoyan nuestra causa.
  9. Nuestra causa es de naturaleza sagrada.
  10. Los que cuestionan nuestra posición son traidores.(9)


Las mentiras y los prejuicios promueven la guerra, y la guerra, a su vez, promueve las mentiras y los prejuicios.


El doctor Øberg advierte que en muchos países los medios de comunicación son más una organización al servicio del gobierno que un poder no gubernamental. Las decisiones y medidas políticas que se adoptaron con respecto a la ex Yugoslavia, advierte, no se basaron en la realidad, sino en la realidad que mostraron los medios. ¿Cuál es el valor de una estrategia "realista" para lograr la paz, cuando se basa en una visión distorsionada de la realidad?


La violencia es el recurso de los cobardes


Sandra, una niña de diez años de Vukovar, recuerda: "Hay tantas personas que no han pedido esta guerra, ni han pedido la tierra negra que hoy cubre su cuerpo. Entre ellas, muchos de mis amigos".(10)


Aunque podamos aprender a curar las enfermedades, jamás podremos eliminar la enfermedad de por sí. El conflicto tampoco desaparecerá totalmente de la faz de la sociedad humana. Nuestra elección yace en responder a estos problemas de manera eficaz o ineficaz, cuando estos se presentan. Si respondemos eficazmente, el problema (la enfermedad) puede ser un estímulo para el progreso y la creatividad y hacer de nosotros personas más sanas y fuertes. El Budismo también enseña la inseparabilidad entre la salud y la enfermedad.


Por otro lado, si no diagnosticamos y tratamos el problema correctamente, dice el doctor Øberg, el conflicto crecerá hasta cobrar las dimensiones de una guerra cruel y violenta. Como investigador dedicado a la paz, ha formulado las siguientes observaciones:



  1. "La guerra es un síntoma de fracaso. Significa que no hemos podido tratar adecuadamente el conflicto que ha dado lugar al enfrentamiento armado".
  2. "La violencia nace de la frustración de no poder resolver eficazmente el conflicto".
  3. "Los cobardes e intolerantes concluyen que la fuerza armada es la única opción viable. En cambio, la no violencia es la convicción constructiva en que existen otras opciones".
  4. "No se puede curar a alguien enfermo castigándolo y atacándolo; de la misma manera, el conflicto no se puede solucionar por medio de la fuerza, que sólo agrava el problema y torna mucho más difícil hallar una solución eficaz a largo plazo".
  5. "La violencia genera algo imposible de reparar; la matanza es un hecho irreversible".


Los bombardeos de la ex Yugoslavia también acabaron con la vida de miles y miles de personas, y convirtieron en refugiados a cientos de miles de inocentes. Aunque algunos dicen, a modo de defensa, que el mundo no podía permanecer de brazos cruzados mientras el conflicto crecía y se amplificaba, esta postura fue refutada por el profesor Noam Chomsky: "Supongamos que uno ve un crimen en la calle, y siente que no puede ignorar lo que está sucediendo; así que uno toma una ametralladora y mata a todas las personas involucradas: al asesino, a la víctima, a los transeúntes… ¿Se nos quiere hacer entender que ésta es la respuesta moral y racional?".(11)


Tampoco podemos olvidar que había traficantes de armas y otros que se beneficiaron y se llenaron los bolsillos con esta guerra.


Establecer una cultura de paz


La guerra y la paz. No son hechos distantes y remotos; están aquí, junto a nosotros, en este momento.


La mentalidad beligerante y la cultura de la guerra se ponen de manifiesto cuando, sin un serio afán de escuchar y de aliviar el dolor de ambas partes, se busca "resolver" los conflictos del mundo recurriendo a la fuerza militar para castigar a "los malos" y eliminar el problema. Este pensamiento está profundamente arraigado no sólo en la política global, sino también muy cerca del hogar. Por eso, la base para establecer la paz yace en forjar en todas las áreas de la sociedad un compromiso básico con las soluciones no violentas para resolver los conflictos y una educación que inculque desde la infancia una firme cultura de paz en los ciudadanos.


Un grupo educacional de los Estados Unidos está haciendo un esfuerzo para enseñar a los niños la no violencia desde el nivel preescolar. Por ejemplo, la limpieza es un conflicto que se repite con frecuencia en cierta guardería. Para que los niños reflexionen sobre la situación, los maestros inventaron una representación con títeres.


Los personajes, interpretados por marionetas, son tres niños que se entretienen con juguetes. En eso, entra una marioneta adulta y les dice que, en cinco minutos, tendrán que empezar a ordenar la sala. Los niños se quejan y rezongan, y ofrecen variadas excusas: "Estoy muy cansado"; "No me siento bien"; "Me duele la pierna"; "Yo no usé ese juguete así que no me toca ordenarlo"; "Tengo que ir al baño"… Cuando los pequeños miran la obra teatral no pueden reprimir las carcajadas, al reconocer sus propias actitudes representadas por las marionetas.


