Presidente de la SGI :
Daisaku Ikeda
Daisaku Ikeda es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.
La ignorancia es algo peligroso. Sin un conocimiento de los hechos, los estereotipos, y las imágenes que éstos generan, adquieren siempre su propio impulso y proliferan sin control.
Debido a que se cree que los perpetradores de los horrorosos ataques terroristas son de origen árabe, oro para que las personas no lleguen de inmediato a la conclusión de que todos los árabes son peligrosos, y que el Islam promueve la violencia. De ninguna manera es verdad que los mil doscientos millones de musulmanes que viven en el mundo sean violentos. El actual resurgimiento del Islam, que se confunde a veces con el fundamentalismo islámico, tampoco es un movimiento masivo monolítico. Los extremistas constituyen una minoría muy pequeña; la mayoría son moderados.
Resulta obvio que, cualquiera sea su motivación, todo acto de terrorismo es condenable, es un error. Sin embargo, no debemos, de ninguna manera, tratar al terrorismo como una consecuencia inevitable de la fe en los principios del Islam.
En el conflicto del Medio Oriente, existe una enorme y complicada maraña en la que –entre otros factores– se encuentran interconectados el problema palestino y la Guerra del Golfo, así como los intereses particulares de la industria petrolera, y los de los complejos militares e industriales. Considerarlo un conflicto entre el bien y el mal es simplista y peligroso.
La humanidad jamás verá la luz de la paz mientras una parte busque subyugar a la otra por la fuerza, y ambas queden atrapadas en un círculo vicioso de venganza que exige ojo por ojo, y vida por vida.
Nosotros abrazamos y admiramos los valores e ideales de la civilización occidental, por ello instamos a la humanidad a buscar resueltamente el camino de la no violencia, el camino realmente digno del mundo civilizado. Insistimos en que debe establecerse un tribunal internacional imparcial para juzgar a los responsables de actos de guerra y terrorismo. Insistimos en que se hagan todos los esfuerzos para transformar la desconfianza en confianza. Creo que éste es el antídoto más eficaz y fundamental contra el terrorismo y su repugnante veneración a la violencia.
No puede pasarse por alto la importancia del diálogo. No debe permitirse acto alguno que obstaculice su libre intercambio. Porque a menos que pongamos fin a una era signada totalmente por la fuerza de las armas, el siglo XXI no será diferente del siglo XX, y volveremos a vivir un siglo de guerra.
Existen varias medidas a corto plazo que pueden implementarse para combatir la violencia y el terrorismo, pero la única solución viable y fundamental a largo plazo es la educación. Si queremos establecer, en esta época de cambios tumultuosos, los cimientos de la paz y la estabilidad para la humanidad. No tenemos otra alternativa que no sea educar a las personas sobre los más elevados valores humanitarios y las más elevadas perspectivas de vida, Debemos luchar para hacer surgir un siglo que mantenga la dignidad de la vida, un siglo que predique la educación humanista.
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