Presidente de la SGI

Presidente de la SGI : 
Daisaku Ikeda

Daisaku Ikeda es el presidente de la Soka Gakkai Internacional (SGI), una organización mundial con más de doce millones de miembros en 190 países y territorios, y fundador de varias instituciones educativas, culturales y de investigación.


Es un escritor prolífico, poeta y activista de la paz, reconocido como uno de los intérpretes más importantes del budismo, quien con su sabiduría influye en muchas de las cuestiones contemporáneas que enfrenta nuestra humanidad.


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El desafío de un fortalecimiento global:
Educación para un futuro sostenible


Daisaku Ikeda, presidente de la Soka Gakkai Internacional
Agosto de 2002

La necesidad de cambio


Han pasado diez años desde que se realizó la Cumbre de la Tierra en el Brasil, un evento que, sin duda, irradió un rayo de luz sobre la necesidad de proteger el ambiente global. Desde entonces, el término “desarrollo sostenible” se ha convertido en parte integral de nuestro vocabulario; y podríamos decir que, en algunos frentes, ha habido avances. Sin embargo, en líneas generales, no se han cumplido los acuerdos a los que se llegó en Río, y lo acumulado hasta la fecha no ha ido al mismo ritmo que la degradación de los ecosistemas que habitan el planeta. Sin duda alguna, no podemos permitir que esta situación se perpetúe en el siglo veintiuno.


Para resolver esta crisis, será necesario un incremento en la utilización de conocimientos, tecnología y recursos económicos. Pero lo que está fallando en el nivel más fundamental, según mi punto de vista, son elementos intangibles. Tal es el caso de la solidaridad, el tener objetivos comunes con los demás pobladores de la Tierra y un sentido de responsabilidad por las generaciones futuras.


En junio de este año, tuve la oportunidad de reunirme con el señor Tommy E. Remengesau hijo, presidente de la República de Palaos, una nación insular de la que se dice es como una joya colocada en el Océano Pacífico. En ese momento, dialogamos sobre la crisis medioambiental, y el presidente Remengesau compartió conmigo sus profundas preocupaciones. “El recalentamiento global”, dijo, “es un problema sumamente serio para los pobladores de Palaos. Los niveles del océano han subido y el agua salada está invadiendo los acuíferos. La belleza natural de nuestras islas está bajo amenaza. El fenómeno del Niño ha causado escasez de lluvias y esto ha hecho progresar la destrucción de nuestros arrecifes de coral. La temperatura del agua ha aumentado enormemente y ha hecho que los corales pierdan su color natural y mueran”. El presidente Remengesau también mencionó que Palaos se ha involucrado activamente en la investigación, y que está proponiendo fuentes de energía alternativas que reduzcan los gases del efecto invernadero. Los tiempos exigen que tanto los gobiernos como la sociedad civil produzcan este tipo de respuesta activa; que individuos y gobiernos se nieguen a convertirse en observadores pasivos o en víctimas de las circunstancias.


“...la educación debe propiciar que se entienda el modo en que los problemas medioambientales se encuentran íntimamente conectados con nuestra vida diaria”.


En la película “Una revolución silenciosa”, producida por el Consejo de la Tierra para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, se presentan inspiradores ejemplos de este tipo de acciones proactivas. Uno de esos ejemplos es el de los habitantes del pueblo de Nimi, en la India, y su repuesta al problema de los recursos hídricos. Otro ejemplo fueron las acciones de la población ante la amenaza de contaminantes orgánicos persistentes en el lago Zemplinska Sirava, en Eslovaquia. La película también muestra el ejemplo de mujeres que se han levantado por sí solas para proteger los bosques de Kenia. Nuestra organización, la Soka Gakkai Internacional (SGI), en respaldo a los objetivos de esta película, cooperó con su producción. Lo hemos hecho porque creemos que el tema central de la película, es decir, que una sola persona puede cambiar el mundo, es el mensaje de valor y esperanza que más se necesita en estos tiempos difíciles.


