Presidente de la SGI :
Daisaku Ikeda
Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.
Hay una máxima griega que afirma que no existe mejor educación que las dificultades. La educación no es simplemente una empresa teórica. No se limita al intelecto. Es acción y práctica, y debe estar arraigada en comprender qué es correcto y justo. El verdadero propósito de la educación es elevar la personalidad de los seres humanos, hacer florecer la sociedad humana y crear un mundo pacífico.
El educador Kanzo Uchimura (1861-1930) se lamentaba de que el sistema educativo del Japón de su época parecía forjar personas cuyas dotes intelectuales estuviesen dirigidas a evitar los obstáculos y las dificultades. El verdadero objetivo de la educación debe ser desarrollar la capacidad de desafiar y superar las dificultades.
Recientemente, la reforma educativa fue uno de los temas prioritarios en la política. Bajo la nueva administración de Jun’ichiro Koizumi, se está considerando y debatiendo la modificación de la Ley Fundamental de Educación del año 1947.
Según mi opinión, deben evitarse todas las modificaciones precipitadas y poco evaluadas. Los ideales universales enumerados en la ley, como el énfasis que se da en el desarrollo de la personalidad, le da voz a la verdadera misión de la educación. Su validez y relevancia permanecerán firmemente en el nuevo siglo.
Hay quienes señalan la naturaleza ambigua o abstracta de los valores de la "personalidad" y la "individualidad" establecidos por la ley. Debido a que es una ley fundamental, de carácter ampliamente constitucional, la universalidad que pudo lograrse mediante ese lenguaje abstracto, debe considerarse un beneficio y utilizarse como aspecto positivo.
En primer lugar, la tendencia aparentemente imparable hacia la globalización hace que los intereses nacionales y de la humanidad en su totalidad sean cada vez más inseparables. Es sumamente importante que los jóvenes desarrollen una perspectiva verdaderamente universal y cosmopolita.
En segundo lugar, los valores específicos y concretos que se establecieron, por ejemplo, en el Decreto Imperial sobre Educación [1], no son adecuados para una ley fundamental. Por el contrario, al sancionarlo y codificarlo legalmente de esta manera, inevitablemente se generaría coerción y autoritarismo.
Hoy en día, ninguna tradición ni institución conserva todo su prestigio. La familia, considerada la forma más antigua de comunidad, se ve sacudida por una profunda transformación. El hecho de ofrecer una simple instrucción moral sin confrontar estas profundas tendencias será considerado y rechazado como un esfuerzo anacrónico por volver a retroceder las manecillas del tiempo.
Debo aclarar que no le estoy restando importancia a la historia o a la cultura tradicional del Japón, sino todo lo contrario.
Un notable educador, quien falleció en la cárcel como resultado de su resistencia al gobierno militar durante la guerra, afirmó: "Sólo dentro del contexto de la comunidad local podemos forjar las cualidades del amor compasivo, la buena voluntad, la amistad, la bondad, la sinceridad y la honestidad, y cultivar la verdadera nobleza de corazón". La base de una genuina riqueza de espíritu puede establecerse sólo mediante los esfuerzos por respetar la cultura específica y las tradiciones de la comunidad.
De más está decir que ni el cultivo de esas cualidades, ni el desarrollo general de la personalidad se pueden lograr mediante la coerción impuesta desde afuera. Esos esfuerzos deben surgir del interior, y deben estar guiados por el deseo autónomo de la persona.
La Ley Fundamental de Educación está estrechamente relacionada con la filosofía educativa de John Dewey (1859-1952), quien hacía hincapié en el funcionamiento espontáneo del espíritu humano. Al declarar que "todo lo que es claramente humano se aprende", Dewey afirmaba que el rol de la educación es desarrollar nuestro potencial innato. Creo que este enfoque debe guiar nuestros esfuerzos hacia la reforma educativa en el Japón.
La totalidad de mi vida está dedicada a la educación. Gracias a este esfuerzo, he llegado a la conclusión de que la profunda interacción de persona a persona en las aulas, en el hogar y en la comunidad es lo que da rienda suelta a la capacidad innata de los niños para crear y desarrollarse.
Debemos apuntar a una sociedad que satisfaga las necesidades esenciales de la educación. La educación no se debe diseñar según lo que se percibe como "necesidades de la sociedad". Tanto la sociedad como el estado existen en bien de la educación. Esta clase de cambio de paradigma es lo que se requiere si queremos transmitir una brillante alegría de vivir a los niños del siglo XXI.
El primer ministro Koizumi, quien estaba a favor de la reforma, ha permanecido bastante callado respecto del tema de la educación. En todo caso, ésa es la impresión de muchos de los japoneses. Espero que recuerde brindarle a la educación la máxima importancia. La educación es la clave para el futuro; es la base sobre la cual pueden construirse la paz del mundo y la cultura. La educación es la empresa fundamental que nos permite a los seres humanos saborear la felicidad.
1. El Decreto Imperial sobre Educación (Kyoiku Chokugo) fue emitido por el Emperador Meiji el 30 de octubre de 1890 y permaneció vigente hasta finales de la segunda guerra mundial.
Al enaltecer los valores de la lealtad y la piedad filial, el Texto Imperial sobre Educación se utilizó como un principio rector absoluto para la educación, y como una poderosa herramienta de adoctrinamiento ideológico.
© Soka Gakkai Internacional. Todos los derechos reservados.