Entonces, los maestros interrumpen el espectáculo y les preguntan a los niños de qué manera podrán resolver el problema los títeres. Entonces, al ver que los maestros necesitan ideas para su espectáculo, los niños comienzan a pensar soluciones. Y esto es lo que informan los docentes sobre la producción infantil:



  1. "Los maestros tendrían que pegar a los niños por no querer limpiar". (La violencia como solución). Se dialogó sobre esta propuesta y llegamos a la conclusión de que a nadie le gusta ser golpeado.
  2. "Los maestros tendrían que gritarles a los chicos". (Castigo y sanciones). Pero todos coincidimos en que a nadie le gusta que le griten.
  3. "Nadie tendría que limpiar. Mejor es dejar todo como está". (Ignorar y evadir el problema.) Se conversó sobre esta sugerencia, y vimos que, a veces, puede funcionar, pero que así también es como las cosas se rompen, se pierden y nos hacen tropezar cuando se interponen en nuestro camino.
  4. Finalmente, llegó la solución: "Todos tendrían que limpiar juntos, los grandes y los chicos". Conversamos sobre esta propuesta. "¿Nos gusta limpiar?". No; todos estuvimos de acuerdo en que no es divertido. "¿Por qué lo hacemos, entonces?". Y siguió el debate…
  5. (12)


Después de la charla, los maestros interpretaron la segunda parte del espectáculo basada en las sugerencias de los niños. Entonces, a los chicos se les permitió jugar con las marionetas y hacer su propio número artístico. Desde entonces, según informan los maestros, el problema de limpiar y ordenar se redujo a la mitad.


Estoy seguro de que muchos pensarán, igual que yo, que los dirigentes políticos del mundo tienen mucho que aprender de este episodio.


La paz por medios pacíficos


El doctor Øberg dice que, cuando se debate sobre la paz, el aspecto más frecuentemente omitido es la dimensión humana:



¿Cómo puede ser que tan a menudo hablemos de restablecer la paz después del daño y del dolor que causan las guerras sin prestar atención a los aspectos humanos de los conflictos en general y, particularmente, sin detenernos en el perdón y en la reconciliación? Por ejemplo, pensemos en Bosnia y en Croacia desde 1995, pensemos en Kosovo en la actualidad, o en Somalia, o en… ¿Realmente hubo alguien que tendiera sus brazos abiertos o dijera ‘Te perdono…’? ¿Realmente hubo un acercamiento mutuo basado en la confianza? ¿Alguien aprendió cómo hacer frente al pasado, no para olvidarlo ni para echar culpas unos a otros, sino para reconocer lo sucedido y aprender a evitar que suceda una vez más? ¿Podemos decir que esto sucedió siquiera en Sudáfrica?(13)


¿Y qué hay del Japón? ¿Hemos rectificado los errores de nuestra historia pasada?


El doctor Øberg sigue diciendo:



Es fácil reparar la infraestructura y las viviendas; es fácil repartir dinero y hablar de derechos humanos. Pero ¿qué pasa si la gente sigue rumiando odios y rencores? ¿Habrá alguien que pueda sentirse realmente feliz y en paz consigo mismo? ¿Y qué sucederá con sus hijos? ¿Qué clase de sociedad tendremos si no conseguimos curar las almas y si no ayudamos a construir tolerancia, convivencia y hasta cooperación y amor entre los habitantes?(14)


No se hace fuego con agua. La paz sólo puede obtenerse a través de medios pacíficos.


El doctor Øberg, junto a su esposa, la doctora Christina Spännar y otros investigadores dedicados a la paz, ha realizado sesiones de estudio de conflictos en toda la ex Yugoslavia, con participantes que experimentaron realmente el horror de la guerra. Cuando estas personas arribaban a las sesiones, se encontraban frente a frente con individuos del "grupo étnico enemigo". "Esta gente mató a mi marido… Estos secuestraron a mi hijo…", clamaban.


Sin embargo, el doctor Øberg tenía un claro propósito, y era que los participantes pudiesen hablarse unos a otros no como representantes de un grupo étnico, sino como seres humanos, como individuos.


En una de las sesiones convergieron un joven serbio y unos niños croatas; eran miembros de grupos étnicos considerados "enemigos mortales". Y también participaron los padres. La atmósfera era glacial. El doctor Øberg pidió a cada persona que contara su historia, lo que de veras le había sucedido, con la condición de que se limitaran a los hechos que habían experimentado personalmente y que evitaran culpar a otros. Era su primera oportunidad de hablar cara a cara con "el enemigo".


Lo que finalmente afloró, con voz entrecortada, fue su inmenso dolor. Todos echaron a llorar, los que hablaban y los que escuchaban… Y entonces comprendieron que habían sufrido por igual, que todos eran víctimas de los mismos errores trágicos. Después de un tiempo, el llanto cedió paso a la risa y algunos hasta se hicieron amigos; otros, comenzaron a trabajar juntos en diversos proyectos.