Una de las metas de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible es diseñar y adoptar un plan de aplicación que sirva de base para hacer que el siglo veintiuno sea una era de coexistencia creativa entre los humanos y la naturaleza. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha recalcado que la cumbre servirá para demostrar lo que ocurre cuando un país se decide a actuar. El éxito de la cumbre servirá de apoyo para que se desarrolle un discurso constructivo que trascienda los contradictorios intereses nacionales y que se enfoque en lo positivo del planeta entero y de toda la humanidad.


Como parte de nuestros esfuerzos por respaldar la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, en una propuesta que escribí hace uno meses este mismo año, presenté tres sugerencias para una posible reforma del sistema internacional que tiene que ver con la protección del medio ambiente. El primero es la designación de un alto comisionado de la ONU para el medio ambiente que ejerza un claro liderazgo e impulse iniciativas bien definidas para la solución de los problemas ambientales a nivel global. El segundo es una consolidación escalonada de las secretarías que vigilan la aplicación de varios tratados ambientales, vinculados al establecimiento de un fondo verde global. El tercero es la adopción de una convención para la promoción de recursos de energía renovables.


Al mismo tiempo, recalqué la necesidad crear conciencia y de modificar nuestra manera de pensar acerca del medio ambiente. Además de las reformas impuestas “desde arriba”, como pueden ser las medidas legales e institucionales señaladas anteriormente, cualquier solución duradera requerirá también de reformas impuestas “desde abajo” que construyan y fortalezcan la solidaridad entre los individuos. Estos son los dos requisitos previos vinculados entre sí para generar un cambio global. En esta propuesta, me gustaría centrarme en la pregunta de cómo afianzar la solidaridad popular a nivel global para solucionar la crisis del medio ambiente.



La década internacional de la educación para el desarrollo sostenible


Si el objetivo es que los problemas ambientales se asuman como una preocupación personal y que los esfuerzos de los individuos estén en sintonía con el futuro de la humanidad, la educación resulta esencial. La educación es lo único que puede servir de fuerza propulsora para una renovación en la toma de conciencia. Por esta razón, la SGI ha propuesto el establecimiento de una década internacional de la educación para el desarrollo sostenible que, a partir del año 2005, siga a la Década para la Educación de los Derechos Humanos de la ONU. Los objetivos de dicha década serían promover la educación como base para una sociedad humana sostenible y para el afianzamiento de una cooperación internacional orientada a la difusión de la información ambiental. Durante la reunión PrepCom IV de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible que se realizó el pasado mes de junio en Indonesia, se incluyó esta propuesta en el diseño del plan de aplicación.


En el plan de acción Agenda 21 adoptado en 1992 en la Cumbre de la Tierra de Río, quedó claramente establecida la importancia de la educación para el desarrollo sostenible. Según lo recalcado en 1997 en la Declaración de Thessaloniki de la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente y la Sociedad, lo medular de este concepto es la sostenibilidad. Según palabras de la Declaración: “El concepto de sostenibilidad no solo abarca el medio ambiente, sino también la pobreza, la población, la salud, la seguridad de los alimentos, la democracia, los derechos humanos y la paz”. Debido a que los problemas ambientales se encuentran tan profundamente vinculados con estos conflictos globales, su solución requiere un replanteamiento fundamental de nuestra manera de vivir, no solo como individuos, sino también como sociedades y en términos de la civilización humana misma.


En este sentido, pienso que la década de la educación para el desarrollo sostenible debe promoverse teniendo presentes estas tres metas:



  • Aprender y avanzar en cuanto a la toma de conciencia acerca de los problemas y las realidades ambientales.

  • Reflexionar sobre nuestro modo de vivir, y que nuestro estilo de vida experimente una renovación orientada a la sostenibilidad.

  • Fortalecer a las personas para que puedan emprender acciones concretas que les permitan resolver los problemas que enfrentamos.



Aprender


Es esencial ahondar en la comprensión y en la toma de conciencia. Todo comienza con comprender lo básico: la cantidad de bosques que se han perdido en el mundo, por ejemplo; el grado de contaminación del aire, el agua, los suelos y el impacto general que ha sufrido el ecosistema en el planeta.


Tenemos que entender las causas y las estructuras sociales que han dado pie a la destrucción ambiental. También es preciso que, con verdadera empatía, aprendamos a comprender las realidades de los que sufren mientras abrazamos su dolor como si fuera nuestro, conscientes de nuestra interconexión. Este tipo de esfuerzo dará vida a una concepción renovada y a una decisión de actuar.


Resulta vital que se incorporen estos esfuerzos, particularmente en los primeros años del programa de estudios en la escuela primaria. Me refiero a la fase de crecimiento cuando los niños poseen una mayor riqueza en su sensibilidad, imaginación y creatividad, cuando su deseo de aprender y absorber alcanza su máxima expresión. Varios países ya promueven la educación ambiental como parte integral de su programa escolar. Cultivar en los corazones de niños el deseo de valorar la naturaleza y proteger la Tierra es un paso vital para la protección de su propio futuro.


En la Escuela Secundaria Soka de Kansai, en el Japón, los estudiantes han participado en un aprendizaje experimental, en el que han hecho filmaciones de la Tierra desde el trasbordador espacial y desde la estación espacial internacional como parte del programa “EarthKAM” de la NASA. Como fundador de dicha escuela, me he sentido conmovido e impresionado por el impacto educativo que ha causado en estos niños confirmar visualmente, gracias a este proceso, las pruebas de la existencia de una crisis ambiental en el mundo.


“La educación también debe ayudar a que cada uno de nosotros confíe en su propio poder y tome conciencia de la responsabilidad que tiene para efectuar cambios positivos a escala global”.


Durante algunos años, he solicitado que se realizara una Cumbre Mundial de Educadores que no solo reuniera a los responsables de la política educativa de cada país, sino también a personas directamente comprometidas con la primera línea de la educación. A comienzos de esta década de la educación para el desarrollo sostenible (2005), sería conveniente realizar una conferencia internacional en la que los educadores del mundo entero pudieran intercambiar sus ideas, sus experiencias y sus mejores prácticas en el área.


También es importante que los movimientos populares desarrollen oportunidades que propicien un entendimiento más profundo de la crisis ambiental que enfrenta el mundo. Con este objetivo, la SGI organizó la exposición “Hacia un siglo de esperanza: medio ambiente y desarrollo” como evento oficial de la Cumbre de la Tierra que se celebró en Río. La SGI de los Estados Unidos ha creado una muestra itinerante titulada “Ecología y vida humana”, y la Soka Gakkai del Japón ha desarrollado la exhibición “EcoAid”. Estos esfuerzos, realizados con la cooperación de otras ONG, tienen el fin de contribuir con la educación pública y mejorar el conocimiento a escala popular.



Reflexionar


Además de procurar que la información sea exacta, es crucial dejar en claro cuáles son los valores éticos que compartimos. Esto es particularmente importante en el caso de los problemas ambientales, los cuales pueden llegar a ser tan vastos y complejos que la información y el conocimiento solos pueden hacer que las personas se pregunten qué significa todo esto para ellos, sin llegar a tener un sentido claro de qué pasos concretos pueden tomar. Para contrarrestar tales sentimientos de impotencia y desconexión, la educación debe propiciar que se comprenda la intima conexión que existe entre nuestras vidas y los problemas ambientales. La educación también debe ayudar a que cada uno de nosotros confíe en su propio potencial y tome conciencia de la responsabilidad que tiene para efectuar cambios positivos a escala global.


La Declaración de Thessaloniki establece que “la sostenibilidad es, en el análisis final, un imperativo moral y ético en el que se deben respetar la diversidad cultural y el conocimiento tradicional”. Nosotros podemos aprender de la rica herencia espiritual y de las diversas tradiciones culturales que la humanidad ha cultivado a lo largo de la historia. A partir de estos, podemos obtener valiosísimas lecciones y visiones filosóficas sobre la manera de vivir mejor como seres humanos.