El doctor Øberg dice que esta fue "una de las experiencias más conmovedoras" de su vida.


"¿Por qué no ponemos en marcha comités de reconciliación y de verdad antes de que estallen las guerras?",(15) se pregunta. "Podríamos aprender a combatir la guerra y la violencia, en lugar de combatir a nuestros semejantes".(16) Nosotros apoyamos el alegato apasionado del doctor Øberg. Lo apoyamos con todo nuestro ser y con toda nuestra alma. ¡Esta es la verdadera justicia!



[El doctor Jan Øberg nació en Dinamarca en 1951. Este investigador dedicado a la paz y al futuro es Doctor en Sociología. Se ha desempeñado como director del Instituto de Investigaciones para la Paz de la Universidad de Lund y, también, como secretario general de la Fundación Danesa para la Paz. En 1986, él y su esposa, la doctora Christina Spännar, crearon la Fundación Transnacional para la Paz y las Investigaciones sobre el Futuro (TFF). Además de su trabajo como director de la TFF, el doctor Øberg también es presidente del directorio de la fundación. Quienes deseen más información pueden consultar la página de la institución en Internet, en la dirección http://www.transnational.org/.



Notas:



1. JARMAN, Peter y ØBERG, Jan: Learning Conflict and Teaching Peace in Former Yugoslavia: A Course Report (Aprender sobre el conflicto y enseñar sobre la paz en la ex Yugoslavia: Informe de un curso), Lund, Suecia, Transnational Foundation for Peace and Future Research, 1998, pág. 46.


2. The Writings of Nichiren Daishonin (WND), pág. 774.


3. HENRICSON-CULLBERG, Marta; SCHIERUP, Carl-Ulrik; SOMMELIUS, Sören y Jan ØBERG: After Yugoslavia, What?—Report by a Conflict-Mitigation Mission to Croatia, Slovenia, and Serbia, September 1991 (Después de Yugoslavia, ¿qué? – Informe de una misión paliativa de conflictos a Croacia, Eslovenia y Serbia, septiembre de 1991), Lund, Suecia, Transnational Foundation for Peace and Future Research, 1991, pág. 23.


4. FILIPOVIC, Zlata: Zlata’s Diary: A Child’s Life in Sarajevo (El diario de Zlata, la vida de una niña en Sarajevo), trad. por Christina Pribichevich-Zorić, Nueva York, Viking, 1994, págs. 102–103.


5. UNICEF: I Dream of Peace (Sueño con la paz), Nueva York, Harper Collins, 1994, pág. 59.


6. CHIDA, Zen: Naze Senso wa Owaranai ka (¿Por qué la Guerra no tiene fin?), Tokio, Misuzu Shobo, 2002. Traducción indirecta del japonés.


7. IWATA, Masayuki: Yugosurabia Taminzoku Senso no Joho-zo (Informe sobre el conflicto étnico en Yugoslavia), Tokio, Ochanomizu Shobo, 1999, pág. 154. Traducción indirecta del japonés.


8. TAKAGI, Toru: Document: Senso Kokoku Dairiten—Joho Sosa to Bosunia Funso (Documento: La agencia de propaganda bélica: La manipulación informativa durante el conflicto de Bosnia), Tokio, Kodansha, 2002. Traducción indirecta del japonés.


9. MORELLI, Anne: Principes élémentaires de propagande de guerre (Principios elementales de la propaganda bélica), Bruselas, Éditions Labor, 2001. Traducción indirecta del francés.


10. I Dream of Peace, ed. cit., pág. 56.


11. CHOMSKY, Noam: The New Military Humanism: Lessons from Kosovo (El nuevo humanismo militar: Las lecciones de Kosovo), Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999, pág. 156.


12. A Manual on Nonviolence and Children (Manual sobre la no violencia y los niños), compil. y edit. por Stephanie Judson, Philadelphia, New Society Publishers, 1984, pág. 43.


13. ØBERG, Jan: Preventing Peace: Sixty Examples of Conflict Mismanagement in Former Yugoslavia Since 1991 (Impedir la paz: Sesenta ejemplos de mala resolución de conflictos en la ex Yugoslavia desde 1991), Lund, Suecia, Transnational Foundation for Peace and Future Research, 1999, pág. 54.


14. ØBERG, Jan: Preventing Peace: Sixty Examples of Conflict Mismanagement in Former Yugoslavia Since 1991 (Impedir la paz: Sesenta ejemplos de mala resolución de conflictos en la ex Yugoslavia desde 1991) , pág.

54

15. ØBERG, Jan: The World Needs Reconciliation and Forgiveness Centres (El mundo necesita centros de reconciliación y de perdón) Lund, Suecia, Transnational Foundation for Peace and Future Research, 1999, pág. 21.


16. Ib., pág.11