“La Carta de la Tierra ofrece una visión amplia y plena de los valores y principios necesarios para un futuro sostenible. Por esta razón, es un recurso educativo de inestimable valor”.


El borrador de la Carta de la Tierra fue redactado por el secretario general de la Cumbre de la Tierra en Río, Maurice Strong, y por el presidente de la Cruz Verde Internacional, Mikhail Gorbachov. Este documento compila diversas fuentes de sabiduría. Sus cuatro pilares son: 1) el respeto para toda forma de vida, 2) la integridad ecológica, 3) la justicia social y económica, y 4) la democracia, la no violencia y la paz. La Carta de la Tierra ofrece una visión amplia y plena de los valores y principios necesarios para un futuro sostenible. Por esta razón, es un recurso educativo de inestimable valor.


Además de su contenido, tiene mucha importancia la manera en que se bosquejó este “manifiesto del pueblo”. En el proceso de su redacción, se hicieron esfuerzos por incorporar la sabiduría esencial de culturas y tradiciones de todas las regiones de la Tierra. Tanto los expertos como las personas comunes reflexionaron cuidadosamente sobre el lenguaje de los borradores. Hasta la fecha, la SGI ha llevado a cabo talleres y simposios en todo el mundo en un esfuerzo por promover y llevar los principios de la Carta de la Tierra a las personas comunes. Yo espero que se hagan esfuerzos por aprender de esta Carta en programas que vinculen sus principios con los problemas específicos de comunidades diferentes y sus escuelas.


Una de las cuestiones del movimiento “Cinturón verde” de Kenia es que la aridez el desierto no se encuentra circunscrita al Sahara; comienza en el patio de nuestra propia casa. Sobre la base de un sentido de responsabilidad hacia el futuro, las madres y los niños involucrados en este movimiento han plantado unos 20 millones de árboles y les han brindado protección. Entiendo que los niños que han plantado estos árboles disfrutan con frecuencia de una competencia amistosa mientras prodigan todo su amor y sus cuidados hacia los arbolitos. A la vez que lo hacen, compiten entre sí para ver cuál de ellos crecerá más rápido. Este tipo de esfuerzo tiene gran significado, pues gracias a estas experiencias, todas las personas, y los jóvenes en particular, llegan a captar las realidades concretas de su comunidad y logran tomar conciencia del medio ambiente global.


El educador japonés y fundador de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944), describió las comunidades locales como un modelo del mundo en miniatura. Makiguchi puso gran énfasis en la importancia de abrir los ojos de los niños al mundo mediante un aprendizaje arraigado en la comunidad local, lugar en el que se cruzan la historia, la naturaleza y la sociedad.


Siento que este tipo de enfoque –es decir, ver el mundo desde la perspectiva de la comunidad local, y ver la comunidad desde la mirada del mundo— resulta crucial si queremos desarrollar una comprensión ética y un aprecio por la naturaleza que esté verdaderamente arraigado en las realidades de la vida diaria.



El valor y la esperanza, en manos de la gente


En tercer lugar, se debe procurar que las personas posean un valor y esperanza, para poder dar esos primeros pasos. A menos que cada vez más personas lleven estas normas y paradigmas a sus vidas y a menos que las practiquen, las severas realidades que estamos enfrentando no cambiarán porque se establezcan normas, éticas y paradigmas según lo convenido. En otras palabras, la ética no nos permitirá responder firmemente a las cambiantes circunstancias si se percibe solo como un juego de pautas que se deben seguir pasivamente, como obligaciones impuestas desde afuera, poco conectadas con nuestras vidas individuales o con nuestros deseos. La ética y los paradigmas así percibidos se abandonarán ante la primera crisis.


Por esta razón, la ética ambiental se debe sentir como un juramento y un reto profundamente personal. Su cumplimiento proporciona a nuestra vida un sentido y una alegría inagotables.


En la actualidad, estoy participando en un proceso de diálogo con la economista ambiental y futuróloga doctora Hazel Henderson, quien ha dicho que su fuente de inspiración a la hora de actuar ha surgido de su afán por proteger a su hija de los riesgos de la contaminación atmosférica. “La mayoría de quienes comenzamos a trabajar en la campaña ‘Ciudadanos por un aire limpio’ éramos madres”, dice. “Como nosotras sabemos la gran tarea que implica criar a los hijos, nos sentimos ansiosas por lograr que estos tengan el mejor futuro posible. Al mirar hacia atrás, comprendo que eso fue lo que nos dio la fuerza para soportar todo tipo de persecuciones y librar esta batalla hasta el final”.


Para que sea eficaz, la ética debería estar cargada de este tipo de sentimiento natural y espontáneo; es decir, de ese impulso irresistible que nos hace actuar cuando vemos que las personas y el mundo que amamos están expuestos al peligro. Este tipo de ética posee vida propia y es lo que en verdad se integra a la fibra misma de nuestra humanidad.


¿Cuáles son, entonces, los valores que pueden servir para unir realmente a la humanidad? ¿Qué es lo que lleva a los seres humanos a unirse en un lazo de solidaridad genuino? En la médula misma de los valores que buscamos debe haber una reverencia profunda por la vida en sí. Este sentido de respeto y reverencia puede despertar en las personas la certeza de su conexión con todas las demás formas de vida con las que comparten este planeta, y de su inseparabilidad con las generaciones futuras.


Desde la antigüedad, esta valoración de la inseparabilidad y de la conexión con la vida ha sido parte de muchas tradiciones culturales, y se ha transmitido y continúa estando en muchas culturas indígenas. Resulta vital que la humanidad en su totalidad se pliegue humildemente a esta sabiduría viviente. Por ejemplo, el pueblo indígena de Desana, en el Amazonas, dicen que los seres humanos no pueden vivir en aislamiento y que solo pueden desarrollarse si coexisten en armonía con su entorno natural. El pueblo iroqués de América del Norte nos exhorta a tomar todas las decisiones “manteniendo en mente, no solo la generación actual, sino las próximas, incluso aquellas cuyos rostros están aún bajo tierra, las que todavía están por nacer en el futuro”. Según esta visión del mundo, todos los animales y las plantas se perciben como hermanos.


Una vida dedicada a colaborar con los demás


Esta reverencia por la vida también se resalta en muchas tradiciones religiosas. En la tradición budista que sirve de inspiración a las actividades de la SGI, se encuentran estas palabras: “¡Que todos los seres, los que hemos podido ver y los que no hemos podido ver, los que viven lejos y los que viven cerca, los que han nacido y los que están por nacer! ¡Que todos los seres vivos disfruten de felicidad!”


Estas palabras tienen como base el punto de vista de que todas las formas de vida están interconectadas y se apoyan unas a otras. El budismo define esta relación como “origen dependiente”. En este caso, la clave es comprender que el deseo de felicidad yace en la médula misma de esta interconexión. Por esta razón, las enseñanzas budistas recalcan nuestro rol como protagonistas de un cambio positivo. Aunque reconoce la influencia que ejerce nuestro medio ambiente sobre nosotros, el enfoque está en nuestro compromiso activo y consciente con nuestro ambiente y con las demás formas de vida. La poderosa fuerza que impulsa este dinámico proceso de cambio yace la preocupación y la misericordia que demostramos por los demás.


A través del diálogo y del compromiso, hacemos brotar, desde nosotros mismos, e inspiramos en las vidas de los demás, una profunda razón de ser y una gran alegría. Iniciamos un proceso de cambio fundamental que despierta en nuestro interior un amplio sentido de identidad; es decir, nuestro “gran yo”. El objetivo primordial de las actividades de la SGI es que, a partir de nuestra propia reforma interior o “revolución humana” personal, florezca universalmente la filosofía de reverencia por la vida.


En 1930, Tsunesaburo Makiguchi, en su obra Sistema pedagógico para la creación de valor, instaba a realizar una transformación fundamental en la forma en que las personas ven su vida. Makiguchi condenaba que los hombres vivieran un estilo de vida dependiente y pasivo. Declaró que incluso un estilo de vida activo e independiente tampoco es suficiente, e hizo un llamado para que las personas vivamos una existencia conscientemente interactiva, interdependiente y dedicada a contribuir con los demás.


Un estilo de vida pasivo y dependiente carece de un sentido claramente definido de la personalidad; nos lleva a vivir a merced de las circunstancias cambiantes. Un modo de vida independiente puede manifestar un sentido claro de la personalidad individual, pero está privado de un claro sentido de las realidades y necesidades de los demás. Por el contrario, un estilo de vida dedicado a los demás tiene como base el conocimiento de la naturaleza interdependiente de nuestras vidas, es decir, de las relaciones que nos unen a los demás y a nuestro medio ambiente. Es un estilo de vida en el que nos esforzamos por convertir en realidad no solo nuestra felicidad individual, sino también la de los demás.


Un estilo de vida así se centra en lo que en la actualidad se denomina “empowerment” [desarrollo de la capacidad inherente], en particular mediante el tipo de diálogo que da rienda suelta a nuestro inmenso potencial interior e inspira a las personas a trabajar juntas por la paz y la felicidad de toda la comunidad global.


“Nada más importante que dar al ser humano un tipo de educación humanística que les permita a las personas percatarse de la realidad de su interconexión, valorar el potencial infinito de la vida de cada persona, y cultivar al máximo ese potencial humano que se encuentra dormido”.


Esto me recuerda las palabras de Aurelio Peccei, cofundador del Club de Roma, cuyo informe titulado “Los límites del desarrollo” despertaron en el mundo la conciencia de la crisis ambiental. En un diálogo que compartimos, el doctor Peccei declaró: “El espectro de capacidades aún inactivas con las que cuenta cada individuo es tan vasto, que podemos convertirlas en el mayor de los recursos humanos. Solo cuidando y desarrollando estas capacidades de un modo consistente con nuestra nueva condición en este mundo ya transformado, podremos aportar nuestro grano de arena para que haya orden y armonía en nuestros asuntos, incluso en nuestras relaciones con la naturaleza y para poder así avanzar con firmeza”.


Hoy en día, nada es más importante que dar al ser humano un tipo de educación humanística que le permita percatarse de su interconexión con todo lo que existe. Esto nos permite valorar el potencial infinito que yace en la vida de cada persona y cultivar ese potencial humano inactivo hasta llevarlo a su máxima expresión.


Por más complejos que puedan parecer los problemas globales, debemos recordar que fuimos nosotros los que les dimos vida. Por consiguiente, es imposible que estos sobrepasen la capacidad que, como seres humanos, tenemos para resolverlos. Volver a enfocarnos en la humanidad, reformar y hacer surgir las capacidades internas de nuestras vidas; este tipo de revolución humana individual es lo que puede desatar una reforma y un fortalecimiento eficaces a escala global.


Para expresar mis deseos cordiales por el éxito de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, me gustaría compartir estas palabras de la fallecida poetisa laureada de Dinamarca, mi estimada amiga Dame Esther Gress.


Si usted quiere cambiar el mundo
debe cambiar al hombre.
Si usted quiere cambiar al hombre
debe hacerle querer cambiar.

También me gustaría citar estas palabras del renombrado escritor nigeriano Ben Okri, de un poema dedicado al nuevo siglo.


No es posible rehacer el mundo
sin rehacerse a uno mismo.
Cada nueva era comienza desde adentro.
Es un acontecimiento interno,
con posibilidades insospechadas
de liberación interior.
-- Ben Okri, escritor nigeriano